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Plaza de toros de Valencia

17 de Marzo de 2018

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Garcigrande y Domingo Hernández deslucidos.

Diestros:

Enrique Ponce: de habano y oro. Estocada defectuosa y descabello. Aviso (vuelta al ruedo tras petición y bronca al presidente). En el cuarto, pinchazo y estocada desprendida. Aviso (dos orejas). Sale a hombros.

Alejandro Talavante: de grana y oro. Pinchazo y estocada caída (silencio). En el quinto, pinchazo bajo, estocada atravesada y dos descabellos. Aviso. Silencio.

Paco Ureña: de blanco y oro. Pinchazo y estocada. Aviso (saludos). En el sexto, estocada (oreja). Pasa a la enfermería.

Tiempo: bueno

Entrada: lleno

Galería de imagenes: http://www.simoncasasproduction.com/galeria/fotogaleria-del-17-marzo-puerta-grande-enrique-ponce/

Vídeo resumen: https://twitter.com/toros/status/975106699974586373

Crónicas de la prensa: en breve

El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna. La arrebatada venganza de Ponce

Valencia volcó su pasión con Enrique Ponce. Nada más deshacerse el paseíllo una ovación de gala. Veintiocho años exactos de alternativa ya. Caballeroso Ponce al compartir los respetos con Alejandro Talavante y Paco Ureña. Aquel fervor de la plaza que lo parió se transfiguró en monumental cabreo cuando el palco negó la indiscutible oreja. O eso parecía. Hasta la cerril cerrazón presidencial. El notable, engatillado, cinqueño y serio toro de Domingo Hernández había roto con buena y viva casta. Los sifonazos frenados en el capote quedaron lejos. El maestro respondió con chicuelinas de manos bajas al embrocado quite por el mismo palo de Talavante. Cerrados los dos elegantemente con una larga cordobesa.

Cuando el maestro de Chiva se disponía a brindar en los medios, el garcigrande de Domingo se arrancó de lejos. Las improvisadas dobladas con la muleta en la izquierda fueron de mayúscula belleza. Culminó el brindis una vez resuelto el trance y volvió a prologar doblándose con el toro. Ahora cerrado en el tercio y sobre la derecha el balanceo genuflexo. Sin rectificar una zapatilla. La exigencia poncista enseñó hasta donde viajaba la humillada la embestida. Extrañamente, la faena se desarrollaría en tan cerrados terrenos. Sería por el viento. EP desmayaría desde entonces la figura. La naturalidad rehilada que no vacía y llena tanto los paladares golosos. Esa mano derecha que cose pase tras pase sin soltar.

Bullían los tendidos con el pastel en el horno. A izquierdas pedía el toro mayor gobierno para seguir la muleta y… Enrique volvió a cambiar los terrenos. Hacia las afueras, cerca de sol, las poncinas levantaron clamores. Otra vez la plenitud flexible. El sempiterno toreo que borda como nadie por bajo. La estocada desprendida tuvo efectos retardados. Necesitó de un golpe de descabello. Nada hacía presagiar el desmán presidencial. El único pañuelo que asomó fue el del aviso. La bronca estalló como la mascletà de las dos. La pasión por Ponce derivó en Vía Crucis. Un disgusto superior mostraba su gesto inconsolable en la vuelta al ruedo. “¡Buuurro, buuurro!”, clamaba Valencia indignada, el poncismo castigado.

Enrique Ponce se arrebató con el orgullo herido ante el corpulento cuarto. Amplio el volumen como la testuz. Mascó Ponce la venganza desde el quite por delantales. Venía de antes. Atacó tapándole defectos al toro, que le agradecía la muleta siempre puesta. Los vuelos al hocico en los naturales, roto el molde de porcelana por el toreo descuadernado. Hasta allá la zurda del sabio enrabietado, de figura rebelada contra el maltrato dictatorial. Las chivanas, ese juego condista de reversos en su zurda, tiraban de la embestida con trazo largo. El garcigrande ya reculaba y escarbaba. EP no cesó en su ofensiva en tromba. Genuflexo o atacado por molinetes de rodillas. Hasta casi complicarse la existencia por pasar la faena de rosca. Tocaba no dejarse nada en el tintero. Pero el toro se puso difícil para matar. Un pinchazo no frenó el frenesí. También tocaba. Y cuando cobró la estocada defectuosa la vendetta tomó cuerpo. Por el agravio de antes y por el desquite de ahora, la compensación. Dos orejas del tirón. Y la puerta grande. Que ya serán cerca de 40 o así.

Paco Ureña regresaba al escenario que en julio rindió con su entregada pureza. El verdadero premio de la puerta grande negada entonces fue su inclusión en este cartel de ringo rango. Y Ureña mostró sus cartas con el tercero de Garcigrande. Tan poca cosa y tan cabrón. El genio reflejado en su chivata expresión. Ureña se arrimó como si no hubiera mañana. Tragó con todo en una riña navajera. La sinceridad desnuda, el valor seco, los pitones volando cuchilladas. El blanco terno teñido de la sangre del toro. Las manoletinas de despedida siguieron sumando ayes con un mérito acongojante. Pinchó el esfuerzo desgarrado. La plaza le reconoció su raza.

Difícil de entender cómo enlotaron. El último traía también el trapío ausente Los dos toros de menos plaza fueron a la vez los más complicados. Y los dos en manos de Paco Ureña. La casta, en el torero. Como la dignidad y el hambre de gloria. Apostó todo con aquel marrajo que cazaba moscas con el rabo y por poco le cuesta la cornada. De la voltereta en mitad de la refriega escapó íntegro de milagro. La integridad, esa cosa que habita en este hombre de Lorca. La oreja fue a sangre y fuego.

A Talavante le dio la suerte la espalda. Careció de ritmo, empuje y humillación el otro cinqueño de los dos de Domingo Hernández. No hubo causa y sí brevedad. Trató de resarcirse con el quinto, que apuntó más cosas de las que desarrolló. Los esbozos de un par de sutiles series a izquierdas fue lo que duró el toro de Garcigrande. Sin apenas apretarle perdió el celo. Y se desentendió. Lo despenó feamente.

La Razón

Por Patricia Navarro. Épico Ureña en el triunfo de Ponce

Ocurrió el toreo casi antes de lo que marcan los tiempos. Anticipándose el toro. Dejándose querer Ponce. No le dejó brindar al torero valenciano, y eso que lo hacía a su público. La prontitud del toro fue a por él. Al natural y genuflexo lo recibió Enrique. Terminó el brindis. Volvió el de Domingo Hernández, y así una y otra vez. Ocurrían las cosas. No había sido bravo el de Domingo en el caballo, pero era un huracán en la muleta. Por la diestra encontró tanta continuidad en el viaje del toro y los muletazos, que se convirtieron en todo en uno, en un círculo mágico que resolvió Ponce estrenando la tarde. Menos comunión hubo al natural, pero se reencontró el torero de Chiva con el público valenciano con un rosario de poncinas que le puso en pie. Una estocada y un golpe de verduguillo y la sorprendente negación del presidente de concederle el trofeo, que se pidió de manera unánime. Cada uno a su rollo.

Encastado fue el cuarto, con la virtud de humillar pero había que consentirle para destapar las cartas y que entrara en el juego. De ahí que la faena de Enrique fuera poco a poco, tomándose sus tiempos hasta meterlo en la canasta, sobre todo por el derecho. Y ya en las poncinas finales encontró la reconquista definitiva. Comprometió (al presidente) la faena con molinetes de rodillas cuando ya estaba todo hecho. Un pinchazo precedió a una estocada, que se le baja y el presidente recompensó con el doble trofeo el robo del anterior. Lo justo hubiera sido una y una. Abría así la Puerta Grande el valenciano. La 35 de su carrera.

No se complicó la vida Alejandro Talavante con un segundo, que ni fu ni fa. Ni bueno ni malo ni todo lo contrario. Enseñó al toro y no nos hizo perder el tiempo yéndose a por la espada. Un rayo de luz fueron los naturales con los que comenzó Talavante la faena al quinto. Qué cadencia y desmayo para ralentizar la inercia del animal. Lástima que el toro fuera a menos y acabaran por diluirse esos momentos, que tuvieron mucha magia.

Sin clase y a la defensiva fue el Garcigrande que le tocó a Ureña. Mal combinado cuando hablamos del murciano, que no vuelve la cara a las dificultades ni a la verdad. Que hay muchas maneras de defender la tauromaquia. A los médicos brindó el toro y se volvió a jugar la femoral sin ningún rubor, sin que le temblara el pulso ni las piernas. Quiso Paco y aguantó paradas y de tanto querer convenció al público de su inequívoca decisión. A la enfermería volvió en el sexto. Eso sí, después de cortar el trofeo (sin pasearlo). Estaba ido. Malo y peligroso fue el toro. Arrojo sin límites el del torero que sufrió una cogida tremenda y volvió con el pundonor intacto y el cuerpo maltrecho. Impactante imagen. Tremenda vocación para volver a lugar de los hechos y plantarle al toro la muleta de nuevo en el hocico como si no hubiera pasado nada, como si no fuera la vida la que está en juego, sobre la arena, cayendo la noche, tan blanca la tez de Ureña, tan profundo el valor, tan meritorio el torero, tan depurado el concepto. Hundió la espada. Cortó el trofeo. Su peso en oro. Dirá la leyenda…

ABC

Por Andrés Amorós. De la apoteosis de Ponce la dramática cogida de Ureña

Un año más, Enrique Ponce pone boca abajo la Plaza de su tierra: aquí tomó la alternativa; aquí se consagró, una tarde de tormenta, matando seis toros. Con 28 años de alternativa, sigue en la cumbre: un caso único de afición y capacidad. Esta tarde, una de las decisiones presidenciales más absurdas que recuerdo le niega el trofeo, en su primero, pero ha de rendirse y darle los dos, en el cuarto. Es su salida a hombros número 35, en Valencia: una de las más meritorias.

Los toros de Domingo Hernández han dado un juego sólo regular: con movilidad pero inciertos; deslucidos pero manejables. [Galería de imágenes de la tarde]

Talavante ha tenido una tarde muy gris. El segundo mansea, no se entrega, embiste con desigualdad. Como suele en estos casos, Alejandro no insiste, pronto corta y pincha, desconfiado. Se espera el desquite en el quinto, al que banderillea bien Valentín Luján. Comienza con naturales reposados, con gusto, pero el toro queda corto, engancha la muleta y la faena se diluye. Vuelve a matar mal. Con sus condiciones, en una Feria grande, debe estar mejor.

Paco Ureña fue el triunfador en la pasada Feria de Julio, con una actuación realmente heroica. Esta tarde, de nuevo, no regatea esfuerzos. El primero es «Postinero», como el agasajo, en Chicote, a «la crema de la intelectualidá», que cantó Agustín Lara, pero lo pitan por escurrido. Lo brinda a los médicos; se justifica con una porfía valerosa, al borde del percance. (Dejar la muleta retrasada no es bueno para mandar en el toro). En el último, alto pero flaco, vuelve a estar esforzado, voluntarioso. Después de una tremenda colada, sufre un trompazo y, cayéndose, de nuevo es cogido. No se amilana, pasa un par de sustos más; se entrega, en la estocada: oreja y pasa a la enfermería, con una fuerte conmoción y contractura cervical.

Fuera de lo común Ponce vive una de sus tardes más felices, en su tierra. El primero es un manso encastado, con movilidad. Con la montera en la mano, para brindar, ha de doblarse con la izquierda, en el centro del ruedo. Enseguida, lo imanta, liga derechazos a placer, con una facilidad y una estética que desatan un clamor. Lo cuadra andando y, con habilidad, logra una estocada defectuosa. La petición de oreja no es que sea mayoritaria sino unánime. Todo el mundo da por seguro el primer trofeo; posible, el segundo. Inexplicablemente, el presidente no concede ninguno. Hasta el matador se queda atónito. La bronca es épica y justa. ¡Qué absurdo! El cuarto es más deslucido pero Ponce se empeña, le busca las vueltas, con una cabeza fuera de lo común. Con suavidad y mimo, lleva al toro cosido a la muleta, lo domina por completo. Se ha desatado la locura, la Plaza entera grita a coro: «¡Torero!» Aunque el toro tiene la cara en el suelo, logra la estocada, a la segunda. Esta vez, el presidente ha de darle las orejas, para compensar el dislate anterior. Desde el centro, el diestro, triunfante, le echa una mirada…

Se ha fallado ya qué «ninots» se libran del fuego, este año. En la fallas infantiles, «El último sedero», que rinde homenaje a una artesanía valenciana secular. En las de mayores, «En busca del Dorado»: una chica busca un juguete, escondido entre libros, para dárselo a su hermana pequeña. Los he recordado, esta tarde, viendo a Ponce. Por su elegante suavidad, él es, también, «el último sedero» y continúa «en busca del Dorado»: el sueño eterno de belleza que es la Tauromaquia.

Toros en Valencia. Temporada 2018

17m_marzo_18_valencia.txt · Última modificación: 2018/03/17 20:55 por paco

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