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PLAZA DE TOROS ALICANTE
Tarde del viernes, 22 de junio del 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Reses de El
Torreón, inválidos los tres primeros; encastados y nobles 4º, 5º;
aplaudido en el arrastre el 6º.
Diestros:
-
Espartaco,
estocada (oreja); estocada (oreja y dos vueltas).
-
Eugenio
de Mora, estocada caída (vuelta); estocada (dos orejas).
-
El Juli,
estocada (dos orejas); estocada recibiendo (oreja).
Entrada: lleno. Los tres matadores y el ganadero, César
Rincón, salieron a hombros.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
El
País. M MARQUEZ.
Tempestades y lluvia de orejas
Las tempestades y las orejas fueron cayendo monótonamente como la
lluvia tras los cristales en aquel pasaje escolar de Machado. No es que el
festejo fuera tedioso, como los de días anteriores, no. Fue porque las
siete orejas cortadas, como las apreciadas precipitaciones, estuvieron
desigualmente repartidas. Y a pesar de ello los tres matadores y el
ganadero salieron en loor de multitudes por la puerta grande del coso
alicantino.
Expliquemos; si a Espartaco por torear despegado, aunque pulcramente a
un inválido, le da un trofeo, por hacerlo después al segundo de su lote,
más entero y verdadero que el anterior, en faena de mayor mérito artístico,
no puede darle tan sólo una. Y no era porque el usía Luis María Alcalde
tuviese miedo a darle al pañuelito que asomó mucho más al balcón,
hasta siete veces para conceder trofeos, que El Juli poniendo banderillas.
El madrileño tiene embobados a los alicantinos y hasta clavando
garapullos en la barriga, en los mismísimos números, la gente vociferaba
enloquecida, rugían ¡oeee, oeee,! los tendidos.
Que luego mató de dos estoconazos, hasta los gavilanes, bien pero eso
sólo no basta para merecer dos orejas en cada uno de su lote. Y se repitió
la historia de Espartaco. Con su primero, el de más romana pero de
fuerzas justísimas, hizo faena efectista. Por la derecha los muletazos no
salieron con buen trazo y casi siempre enganchados. Al natural el cabeceo
molesto del animal le hizo desistir, además de que empezó a tardear. Sin
embargo el presidente le concedió dos orejas. Por tanto con el que cerró
plaza, un colorao noble que dejó sin picar, lució con el capote con sus lopecinas,
luego hizo un vistoso galleo por chicuelinas y estuvo más lucido con el
percal. Se fue a los medios y de hinojos citó al del Torreón al que toreó
por ambos pitones. Consiguió los mejores naturales de la tarde y aunque
el toro empezó a rajarse le hizo tomar la muleta y le sacó algún
circular y varios de la firma con toreria. Definitivamente el toro se fue
a tablas y allí en la suerte de recibir le metió soberbia estocada. Y
sin embargo, en esta ocasión sólo concedió un trofeo. Un aspecto
positivo entre tanto triunfalismo; los coletudos utilizaron los aceros con
tino y estocadas hubo de efectos fulminantes. Pero también fueron letales
las barbaridades que profirieron contra el palco las masas vociferantes
Buenas gargantas para abroncar y para dar olés o corear oes oes
o mentar a familiares intempestivamente. También para gritar el ¡ay!
dramático de las cogidas. Le tocó a Eugenido de Mora en su segundo. Se
confió ante la nobleza del animal, se echó de rodillas y recibió
tremendo revolcón, por suerte, sin consecuencias. Tras matar de certero
espadazo y conmocionados los tendidos, el público es en el fondo muy
sensible, cortó las dos orejas que le franquearon la salida en hombros.
Quizá la magnanimidad venga también porque el toledano es de la casa
Lozano, empresarios del coso. Con su primero poco pudo hacer pues además
de sospechoso de afeitado estaba inválido. Y eso no lo salva ni el
mejor público, y ese estaba allí.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA. Feria
de Alicante: El Juli, ¡demonio de chico!
Había curiosidad por ver el estado físico y sicológico de El Juli en
su reaparición tras la fuerte cornada de Madrid. ¡Demonio de chico!, que
diría una abuela, qué ciclón. Las dudas se despejaron ya con las largas
cambiadas de rodillas y se resolvieron definitivamente con las banderillas
y las manoletinas de rodillas... Y eso que Juli cojeaba en su paso normal.
Pero ante la cara del toro se transformaba, ¡qué facultades! Admirables,
teniendo en cuenta el boquete que hace apenas quince días sufrió en el
muslo izquierdo.
¿Y de coco? Una fiera. Atacando desde el minuto uno de partido como el
Madrid de Molowny, como un perfecto conocedor del terreno donde disputaba
el encuentro y de los objetivos que perseguía en la arena alicantina.
Aclarados los interrogantes, la corrida parió un éxito para todos. Y
al final el torero de Velilla de San Antonio, Espartaco, Eugenio de Mora y
César Rincón, como ganadero, claro, fueron izados a hombros. Que Rincón
triunfase nos causa, personalmente, una alegría mayor. Porque el otrora César
del toreo pasa por momentos de lucha con su salud, con un tratamiento de
Inteferón duro como aquel «Bastonito» de Baltasar Ibán. Y esta inyección
de moral le va a dar más leña a la hepatitis C que todos los intrones,
roferones y químicas tóxicas que nos zurran el esqueleto, ¿verdad,
maestro?
Si César Rincón disfruta hoy de la gloria de ayer, se debe,
especialmente, a un toro, que hizo cuarto dentro de un conjunto noble,
blandito en principio y que creció con la tarde. A «Ramillete» lo gozó
Espartaco por ambos pitones. Se recreó con su depurada técnica y con un
temple que nunca le ha abandonado. Muy sobrado y sin apreturas, elaboró
una faena larga que acabó con una estocada, como las seis que vimos. Si
el pte. no le concedió las dos orejas fue porque ayer cambiaba de
criterio cual veleta, según. Y luego andaba recomponiendo y, como los árbitros,
compensaba, siempre dentro del espíritu festivo.
FAENA DE MIMO
Por ejemplo, a Eugenio de Mora le negó la oreja de su flojito
primero, tras una faena de mimo, y luego le tuvo que dar las dos del
quinto por arrimarse como gallo espoleado por sus compañeros, que habían
sumado ya trofeos suficientes para irse por la puerta grande. Y hasta
interpretó manoletinas de rodillas y sufrió una voltereta en el trance.
Manoletinas de hinojos también dio El Juli al grandón tercero. La
faena contuvo valor y quietud, porque clase, ni el toro ni el torero la
aportaron. Sí brillaron con nota los naturales al buen sexto, en una obra
iniciada de rodillas, en los medios y sobre la mano izquierda, con un par.
Antes, un galleo por chicuelinas, el quite por zapopinas, banderillas
flojas. Un ciclón, vamos. ¡Demonio de chico!
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