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Real Maestranza de Sevilla

Miercoles, 13 de abril de 2016

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Victorino Martín (bien presentados y encastados; muy buenos 3º y 4º, de nombre “Cobradiezmos”, que resultó indultado).

Diestros:

Manuel Escribano. Aviso, dos pinchazos, media estocada trasera y tendida (silencio); dos orejas simbólicas en el 4º, que resultó indultado .

Morenito de Aranda. Pinchazo, aviso, media estocada caída (silencio); estocada contraria (silencio).

Paco Ureña. Estocada (dos orejas), pinchazo, pinchazo hondo atravesado, descabello (silencio).

Presidente: José Luque Teruel.

Tiempo: soleado y agradable.

Entrada: tres cuartos de plaza.

Crónicas de la prensa:

Puerta de Arrastre

Por Santiago Sánchez Traver

Tarde histórica en la Real Maestranza. Sin ponernos previamente de acuerdo creo que todos los que hoy escribimos algo de toros hemos coincidido en el mismo título. Gran corrida de Victorino en presentación y juego. Unos más colaboradores, otros menos, unos con problemas y otros más dóciles. Extraordinario “Cobradiezmos”, toro de indulto sin discusión, esta vez no habrá quien lo critique como cuando el de Cuvillo. Gran toro en los tres tercios, con humillación, con temple, con codicia, con duración…Y un torero que supo estar muy bien en los tres tercios. Su faena de muleta , aunque alguno lo discuta, fue la mejor de la tare, bajando la mano como el que más, con pases largos, enseñando el toro en toda su magnitud. Gran triunfo de Escribano que llegó a quejarse de que volvieran a “obligarle” a Victorinos y Miuras un año más sin otra opción posible. Muy bien Ureña en el tercero, también bueno, aunque en faena templada sólo por el derecho. Y voluntarioso Morenito. Los toros tuvieron su peligro y los tres toreros se llevaron la correspondiente voltereta de la que salieron indemnes de milagro. Y eso es el toreo, para eso vamos a la plaza; para emocionarnos, para estimar el riesgo, sentir el miedo, vibrar con el arte…Lo otro va de borregos y figuras.

Lo mejor, lo peor

Por Sandra Carbonero

Lo mejor: Gracias Victorino. Cobradiezmos ha escrito su nombre con tinta dorada en la historia de la Maestranza. Se ha convertido en el segundo toro indultado en la historia de Sevilla. Cinco años después de Arrojado, el coso del Baratillo volvía repetir la historia. Todo esto gracias a Victorino Martín por su trabajo, su lucha, su afición y por regalarnos tardes como esta. Manuel Escribano se fue recibir a Cobradiezmos a portagayola para ligar con un ramillete de verónicas con mucho gusto que remató con una media. El Victorino ya dejó señas de calidad, clase, humillación y bravura. Se arrancó desde lejos y prontitud al caballo. En banderillas, el de Gerena estuvo espectacular, especialmente en el tercer par por los adentros pegado a tablas. Comenzó su labor doblándose con el animal para continuar con la diestra dibujando muletazos larguísimos y templados. Por ahí brotaron los mejores pases de su actuación. Cobradiezmos acariciaba el albero con su extraordinaria humillación. La emoción subía a la vez que lo hacía el ritmo de la faena. Los tendidos se plagaron de pañuelos blancos, mientras que en la presidencia aparecía el pañuelo naranja. Cobradiezmos se ganó la vida en el ruedo y Manuel, con las dos orejas en su manos, junto con Victorino hijo dieron una conmovedora vuelta al ruedo.

Antes, Galapagueño había sido desorejado por Paco Ureña. Otro buen toro que se empleó en el caballo. El murciano conectó pronto con el público, tras una serie sacándolo a los medios toreándolo con mucha despaciosidad. Por el derecho, surgieron muletazos profundos y templados. Con la zurda, bajó un poco el diapasón, por lo que volvió con la diestra. Ureña rozó otro nivel; muy entregado y muy firme.

Otro buen toro fue el segundo de la tarde Pesadoro, que Morenito brindó a Ferrera. El burgalés consiguió dominar la embestida del exigente animal en los primeros compases con la diestra. Después, la faena decayó y Morenito no terminó de acoplarse al Victorino. Perdió la oportunidad de pasear algún trofeo, ya que el quinto no tuvo las cualidades de sus hermanos.

Escribano se encontró con un primer toro de 606 kilos con pocas fuerzas pero con peligro, que terminó dándole un fuerte revolcón.

Con el sexto Ureña tampoco pudo rematar su tarde y conseguir el trofeo que le hacía falta para salir por la Puerta del Príncipe. Estuvo valiente y asentado con el complicado animal que cerró plaza.

Al final, Escribano, Ureña y Victorino salieron a hombros por la puerta de cuadrillas. Una tarde para la historia.

Lo peor: El otro protagonista. La tarde tuvo un protagonista oculto que no debe caer en el olvido. Antonio Ferrera deseaba que hoy en los carteles apareciera su nombre para lidiar en solitario el encierro de Victorino Martín. El extremeño lleva casi un año en el dique seco, pero los aficionados no nos olvidamos de él. Esta tarde estaba presente en la mente de todos.

El País

Por Antonio Lorca. Indultado un bravísimo ‘victorino’

Los pocos aficionados que han acudido a la Maestranza se llevaron la alegría de su vida, que ya era hora, por otra parte, después de tantas tardes de penuria. Asistir en directo al indulto de un toro sensacional, bravo en los tres tercios, encastado y noble, un animal cuajado de virtudes, es una experiencia que queda para siempre en el corazón; un episodio histórico que reconcilia con la tauromaquia, reconforta el sacrificado ánimo y compensa de tanto aburrimiento y desesperación.

Lo acaecido en el ruedo sevillano fue el triunfo apoteósico y arrebatador del toro, el gran protagonista de esta fiesta que tan grandes misterios encierra.

Se palpaba la felicidad en los tendidos cuando Cobradiezmos, de pelo cárdeno, nacido en diciembre de 2011, número 37, de 562 kilos de peso, perseguía incansable la muleta, arrastrando el hocico por el albero; pronto surgieron los primeros pañuelos en solicitud de un indulto, e, instantes, después, la plaza era un auténtico clamor porque se había hecho presente el toro auténtico, el toro bravo.

La vuelta al ruedo de Manuel Escribano, que paseó las dos orejas simbólicas, y del ganadero Victorino Martín, fue lenta y cargada de emoción. No era para menos.

El toro se encontró de salida con Escribano, que lo esperó de rodillas con una larga cambiada, y continuó con unas apasionadas verónicas en las que el animal embistió con fiereza y codicia. Acudió con presteza y empuje en las dos entradas al caballo, donde hizo una buena pelea; templado y al galope obedeció en banderillas, y llegó al tercio final codicioso, encastado, cargado de ímpetu y nobleza, incansable, desbordado de cualidades. Acudía con rapidez al cite, perseguía el engaño, fija la mirada, largo el recorrido, y repetía una y otra vez a las órdenes del torero.

A Manuel Escribano le tocó la lotería y supo estar a la altura de las nada fáciles circunstancias. Dibujó, quizá, la faena de su vida, templadísimo y largo por ambas manos, gustándose, con elegancia y cabeza para no romper el embrujo creado en la plaza. La faena fue larga porque el presidente, con buen criterio, reflexionó con serenidad, y, mientras el animal seguía y seguía embistiendo, apareció el pañuelo naranja, la bandera de la gloria para la fiesta de los toros.

Cuando Cobradiezmos acompañó a los cabestros camino de los corrales, ufano y feliz, entre la atronadora ovación de los tendidos, la corrida podía haber terminado. No está el corazón de los pocos aficionados preparado para otra conmoción.

Por cierto, el aspecto de la plaza al inicio del festejo era deprimente. Toros de Victorino Martín, el mejor ganadero del mundo, según Joaquín Vidal, miércoles de farolillos en Sevilla, y media entrada larga. Claro, que en la terna no figuraban figuras rimbombantes de las que gustan a los públicos modernos. Pues ellos se lo han perdido. Una tarde como esta es difícil que vuelva a repetirse.

Escribano recibió a su primero con mucho ánimo, y su faena resultó tan aseada como sosona, monótona y destemplada. Es cierto que al toro le faltaba vida y tendía a levantar la cara en cada pase, y así, la decisión del torero no encontró recompensa. Después, le tocó el gordo y lo invirtió de maravilla.

Paco Ureña cortó las dos orejas del tercero de la tarde, otro toro bravo y noble, con el que estuvo muy por debajo de la condición de su oponente. No hubo toreo de capote y solo una tanda irregular al natural, y la faena con la mano derecha tuvo altibajos y no fue, ni de lejos, una labor rotunda. Mató muy bien y el premio fue exagerado. Muy deslucido fue el sexto.

El lote menos propició le tocó a Morenito de Aranda, y no fue capaz de sobreponerse a las dificultades de sus toros. Pesado en ambas faenas, no encontró la forma de acoplarse a ninguno de los dos, sufrió varios desarmes y una voltereta, y la impresión final es que el serio compromiso le vino ancho.

ABC

Por Andrés Amorós. Histórico indulto al Victorino «Cobradiezmos» en Sevilla

Una tarde más se ha añadido a historia de las muchas tardes gloriosas vividas en este coso del Arenal. Ante todo los datos. Por petición unánime, se indulta al cuarto toro de Victorino Martín, “Cobradiezmos”, cárdeno, de 562 kilos, marcado con el número 37, que le ha correspondido a Manuel Escribano. Sucede, en esta Plaza, a “Arrojado”, de Núñez del Cuvillo, indultado por José María Manzanares, y al novillo “Laborioso”, de Albaserrada, que correspondió a Rafael Astola.

Para el tercer toro, “Galapagueño”, se ha pedido la vuelta al ruedo, que, para mí, merecía. El Presidente no la concede pero sí las orejas a Paco Ureña, después de una faena de mucho gusto.

Todos los enfados y aburrimientos acumulados en las anteriores corridas se han esfumado esta tarde, en cuanto ha aparecido la piedra filosofal, que todo lo convierte en oro: el toro bravo. Nada más y nada menos. Ése ha sido siempre el fundamento de la Fiesta y tiene que seguir siéndolo, más allá de los camelos que escuchamos, todas las tardes. Los toreros que se quejan de los toros que les han tocado en desgracia, ¿por qué no se apuntan a hierros como éste? La respuesta es obvia.

En una corrida tan especial, recupero el comentario siguiendo el orden de lidia, como los antiguos revisteros, para reflejar la evolución de la tarde. El primero, recibido con aplausos, flaquea varias veces. En la muleta, es complicado. El diestro lo embarca con buen oficio. Cuando parece que lo tiene dominado, un derrote seco, como una estocada de esgrima, le parte la taleguilla.

El segundo toro embiste de largo al caballo, aguanta bien Francisco José Quinta . Brinda por televisión – me cuentan – a Antonio Ferrera. El toro, encastado, humilla mucho. Morenito logra una serie de derechazos con mucha vibración pero dos inoportunos desarmes enfrían todo. Alarga demasiado el trasteo y escucha un aviso; el toro, una gran ovación.

El tercero se arranca rápido al caballo (es aplaudido Vicente González) y, en banderillas, como un cohete. Brinda Ureña a David Domínguez, que ha sido torero y lo acompaña. En seguida, dibuja muletazos con mucho gusto. (Además de codicia, el toro tiene mucha clase). El diestro logra naturales suaves y una seri ede derechazos de muy alto nivel (ahí ha debido matar). Prolonga algo más, con muletazos desiguales. Mata con decisión: dos orejas. Me comenta Ildefonso: “Por ahora, el mejor toro de la Feria”. Es verdad: no tiene mucha competencia. No sé por qué no concede el Presidente la vuelta al ruedo, que merecía.

Y sale el cuarto. Escribano se va a porta gayola, aguanta mucho, liga verónicas vibrantes. El toro tardea un poco pero empuja en el caballo (también aplauden a Chicharito) y galopa en banderillas: el tercer par, el quiebro de Escribano, saliendo del estribo, resulta impresionante. ¿Logrará el toro igualar al tercero? No: lo supera. Desde el comienzo de la faena de muleta, humilla y repite; regala codicia, clase, fijeza. Escribano no se queda atrás (un toro así descubre a muchos toreros): adelanta el engaño, conduce hasta allá lejos las nobles y encastadas embestidas… La evidencia se impone: es un toro de vuelta al ruedo. Como un aficionado más, saco mi pañuelo, solicitándola, igual que Fran y Eugenio, mis vecinos. Tarda un poco el presidente pero la concede: resoplamos, nos llevamos las manos a la cabeza, sonreímos, nos abrazamos… Unos momentos de extraordinaria emoción, que se mantiene cuando Escribano, con las dos orejas simbólicas, saca para que le acompañen, en la vuelta el ruedo, a Victorino Martín hijo y al mayoral. Cuando alguien grita, en el tendido, “¡Viva la Fiesta!”, se nos pone carne de gallina. Y otro resume, en estilo sevillano: “¡Gloria bendita!”

Después de este clímax, estamos todos agotados. El quinto toro es rebrincado. Morenito lo intenta pero sufre otro desarme y el toro se lo echa a los lomos. El sexto se queda muy corto, vuelve rápido. Ureña se justifica pero no redondea. El éxtasis ya ha pasado.

Algo más. Se ha aplaudido a tres picadores. Nadie se ha fijado en el peso de “Cobradiezmos” ni de “Galapagueño”: ¿para qué? Han tenido el mayor tesoro: la casta brava. Así ha sido y, gracias a Dios, así lo hemos vivido.

El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna. Escribano indulta al victorino “Cobradiezmos”

Y el nombre del victorino Cobradiezmos subió a los anales de la historia de la Maestranza con su indulto. Un toro bravo. Humillador y repetidor. Unas hechuras de ensueño. Manuel Escribano colaboró en el perdón de su vida. Porque potenció todas sus virtudes con sitio y cabeza cuando el toro adelantaba por las manos y anuló los tenues recuerdos del tercio de varas. La plaza enloqueció como si no hubiese visto un toro bravo en años. Es probable. Así por uno y otro pitón es difícil. Escribano seguía toreando aunque el victorino pedía la muerte. Y el presidente asomó el pañuelo naranja como rendido a la masa enardecida. Sea por la grandeza de la Fiesta.

Gloria a Victorino, que alcanza un cénit más es su carrera, aunque desde el 96 uno recuerda a Veraniego (El Tato) o Borgoñés (El Cid) tan bravos o con más profundidad que éste, otro estilo, otro son quizá, desorejados por sus matadores y muertos a estoque. Las orejas simuladas fueron para un pletórico y pleno Manuel Escribano, que desde que se fue a portagayola llevaba en la mirada la ambición ciega. Foto histórica la vuelta con Victorino júnior y el mayoral.

Antes había saltado Galapagueño, una pintura. Bajo, guapo, cárdeno y sevillano. Todo mimos para su bondad en los tercios preliminares. Vistos y no vistos. Paco Ureña eternizó de pronto y en el prólogo un derechazo a cámara lenta como un sereno crujido. Un ole tan inacabable como el muletazo recorrió los tendidos. Ureña entendió la nobleza dormida sin violencia, sólo con los vuelos; muy mexicano el toro y el torero, en el fondo y en las formas los dos. A la tercera tanda diestra parecía que se había acabado Galapagueño. Cambió la mano el murciano de Lorca. Un natural de cada serie, y fueron dos, se antojó bárbaro. Como los pases del pecho. Las sensaciones del victorino, ya como distraído, seguían siendo las mismas. Pero también a la mexicana la faena continuó. Y el alma pastueña y perezosa de Galapagueño cobró vida de nuevo en el regreso al pitón derecho. Despacito, despacito, el toreo. Los ayudados por bajo y genuflexo fueron superior colofón. Ureña se fue tras la espada. La estocada delanterilla fue mortal. La afición se disparó hasta las dos orejas como termómetro del indulto posterior, anterior en la narración.

Pensador lidiado como segundo fue el tercer toro de nota para el espectáculo. El hocico abajo como sello de identidad de la casa de la A coronada. Pensador sumó nota como ninguno en el peto; dos puyazos de Quinta se ganaron las ovaciones. En todo lo alto. Morenito no se atrevió del todo con la muleta. No acabó ni de apostar ni de explotar la baza del pitón derecho. Encogido y agachado en un raca raca. Al natural empeoró la cosa: dos desarmes. Quiso suplir con tiempo la falta de entendimiento. Un plomo hasta el aviso. Pensador concentró la ovación.

Había roto plaza Baratero con una longitud monumental. 606 kilos de cárdena osamenta y una alzada considerable. Un golpe de viento interrumpió los buenos lances de Manuel Escribano. Perdió entonces el victorino las manos. Reclamó Escribano poco castigo en el caballo y cuarteó con facilidad en banderillas por los dos pitones; el par al sesgo se quedó incompleto. Una ecuación de alturas había que resolver con la muleta. Nada fácil por su falta de fijeza, empuje y viaje. A ME le levantó los pies del suelo cuando se quedó colocado en perpendicular a tablas. No pasó nada.

Aunque Morenito de Aranda se fue a portagayola con Paquecreas, que también se dejó en quinto lugar sin terminar de descolgar. Denso y espeso el torero burgalés de nuevo. Para pensárselo.

Ureña no se dejó nada en casa con el último, Melonero, un victorino que no humilló en su ensillada anatomía. Y de ella lo colgó en un instante de la faena. Afortunadamente de manera incruenta.

Postdata: A la mitad de los varoniles victorinos los registraron en el acta, y por ende en el programa oficial, con nombre de mujer. Los tres primeros respondían por Baratera, Pesadora y Galapagueña. Un error de la UCTL que envió las fichas con los nombres de las madres de Baratero, Pensador y Galapagueño. Una anécdota en una corrida con un toro bravo como Cobradiezmos que pedía mucho hombre. Mucho torero: Manuel Escribano mismamente.

Diario de Sevilla

Por Luis Nieto. Manuel Escribano indulta al toro ‘Cobradiezmos’, de Victorino Martín

Tras una feria marcada hasta el momento por un ganado bajo mínimos, en la que el tercio de varas casi había desaparecido por arte del birlibirloque, o sea de las figuras que traen el medio toro, la corrida de Victorino Martín, variada en su juego y cumplidora en el primer tercio, supuso una reconciliación con el toro de lidia. Del encierro, destacó por su extraordinario juego el cuarto, Cobradiezmos –número 37, de pinta cárdena, de 562 kilos de peso y nacido en diciembre de 2011–, que fue indultado por Manuel Escribano.

Cobradiezmos, bien presentado, fue una máquina de embestir, lo que hizo incansablemente con repetición, fijeza y persiguiendo los engaños haciendo el avión y hasta surcos. En varas, empujó en un primer puyazo. Lo colocaron de largo para el segundo, tardó en acudir muchísimo y cuando lo hizo cumplió. Escribano fue siempre generoso a la hora de lucir el toro, al que había recibido con una arriesgada larga cambiada y un vibrante manojo de verónicas. El gerenense, desigual en banderillas, cosechó la mayor ovación en un par al quiebro, tras citar sentado en el estribo. El toro había apuntado su gran categoría y el torero brindó su faena al público. Escribano comenzó con muletazos genuflexos maravillosos. Y en las afueras lo toreó a placer en tres tandas por el pitón derecho, con muletazos largos. Por el izquierdo, también se lució en dos series al natural. Parte del público comenzó a ondear pañuelos para solicitar el indulto. Después del desierto ganadero, esto era maná caído del cielo. En otros tiempos, las exigencias hubieran sido mayores… El torero continuó toreando con la diestra despaciosamente y remató con unos preciosos ayudados. Y el presidente, que no dudó, sacó el pañuelo naranja, concesión del indulto, y dos pañuelos blancos, para las dos orejas simbólicas que concedieron a Escribano, quien en la vuelta al ruedo invitó al ganadero, Victorino Martín García (hijo) y al mayoral de la divisa. El toro había seguido obediente a los cabestros camino de los corrales.

Con el blando, complicado y de mal juego que abrió plaza, Escribano, desacertado en banderillas, se mostró pundonoroso en una labor en la que fue cogido, afortunadamente sin consecuencias mayores, con el toro a menos y rajado, buscando tablas.

Paco Ureña dio una buena imagen. Ante el tercero, toro que empujó en el caballo con brío y que tuvo un buen pitón derecho, el murciano, que brindó su faena a Pepín Liria, consiguió tres series en las que los muletazos, templados, tuvieron calidad y en la que en una de ellas incluso se descolgó de hombros y toreó muy relajado. También logró varios naturales notables. Algunos pases de pecho, soberbios. Un muletazo genuflexo para colocar al toro en la suerte suprema, fue guinda de categoría. Se tiró de verdad a matar, pero la espada cayó baja. El público pidió las dos orejas, que fueron concedidas en lo que supone un premio excesivo para la categoría de la Maestranza.

Con el sexto, con tintes de alimaña, tobillero por el derecho y frenándose por el izquierdo, se jugó la vida a carta cabal, siendo enganchado peligrosamente y sin consecuencias.

Morenito de Aranda, que hacía su presentación como matador de toros en esta plaza, no estuvo acertado en la lidia ni con el exigente segundo ni con el quinto, que reponía constantemente.

Algunos gritos de “¡Viva la Fiesta!” salieron del corazón de aficionados que, por fin, vivieron una tarde de toros, con toros, aunque hay que reconocer que, por momentos, se disparó el triunfalismo.

El Correo de Andalucía

Por Álvaro Rodríguez del Moral. Escribano indulta un gran ejemplar de ‘Victorino Martín’

Ya lo dijo el gran Paco Ojeda: el reglamento está para los que no saben de toros. La salida a hombros por la puerta de cuadrillas -llámenle principal si quieren- era un premio cicatero para un hecho inusual que pronto figurará en los anales del Real Coso. El perdón de la vida de un toro es el máximo triunfo de la fiesta pero también es, de alguna manera, el mejor galardón al que puede aspirar un matador en escenario de tanta alcurnia. Lo dicho: el cómputo de los trofeos, además de ser un hecho moderno, nada tiene que ver con la grandeza del triunfo. Como el figurón sanluqueño se lo dejamos para los que no se enteran de qué va esto.

Y es que Manuel Escribano debió salir en volandas por la Puerta del Príncipe después de indultar al Cobradiezmos, ese gran ejemplar de Victorino Martín que nos llevó a los mejores fueros de la vacada del supuesto paleto de Galapagar. No hace tanto que el mero anuncio de su nombre era sinónimo de lleno pero hoy los tiempos son otros… pero da igual, la buena simiente siempre da buen fruto y Victorino echó un encierro que nos devolvió a los tiempos grandes de la ganadería. Hubo tres y tres. Tres para andar listo y sobre las piernas y otros tres para salir triunfante de Sevilla. Ese trío de excelencias, en calidad creciente, saltó al ruedo en orden consecutivo: el difícil pero interesante segundo; el gran tercero y, tachán, tachán, ese boyante y bravo cuarto que sirvió para volver a poner en órbita a un torero que alza su techo. Se llama Manuel Escribano.

La lidia de ese animal tuvo un ritmo creciente y trepidante. Comenzó en la portagayola de su matador, que había salido espoleado después de que Ureña cortara las dos orejas del tercero. Hubo clamor en las verónicas posteriores, alegría en el tercio de varas y sincronía y apreturas en ese segundo tercio -marca de la casa- que Manuel culminó con su genuino par al quiebro y sentado en el estribo.

Pero lo más importante estaba por llegar. Escribano brindó al cónclave y comprobó que el toro rompía con importancia desde el primer muletazo. El animal humillaba; se dejaba el morro por el suelo y seguía la muleta con esa fijeza, tan en Saltillo, que le impide salir despedido del embroque. Pero el torero de Gerena, curtido en mil batallas, entendió a la perfección la embestida y cuajó una compacta primera parte de faena estructurada sobre la mano derecha. Surgió un redondo mazo de muletazos hondos, dichos para adentro, muy bien trazados.

Pero con la muleta en la izquierda se empezó a mascar lo que estaba por llegar. Los naturales se sucedieron largos, deslizantes, con la muleta arrastrada por el suelo mientras el personal comenzaba a revolverse en el asiento. Escribano se abandonó definitivamente y hasta arrojó el estoque de acero sabiendo que el indulto podía llegar. Un leve bajón causado por un desarme inportuno no impidió que el matador aplicara una sobredosis cuando el pañuelo naranja ya era una certeza. Lo de darle dos o el rabo, ya lo hemos dicho, eran ganas de contar garbanzos. A pesar de las dificultades que le puso el correoso primero, Escribano mereció salir a hombros bajo ese arco de piedra que se mira en el Guadalquivir.

Lo hizo por la puerta de caballos en unión de otro torero que también había caído de pie en la Maestranza confirmando su condición de gran intérprete. Las dos orejas son discutibles, es verdad, pero hay que fijarse en la calidad de ese toreo diestro que supo apurar el mejor lado del importantísimo toro que saltó en tercer lugar. La faena no tuvo el mismo nivel por el pitón izquierdo pero el relajo, el trazo curvo y el concepto personal del torero de Murcia calaron de verdad en el público sevillano que se animó a pedir y obtener el doble trofeo después de la fulminante estocada que lo despenó. Ureña tuvo muchas menos opciones con el duro sexto, un animal que embistió a trompicones y obligó al matador a andar ligero de piernas. Hubo un susto pero la cosa no pasó a mayores.

La tercera pata del banco era el burgalés Morenito de Aranda que, ésa es la verdad, no terminó de solventar las dificultades que le planteó el segundo que, con todo, tuvo más teclas que tocar. A los detalles sueltos les faltó el redondeo. Se le concede el beneficio de la duda con el tobillero quinto. Éste era del lado oscuro… .

La Razón

Por Patricia Navarro. Un Victorino de indulto, un triunfo…y un antídoto contra la vulgaridad

«A “Cobradiezmos” le perdonamos la vida», ya lo dijo él, el amigo de Vicente, nuestro vecino de localidad que tardó menos que Dominguín en contar la aventura con Ava Gardner. Cuando Manuel Escribano sacó al ganadero para dar la vuelta al ruedo el público merodeaba de júbilo. De vuelta estábamos todos. Unos hablando con otros y otros con unos. Ni amigos ni desconocidos. De pronto se abren puertas hasta entonces infranqueables. Pocas cosas dan más sentido a este mundo de locos, abocados a la clandestinidad que perdonar la vida al toro. Y cómo reconforta pensarlo al rato. Difícil será olvidar a este «Cobradiezmos» que tenía bonito hasta el nombre. Precioso el Victorino de hechuras, la forma de los pitones, lo hondo que era de agujas, la seriedad de su cara y la franqueza en la mirada. El toro lo regaló de salida. Le dijo a Escribano: «Ahí lo llevas», descolgando el cuello con una claridad en el capote que alimentaba las ansias de repetir, aunque fuera de lejos, la volcánica intensidad que nos había dejado Paco Ureña en la faena anterior. Palabras mayores fue lo del torero murciano. Manuel supo que lo tenía en la mano, que era ahora o nunca, que en esa mirada frente a frente residía el sentido último del toreo y de la vida, ese perdón que le convierte a «Cobradiezmos» en la envidia de la manada, semental y rey del campo. La pura casta del toro le permitió acudir al engaño entregado en el viaje de principio a fin, hasta el final y un poquito más, fijeza, transmisión y una profundidad que no dejaba resquicio a las dudas. Dos veces fue al peto, escarbó segundos antes, y acudió después. Lo que hizo el animal en la muleta del sevillano fue rotundo. Escribano le plantó cara, actitud y verdad en el toreo diestro, ligado, compuesto y sin perder el hilo conductor. Por un pitón y por el otro. No se le podía ir. Ocasiones así pasan muy pocas veces en la vida. Incluso ninguna. Son regalitos. Sueños. Ensoñaciones, quién sabe. Pero fue. Y así una tanda más otra. Limpias todas. Largas y profundas, como largo y hondo era el toro se hizo Escribano un hueco en el corazón de Sevilla mientras el Victorino había conquistado hasta las entrañas. La petición de indulto fue unánime. Y la vuelta al ruedo de torero y ganadero, reconciliadora con el mundo, la Fiesta, y todos los cuentos «antis» que nos quieran inventar.

Y la cosa es que esa cuarta faena la comenzábamos con una sensación de explosión interior brutal. A la que nos había llevado Ureña en una faena incendiaria. Lo hizo desde los albores. En los pases de tanteo ya hubo un derechazo que fue la madre de los derechazos. Abrumador. Y después de parir eso, parecía que había poco de qué hablar. Qué bien le ha sentado el invierno a Ureña. Montó una tanda, detrás de otra, bárbaro el momento, ideal para perderse, de pura cadencia, inquietante desmayo y provocador concepto. Relajado hasta el infierno hizo con nuestras emociones lo que quiso. Al natural también. Acompañó el toro, con cierta nobleza en la embestida resuelta por el murciano a las mil maravillas. La espada nos dio la alegría del colofón que merecía. Ese doble premio. Las sensaciones quedaban atrás, revoloteaban. El sexto, de corto recorrido y sin querer pasar, no le dio el billete de salida por la Puerta del Príncipe. Pero intentaré, por lo que todavía me quede de buena aficionada, no perderme a Ureña este año. Antídoto para la vulgaridad.

Escribano anduvo centrado con un primero que tuvo sus dificultades y Morenito se fue a portagayola con el quinto para exprimir la oportunidad. Tuvo movilidad el victorino pero no tanta entrega. El segundo sí descolgó y alargaba el viaje con las teclas precisas. Mucho que torear tuvo la corrida. Emocionante tarde. Hacía falta, sí.

Tormedia

Un toro de Victorino hace historia al ser indultado por Manuel Escribano

Si Paco Ureña ya puso el listón muy alto en el tercero de la tarde, un buen toro al que cortó dos orejas, Paco Escribano y el toro 'Cobradiezmos' de Victorino escribieron una página para la historia de esta plaza al consumarse el indulto de tan extraordinario animal.

Manuel Escribano recibió a su primero con buenos lances, perdiendo las manos el de Victorino y desluciendo por consiguiente saludo capotero. No estuvo fino al clavar banderillas. En la muleta pulseó la embestida del 'victorino', que perdía las manos al menor esfuerzo. Por el izquierdo el toro tuvo mayor complicación, mirando y echando la cara arriba. Cuando cambió de mano e intentó apretarlo por abajo le dio un susto sin consecuencias. Perseveró por ese lado y logró muletazos de mérito antes de que el toro se aburriera definitivamente. Pinchó en tres ocasiones y el animal se echó. Palmas.

Escribano se fue a portagayola en el cuarto y dejó lances meritorios en el recibo. El toro peleó bien en varas y el de Gerena esta vez sí lució en banderillas, sobresaliendo el tercer par al quiebro citando sentado en el estribo. El comienzo de faena con doblones fue bueno y creó buen clima en los tendidos. Ya en la primera serie ligó con transmisión, embistiendo el toro humillado y con una entrega absoluta. También bajó la mano y logró muletazos largos en las siguientes, haciendo crecer la faena. Al natural también dejó una serie con muletazos largos y otra más en las que el de Victorino seguía barriendo el albero con el hocico. Cuando se fue a por la espada el público comenzó a pedir el indulto y el torero siguió toreando hasta que la petición fue unánime y el presidente sacó el pañuelo naranja, perdonando de este modo la vida a 'Cobradiezmos', toro cárdeno, número 37 de 562 kilos, nacido en diciembre de 2011, que ya forma parte de la historia de esta plaza. Al torero le fueron concedidas dos orejas simbólicas.

Morenito de Aranda, que debutaba como matador de toros en Sevilla, dio lances ganando terreno al segundo de la tarde. El toro fue por el pecho del caballo al primer puyazo y puso en apuros al picador, que aguantó bien el arreón. Peleó bien en la segunda vara y se lució el picador Francisco José Quinta. La faena comenzó con una buena serie con la derecha que tuvo emoción. En la segunda por ese pitón se le venció el de Victorino y en la tercera también le apretó. Por el pitón izquierdo le desarmó dos veces, perdiendo el hilo de la faena. Al final sin embargo logró algunos muletazos sueltos tanto con la derecha como al natural. Pinchazo y estocada. Silencio tras aviso.

Morenito se fue a portagayola a recibir al quinto después del indulto de Escribano, dejando después lances emocionantes a un toro que embestía rebrincado. Brindó al público y no se acopló en principio con la derecha porque el 'victorino' se frenaba y reponía por ahí. Lo intentó al natural y el toro se lo echó a los lomos. Siguió, pero la faena no pudo remontar vuelo. Mató de estocada.

El tercero acudió bien al caballo y embistió con mucho temple en la muleta de Paco Ureña, que se lució en la primera serie en la que sobresalió un muletazo lentisimo. En la segunda comenzó a sonar la música. Esta tanda fue ligada, templada y con compostura. En la tercera el toro se lo pensó más y el diestro murciano le tragó. Cambió a la zurda y sacó dos series de mérito con un animal cada vez más aplomado. Cuando volvió a la derecha logró la mejor serie, metiendo los riñones y gustándose mucho. Hubo una más antes de matar de estocada. Le fueron concedidas las dos orejas.

Ureña se salió con el sexto a los medios en una labor lidiadora con el capote, ya que el toro presentaba complicaciones. En la muleta las desarrolló, frenándose y buscando los tobillos, bastante orientado. Lo intentó Ureña sin tener colaboración en su enemigo. Insistió en su deseo de redondear el triunfo y el toro le echó mano sin herirle. Le buscó las vueltas y le sacó algunos muletazos en la batalla final. Tuvo mérito su esfuerzo, pero no pudo culminar en triunfo.

13_abril_16_sevilla.txt · Última modificación: 2016/04/20 20:49 por paco

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