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PLAZA DE TOROS DE PAMPLONA

Lunes, 9 de julio de 2018

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Cebada Gago (bien presentados, nobles, con juego).

Diestros:

Octavio Chacón de rosa fucsia y oro. Estocada pasada casi entera (oreja). En el cuarto, estocada (oreja).

Luis Bolívar de sangre de toro y oro. Estocada casi entera atravesada y dos descabellos. Aviso (silencio). En el quinto, estocada tendida y rinconera. Aviso (silencio)

Juan del Álamo de verde botella y oro. Estocada (oreja). En el sexto, estocada tendida y descabello. Aviso (silencio).

Banderilleros que saludaron:

Tiempo: despejado

Entrada: lleno

Video: http://vdmedia_1.plus.es/topdigitalplus/multimedia/20187/9/20180709213233_1531164912_video_2096.mp4

Crónicas de la prensa:

El País

Por Antonio Lorca. Puerta grande para Octavio Chacón

(Lo primero es lo primero: hoy 9 de julio se cumplen dos años de la muerte del torero Víctor Barrio en la plaza de Teruel. Quede aquí el recuerdo a su memoria que ayer no tuvo la feria de San Fermín).

Octavio Chacón —catorce años de alternativa— ha dicho en Pamplona que ha venido para quedarse. Un poco tarde, pero para quedarse. No ha sido el suyo un camino fácil, pero su triunfo sanferminero hace justicia a toda una vida dedicada al toro, a un torero largamente olvidado por todos, curtido en las corridas duras y, por encima de todo, cimentado en una fe inquebrantable en sus posibilidades.

No cortó las orejas por faenas modernas y artísticas; no permite ese toreo el toro de Cebada, soso y noble, perseguido de mala fama y con pitones como agujas, sino por su disposición, seguridad, entrega, técnica, oficio y buen gusto. Chacón es un torero heroico y clásico, y con eso basta.

Ante sus dos toros, deslucido el primero, y muy noble, pero lesionado en la pata izquierda el otro, demostró un preclaro conocimiento de los terrenos y en el manejo de los engaños. Recibió al que abrió plaza con una larga cambiada de rodillas, un par de chicuelinas ajustadas y una media de buen corte; lanceó a la verónica al cuarto, y en ambos alcanzó aislados momentos de alta torería. Se desplantó rodilla en tierra ante el primero en la faena de muleta, acercó la cara hasta el mismo hocico del toro, que hizo por él, lanzó por los aires al torero y lo esperó con la intención de clavarle el pitón en el vientre. Esa impresión quedó en la plaza, pero un pliegue de la taleguilla detuvo el astifino alfiler y, milagrosamente, todo quedó en un susto.

Chacón entendió al público navarro, y se hincó de rodillas, primero, y se adornó por manoletinas, después, conocedor de los gustos de las peñas de sol; y sus compañeros de terna siguieron su ejemplo: manoletinas y muletazos de rodillas prodigaron Bolívar y Juan del Álamo, sabedores de que el temple y la mano baja no es lo que marida con la merienda y el calimocho.

Del Álamo cortó una oreja al tercero de la tarde por una gran estocada en el hoyo de las agujas, y una actuación decorosa y aceptable, pero carente de enjundia. Se manchó las rodillas para muletear por alto, redondos, molinetes y en un desplante final, pero mató mal al sexto y se frustró la puerta grande.

Bolívar lo intentó de verdad y estuvo por encima de la poca clase de su primero, aunque la limpieza de los muletazos no produjera tensión alguna; y tampoco interesó ante el quinto, —otro toro que se movió con sosería— a pesar de que de hinojos iniciara y finalizara su labor.

La Razón

Por Patricia Navarro. Triunfo para olvidar las cornadas (del alma)

Buscábamos paz en la tierra, una tarde tranquila, más allá del susto que se hace bola días después de Padilla, la cornada de Ureña y la de Castaño hasta llegar al día de hoy que es fecha señalada, porque Víctor Barrio no se te olvida. Hay memoria. Memoria para el corazón y los días que te dejan sin palabras ni aliento. Aquel fue uno de ellos. Mientras las redes se colapsaban con aquellos mensajes de ánimo muchos nos quedamos mudos aquí, en el mismo lugar, en la misma fila de esta grada pamplonica de donde salen estas líneas. En la muerte de Víctor. Se nubló la faena de Alberto Aguilar aquel día. No sabía ni él ni casi ninguno. La vida sigue. Y en Pamplona dos años después no se acordaron. Sí, seguro en el valor sereno y sincero de esta gente para enfundarse el vestido de oro en plena fiesta, en mitad del jolgorio colectivo. Aquí el valor se torna mudo, pero sólo por dentro. Es cosa rara. Tragó Octavio Chacón lo indecible con un primero que igual salía desentendido del envite que se metía por dentro una barbaridad. Impasible. Valor de acero. Compromiso en bruto. Sustazo cuando le levantó los pies del suelo y por la barriga: los puñales del toro eran demonios. La oreja que se llevó oxígeno, para la tarde y su temporada. El cuarto era pasear por terreno llano, pero para el miedo, lexatín para el enfermo, pero no para soportar un triunfo de esos que te impulsan por delante. Tan noble el toro como exento de fondo, de casta, pero de buena condición. Corrección absoluta tuvo toda la faena, templada y suave, mientras el toro que nunca apoyó bien los cuartos traseros pasaba por allí. El estocadón fue el sí quiero a la oreja que le abría la Puerta Grande a Chacón. Y dejaba atrás un buen puñado de heridas, las de la carne y las del alma.

Tuvo buena condición por el pitón derecho el toro, el segundo, pasaba ligero sin entrega, pero largo; al contrario lo hacía al natural. Fue el turno de Bolívar, que nos devolvió la imagen de Madrid al echarse sobre el morillo del toro a la hora de matar. Espeluznante momento del que salió ileso. Había dejado atrás una faena resuelta de escasa transmisión. Una estocada fue también el punto final al quinto, que fue manejable en la muleta de Bolívar, con la humillación más que justa y con altibajos la faena a pesar de los comienzos de rodillas.

Una oreja cortó Juan del Álamo justo antes de que Pamplona se entregara a la merienda como aquí saben hacer. Un trofeo con un toro que sobre todo por el derecho humilló, con derrote de última hora marca de la casa, pero franco en el viaje y dejando estar al torero. Del Álamo hizo faena de todos los patrones. De rodillas en el comienzo, en el final y toreo reposado entre una cosa y la otra. Buscó el calor del triunfo del Álamo desde que comenzó la faena con pases de rodillas al sexto, molinetes y demás. Se dejó hacer el toro con franqueza en el viaje aunque, como a toda la corrida, le faltó finales. Y a la aseada faena también estructura más allá de los adornos. Se le atravesó la espada. A hombros se fue Chacón. Esta vez tuvimos una cara amable. Pamplona bullía. Como si no hubiera mañana.

Ficha del festejo:

Pamplona. Quinta de San Fermín. Toros de Cebada Gago, bien presentados. El 1º, desentendido y desigual; el 2º, noble, a media altura y de poca transmisión por el derecho y corto recorrido por el zurdo; el 3º, noble y humilla sobre todo por el derecho aunque le falta final; el 4º, noble, de buena condición y desfondado; el 5º, manejable con poca humillación; y el 6º, manejable sin finales. Lleno.

El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna. Alegres orejas, descafeinados cebadas: Octavio Chacón sale por la puerta grande

El idilio de los cebaditas con Pamplona ponía ayer la trigésima cita en su palmarés. Una corrida tremendamente astifina aspiraba, a priori, a su octavo premio de la Feria del Toro. Y a su quinto Trofeo Carriquiri. No sumará para ninguno de ellos el toro de apertura. Ni a posteriori nada. Castaño, bajo, entipado y tocado arriba de pitones. Basculó siempre hacia tablas desde su aparición. Tan suelto. Octavio Chacón libró una larga cambiada, lanceó a pies juntos a favor de la tendencia del toro, entremezcló chicuelinas y abrochó con media verónica de rodillas. Una declaración de intenciones que continuó en la apertura de faena. También de hinojos. En la frontera entre la sombra y el sol y en redondo. Ya le costaba al cebada un mundo. Viajar y descolgar. Se abrió Chacón con él a los medios. Y tampoco. O menos. La bravura ausente. Como el recorrido. Sin maldad, eso sí. No se trataba de terrenos. Pues pisó unos cuantos. En la querencia siguió sin darse. OC se descaró en un desplante genuflexo y el toro lo sorprendió. Del vuelo cayó el torero sobre el pitón. Y quedó colgado por la misma ingle. Un milagro. Persiguió el gaditano en su debut todos los registros pamploneses. Y como se volcó en la estocada le dieron una oreja. Que si le vale para volver ya habrá tenido un motivo.

Del tipo y conformación de la corrida se salía el siguiente cebada. No sería el único. Montado y cuesta arriba. Feota la expresión. Abierta la testa. Una moña en lo alto. No humilló jamás. Limitado de poder y de una sosería supina. Luis Bolívar lo entendió con inteligencia a su altura. Sin apretarlo. Faena casi enteramente diestra, extensa y átona. Plana como la embestida. No había más. Las manoletinas de despedida como único guiño al espíritu sanferminero. Ejecutó el volapié con una integridad a topacarnero.

Otras líneas traía el hechurado tercero. Generoso el cuello. Que usó como un muelle. La cara suelta. Otra vida en su movilidad. Ayuna de otras virtudes. Juan del Álamo prologó y epilogó su obra de rodillas. Entre tanto los recursos técnicos buscaron, y hallaron, la limpieza. Nada fácil entre el calamocheo. Del cierre penitente se incorporó Del Álamo también por manolas. Nadie se resiste a los resortes que levantan aquí clamores. Aunque de verdadero clamor fue la estocada. Un espadazo que significó el trofeo. La efectividad de la espada ya es una garantía de éxito de un tiempo a esta parte. A veces sin mucho más.

Y así le sucedió a Octavio Chacón. Por manoletinas -joder, qué cruz- dijo también adiós a la faena del cuarto. Un cárdeno afiladísimo que demostró mejor estilo que ninguno. Pero condicionado y lastrado por una lesión de la pata izquierda. Con todo, aguantó la faena completa. Que en el temple tuvo su virtud mayor. Otro espadazo, otra oreja y una puerta grande que puede que compense toda la lucha de Chacón pero que, dicho sea con respeto, no era seria. A Punterito lo ovacionaron en el arrastre por la buena clase que apuntó y no pudo desarrollar por su cojera.

El imponente quinto venía con el fondo contadísimo. Como su inocuo empleo. Sin peligro y sin entrega final. Y a menos siempre. Luis Bolívar se explayó con más oficio que brillo. Abundante otra vez y sin material para mostrar su madurez.

Ensillado, cabezón y veleto, el cinqueño último parecía de una genealogía diferente. Se movió por el palillo. Pasaba como el mulo que era. Del Álamo le buscó las vueltas y revueltas. Sin café, no hay despertar. Y la corrida de Cebada no pudo ser más descafeinada.

ABC

Por Andrés Amorós. A hombros Octavio Chacón, buen lidiador

Primera puerta grande de un matador, en esta Feria del Toro: la consigue Octavio Chacón, que corta una oreja a cada uno de sus enemigos y demuestra de nuevo su capacidad lidiadora. También corta un trofeo Juan del Álamo y no desentona Luis Bolívar, en una corrida seria, muy armada pero bastante noble, de Cebada Gago, que reverdece laureles de hace años, en este mismo coso. Los tres diestros, además, se muestran muy decididos y certeros con la espada: ¡Laus Deo!

En un momento en el que los carteles de las Ferias suelen estar hechos con demasiada anticipación, acierta la Casa de la Misericordia de Pamplona al esperar, para cerrarlos, al resultado de San Isidro. A eso se debe, sin duda, la inclusión de Emilio de Justo, que rozó el triunfo grande, el domingo, y, este lunes, la de Octavio Chacón, que lo consigue plenamente, en su debut en Pamplona. Después de catorce años como matador, este diestro gaditano ha supuesto la gran revelación de la Feria madrileña, este año. La causa es bien sencilla: ha recuperado el sentido de la lidia, que ahora suele estar, por desgracia, tan olvidado, en medio del esteticismo y el tremendismo. Ni siquiera esta palabra suele usarse mucho, cuando es fundamental, en la Tauromaquia. Lo explica perfectamente don Gregorio Corrochano: torear bien no es dar pases sino dar a cada toro la lidia que necesita. En eso consiste el auténtico arte de torear, no en ponerse bonito. El público madrileño, por eso, ya ha adoptado a Chacón (como, hace años, hizo, por ejemplo, con Manili). Y, ahora, Pamplona se le ha unido.

Muy templado Recibe Octavio al primero con una larga de rodillas y lances variados. El toro, suelto, tiene poca casta y querencia a chiqueros. Con mucho oficio, muletea de rodillas. En un desplante, la res lo prende y lo voltea, sobre el pitón; felizmente, sin consecuencias. Se muestra firme, bien lo que hace. Logra una buena estocada: oreja. La ha conseguido a base de recursos. En el cuarto, ofrece otra versión, más clásica. Lidia con el capote y remata con media, en un estilo que encanta, en Las Ventas. El toro es muy noble pero se ha lastimado en la pata izquierda y flaquea. Lo mantiene a media altura, muy templado, con suavidad, en circulares naturales e invertidos. Otro espadazo sin puntilla: otra oreja y salida a hombros.

Bolívar es diestro maduro, conocedor del oficio, que ha vuelto a los carteles de Sevilla y Madrid. El segundo es noble pero soso, flaquea, trasmite poco. Luis logra muletazos templados; se encuna al matar, igual que hizo en Madrid, y se libra por poco de la cornada, pero falla con el descabello. El quinto es muy veleto, luce dos «velas», va y viene. Se luce Fernando Sánchez, con los palos. Liga derechazos de rodillas y suaves muletazos pero el toro renquea un poco, de atrás. Mata con decisión.

Gran estocada Juan del Álamo lleva años queriendo alcanzar la primera línea. Pareció lograrla hace un año, en San Isidro, pero no lo ha mantenido. Esta tarde le veo firme y dispuesto. El tercero echa las manos por delante, sale suelto; aunque protesta y pega derrotes, Juan lo va metiendo en la muleta, tragando mucho, con más mérito que brillo. Agarra una gran estocada, sin puntilla, que le vale la oreja. El último no llega a los quinientos kilos pero es muy serio, abierto de pitones; vuelve del revés, embiste con desigualdad. Dedica su faena al herido Javier Castaño. Como el toro protesta y engancha, recurre a molinetes y rodillazos, buscando la conexión con el público; le busca las vueltas, con decisión, y acierta de nuevo, al matar. Una tarde esperanzadora.

En su debut en Pamplona, sale en hombros Octavio Chacón, al que aquí, hasta ahora, no conocían. Con toros medianos –los que tantas tardes vemos– ha logrado el triunfo. En Las Ventas, con toros más difíciles, estuvo mejor, demostrando su capacidad. Me alegra su triunfo: además de recompensar una carrera larga y difícil, demuestra la vigencia de la lidia, como concepto clásico, en el que se fundamenta la Tauromaquia. No es un torero exquisito pero sí un lidiador serio, clásico: eso supone, para mí, un gran elogio. Si mantiene ese nivel, será bueno: para él y para la Fiesta.

09_julio_18_pamplona.txt · Última modificación: 2018/07/10 12:04 por Editor

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