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REAL MAESTRANZA DE SEVILLA

Domingo de Resurrección, 21 de abril de 2019

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Victoriano del Río Desiguales, bien presentados en lineas generales flojos el 1º con clase pero justo de fuerzas mejor toro el 5º.

Diestros:

El Juli: de grana y oro. Estocada con salto y descabello (palmas). En el cuarto, media con salto (silencio).

José María Manzanares: de azul noche y oro. Estocada. Aviso (silencio). En el quinto, estocada recibiendo (oreja).

Andrés Roca Rey: de gris perla y plata. Tres pinchazos y estocada (silencio). En el sexto, estocada. Aviso (saludos).

Presidente: Gabriel Fernández Rey

Banderillero que saludó: Daniel Duarte y Luis Blázquez

Tiempo: nublado.

Entrada: lleno de «No hay billetes»

Video: https://twitter.com/toros/status/1120054913202040832

Galería de fotos: https://plazadetorosdelamaestranza.com/manzanares-corta-una-oreja-en-la-apertura-de-temporada/

Crónicas de la prensa:

Portal Taurino

Puerta de Arrastre

Por Santiago Sánchez Traver Resurrección, una historia repetida

Pues ya llegó la nueva temporada. Y se parece en su principio tanto a otras, que no creo que nadie pueda distinguirlas. Ausente Morante, vinieron tres figuras y hay lleno de “No hay billetes”, porque dos figuras y otro no llenan. Las tres figuras, y sus veedores y apoderados, se pasan todo el invierno yendo al campo a escoger los toros con los que quieren aparecer en la Maestranza. Y escogen aquellos menos agresivos, de reatas más “dulces”, que no les compliquen nada, vamos. Después, la gente en plaza se meterá con la empresa o el ganadero pero que conste que los toros los “traen” los toreros. En los carteles de figuras, claro. Y así fueron pasando toros, uno tras otro, sin fuerza, sin alma, uno manso, y uno que aguantó y tuvo pies y se dejó. Pero los seis sin un atisbo de peligro, sin una mirada: el ejemplo fue el sexto al que Roca Rey creo que aún le está poniendo los muslos y sólo le dio un empujón con el hocico. El Juli estuvo en su papel de los últimos años, aprovechando lo que salga bueno y matando descaradamente mal. Manzanares tuvo un manso y un buen toro que aprovechó para una de sus faenas estéticas y mató espectacularmente. Y Roca Rey no tuvo enemigos y aprovechó el último para el arrimón, que en Sevilla cuenta con división de opiniones asegurada. En fin, qué quieren que les diga, que este Domingo de Resurrección se me parece a los últimos veinte. A lo mejor, el año que viene cambia algo.

Lo mejor, lo peor

Por Antonio de los Reyes

Decepcionante corrida de Victoriano del Río. Se midió mucho al toro en el caballo y justos de fuerzas aguantaban la faena de muleta como podían. Los de Victoriano del Río no transmitieron lo suficiente, algo dejó el primero que fue a menos, el quinto colocó bien la cara en su embestida y empujó la muleta de Manzanares para que aquello funcionara. Fue el único desorejado de la tarde.

Lo mejor del Domingo de Resurrección, para Manzanares. La estocada recibiendo ya merecía la oreja. Quizás lo mejor de cada tanda fueron los pases de pecho a relentí. La faena tuvo poca variedad pero suficiente para calentar los tendidos que permanecieron fríos durante toda la tarde.

Diario de Sevilla

Por Luis Nieto. Manzanares salva la tarde

Máxima expectación y cartel de 'No hay billetes' en una Maestranza inmaculada como escenario para un cartel de lujo e inédito en la Corrida del Domingo de Resurrección, comienzo de la temporada sevillana con el madrileño El Juli, triunfador de la pasada Feria de Abril; el alicantino-sevillano Manzanares y el limeño Roca Rey, fenómeno de masas.

En los tendidos, el reencuentro con nuestros compañeros de localidad, nuestros amigos, entre más de doce mil almas ávidas de esa flor de gloria y tragedia que es la Fiesta de los toros.

Con una mala corrida de Victoriano del Río, de desiguales, Manzanares salvó la tarde del Domingo de Resurrección, que suele ser de decepción, consiguiendo el único trofeo del festejo por una faena presidida por la elegancia y que coronó con una estocada recibiendo que por sí sola era de premio. Una obra ante el quinto, un toro que tardó mucho en definirse y que embistió con franqueza por ambos pitones. Manzanares, ante el segundo, que se rajó pronto y humillaba, pero sin clase, cuajó un gran quite por chicuelinas y realizó una faena tesonera.

El Juli realizó una faena desigual, con algunos pasajes de toreo despacioso, ante el que abrió plaza, noble, pero flojeó en exceso tras desgastarse en varas. En el cuarto, al que apenas picaron, El Juli volvió a manejar bien el capote a la verónica y comenzó el trasteo con bellos muletazos genuflexos. Todo se desmoronó con un toro reticente por su falta de recorrido.

Roca Rey se dejó crudo a su lote. El tercero, pese a que no le picaron, no tuvo gas ni clase. Ante el sexto, Roca se entregó sin reservas en una labor larguísima ante un animal muy alto y largo, que se quedaba cortísimo. Faena que comenzó con estatuarios y que cerró con unas bernadinas ajustadísimas, con un segundo tramo encimista en el que robó literalmente los pases, metido entre los pitones del toro.

ABC

Por Andrés Amorós. Con toros flojos, solo una oreja a Manzanares en Sevilla

El Miércoles Santo, los penitentes del Baratillo se alineaban rezando al San José donado por Pepe Hillo y contemplando la nueva saya de la Virgen de la Piedad, hecha con un vestido de Morante. Pero, por muy hermosa que haya sido la Semana Santa, a pesar de la lluvia, este Domingo de Resurrección proclama la alegría y la esperanza. Esta mañana, voltean, jubilosas, las campanas de la Giralda: ¡Jesús ha resucitado! “Muerte, ¿dónde está tu victoria?”, escribe San Pablo a los Corintios. Esta mañana, Alberto García Reyes, compañero de ABC, da un sevillano y poético Pregón Taurino, que encandila al personal. . Por la tarde, la Plaza de los Toros reluce, al sol, como la joya única que es, en el festejo más esperado de la temporada. Veo, entre el público, a Mario Vargas Llosa, el pintor Barceló, Esperanza Aguirre, Adolfo Suárez con Miguel Abellán… A muchos que vana er y a muchos que van a ser vistos.

Los toros de Victoriano del Río, que también se lidiaron en esta fecha, hace un año, dan un resultado decepcionante: bien presentados, con movilidad, nobles pero flojos, sin casta, sin emoción. Así, por buenos que sean los diestros, no cabe auténtica emoción. El quinto toro, el más protestado resulta ser el único que aguanta y Manzanares, con su natural elegancia y su gran espada, le corta un trofeo. El Juli muestra su oficio y Roca Rey se justifica con su valor. En conjunto, mucho menos de lo que se esperaba, con un cartel tan rematado, en una tarde tan especial.

En la pasada Feria de Abril, El Juli indultó un toro de su ganadería preferida, Domingo Hernández: no puede quejarse de no haber “entrado” en Sevilla. ¿Cuándo cumplirá su promesa, frustrada por un percance, de matar los miuras? Esos gestos son los que dan categoría a un torero. El primero, aplaudido de salida, es noble pero justo de fuerzas. Lo brinda a Mario Vargas Llosa, en una barrera, junto a Isabel Presysler. La nobleza del toro le permite relajarse en una faena técnica, de gran oficio, deslucida por la fa flojera del toro. Mata hábilmente, con salto. En el cuarto, después de dos lances suaves, nos “obsequia” con el tercer y el cuarto quite oor chicuelinas. Éste es otro toro que se queda sin picar. Lo brinda al público, que se ilusiona. Lo sujeta bien, rodilla en tierra; traza muletazos con oficio pero el toro se apaga y la faena, también. Sin toro, no hay nada que hacer. Clava media estocada con salto, yéndose de la suerte.

Ha comenzado con retraso su temporada Manzanares, por una lesión en la espalda. No va a estar en San Isidro. Sevilla es “su Plaza”, sintoniza con su estética. Juega bien los brazos en los lances de recibo al segundo, muy suelto. Quita por chicuelinas de manos bajas, como su señor padre; le replica Roca por el mismo palo, muy ceñido: ¿dónde está la variedad? Saludan, con los palos, Duarte y Blázquez. Logra sujetarlo en algunos muletazos, con su solemne estética, pero el toro vuelve al revés, huye y acaba en chiqueros, donde recibe un espadazo certero. El quinto se lo piensa, de salida; lo cuidan pero flaquea y la gente protesta. En la muleta, de modo sorprendente, mejora, resulta manejable. Manzanares tira de él, se lo enrosca a la cintura, logra que toque. por primera vez, esta tarde, la magnífica Banda. Destacan algunos pases de pecho, muy lentos, al hombro contrario (como hacía El Viti). La estética del alicantino encandila, en esta tierra. No ha sido faena grande, no había toro para tanto, pero sí algunos hermosos muletazos, con la fácil suavidad que es patrimonio de la casa. Culmina todo con un estoconazo en la suerte de recibir: oreja.

Abrir la Puerta del Príncipe es una de las pocas metas que se le resisten a Andrés Roca Rey, que sigue arrollando, en todas las Plazas. El tercero flaquea mucho, de salida. No lo pican en absoluto y hay público que aplaude eso: ¡en Sevilla! No se puede perder la suerte de varas. Por cuidar al toro, no hay quite. Hace el poste Andrés y el toro flaquea. Liga algunos derechazos mandones pero el toro no transmite nada: para un diestro poderoso, como él, hay muy poco toro. Necesita más toro: más fuerza, más casta, más emoción. Y, cosa rara en él, falla con la espada. El sexto, suelto y flojo, sale de varas gateando. “Disfrutamos” con las quintas chicuelinas de la tarde, muy ceñidas, eso sí. Brinda al público: ¿aguantará el toro? Es la pregunta que ahora tantas tardes se repite: así estamos… Se coloca bien el diestro, tira del toro, pero la emoción no surge: ¡falta toro! Recurre al arrimón, dejando que el toro le tropiece. Surge cierta división, pero Roca Rey se justifica con su valor y mata con decisión. Otra tarde será.

“Moriré para vivir”, añadió, de su puño y letra, Gustav Mahler, al final de su “Segunda Sinfonía”, llamada ”Resurrección”. En la Plaza de los Toros sevillana, todos los años, tal día como hoy , resucita una Fiesta que no puede morir, por mucho que algunos sectarios se empeñen: es la Fiesta de un arte único, que despliega su belleza a las orillas del Guadalquivir. Pero, para que ese milagro suceda de verdad, además de distros con arte, hacen falta toros con fuerza y con casta. Sin toros bravos, el plomo vence al oro, por muy hermoso que sea el escenario.

POSTDATA. Ha muerto Manolo Alcántara, gran poeta, excepcional articulista, sabio bebedor, personaje único. Pocos han recordado su afición a los toros. Compartí con él “El Burladero”, el programa radiofónico de Alejo García, donde hacía hermosas crónicas taurinas. Y, si algunas tardes se aburría un poco, sabía compensarlo con la nostalgia del paraíso y con un buen gin-tonic. Descanse en paz.

La Razón

Por Patricia Navarro. Manzanares vuelve al corazón de Sevilla

No hizo falta esperar. Fue en el primer desmayado. Justo a la media vuelta de aquel brindis de Juli a Vargas Llosa que ocupaba una barrera muy cerquita de la Puerta del Príncipe con Isabel Preysler, cuando la memoria nos atrapó de lleno como un pellizco a medio camino entre la barriga y el corazón, como una aparición a media noche… esos andares, esa muleta templada con la intención de desmayarse, como aquel toreo descomunal que hizo ante “Orgullito”, el toro de Garcigrande que de tan bueno volvió al campo a padrear. Hacía un año. Así funciona la memoria, más o menos, al volver al lugar de los hechos. No fue este primero aquel toro que nos hizo gozar, pero Julián quiso hacerlo todo desde la parsimonia y la relajación, a la nobleza y la calidad del toro le faltó ese punto de querer ir más de seguido a la muleta, pero la faena tuvo buen son, pero de más a menos, y con final certero. Apuntó más emociones las del cuarto, pero duraron poco. El toro se vino abajo pronto y embestía un punto por dentro, sobre todo en el final del muletazo, cruzándose en la salida de la suerte. Como la espuma de cerveza se fue la ilusión de la faena cuesta abajo. Resolvió con rapidez con la espada.

Tremendas fueron las chicuelinas de Manzanares al segundo, de mano bajo y muy toreadas. Otra película. Y la larga de remate. Iba medio toreo en él. Hizo Roca el quite que le correspondía y prendió la llama, con más intención que tino. Se movía el toro después, pero con la urgencia de querer irse, a la huida. Y en esas intentó faena el alicantino, aunque no consiguió empastarla y por fuera. Estocadón, eso sí. Un silencio anodino nos inundó en la primera parte de la faena al quinto. Fue la antesala de la emoción. Así vino. Para quedarse. Manzanares fue encontrándose con el toro, que tuvo muy buena condición. Y poco a poco ocurrieron las cosas, despacito, templado y con un empaque descomunal que acabó por firmar el acta oficial de reencuentro de Manzanares con Sevilla. Esa cadencia que subía los decibelios de la plaza en décimas de segundo, multiplicados por la belleza de los remates, ya fueran esos pase de pecho que llegaban a la hombrera, verdad de la buena o un cambio de mano, marca de la casa. Se perfiló para entrar a matar y en la misma yema dejó una estocada recibiendo. Una explosión en el tendido y un trofeo unánime, que tuvo peso. Manzanares y Sevilla. Otra vez. Buen compañero de aventuras había sido el toro de Victoriano del Río.

Roca Rey había pasado con una discreción inaudita con el tercero de la tarde, bronco y de corto recorrido, y ahí quedó la faena, sin acabar de rebasar la frontera que separa el ruedo del público. Y sin espada. El sexto tuvo tanta nobleza como sosería y tampoco acababa de despegar la faena del diestro peruano. Pero esta vez forzó la máquina hasta el límite. Y el límite fue dejar que el toro le pusiera los pitones en la cadera, a un lado y a otro, aguantar las manoletinas amenazantes y dejar a la gente sin oxígeno. Más valor no cabía. Con el esfuerzo hecho, amarró la estocada, tardó en caer el toro y la cosa se disipó. Lo había peleado, pero Manzanares había vuelto antes al corazón de Sevilla. Y las cosas del corazón así son.

El País

Por Antonio Lorca. Sensibilidad animal en La Maestranza

La sensibilidad animal se ha extendido como una mancha de aceite. Y en los toros no es nada nuevo. El toro fiero y desafiante, ese que da miedo solo con verlo, pone firmes a las cuadrillas y tensos a los tendidos pasó a mejor vida. Hoy por hoy, es un aserto acertadísimo ese que dice que el público de hoy es más sensible, y prefiere el arte con becerros que hazañas con toros.

La sensibilidad animal hace tiempo que se practica con esmero en el mundo de los toros. El establishment taurino y los aficionados son tan sensibles que están desconocidos.

El primero, el ganadero. Ya no cría toros para dar miedo; los cría para crear arte; ya no cría toros de deslumbrante trapío, de imponente respeto, ese que se crece ante los engaños, que acomete con fiereza al caballo, persigue con furia a los banderilleros, se come la muleta y vende cara su vida.

No. Ahora cría un animal de bella estampa, en primer lugar; de formas armónicas, de guapa presencia, sin estridencias en sus hechuras y estrecho de sienes que dice ahora, que es sinónimo de pitones recogidos.

Ese toro sale al ruedo y deslumbra a los sensibles modernos. Ese animal, regordío casi siempre, embiste con cierta movilidad los capotes, y llega al caballo con la boca abierta, pidiendo aire como un náufrago, y pide clemencia al picador antes que plantarle cara. Y el señor del castoreño lo cuida, lo mima, procura no hacerle sangre y que salga pronto del encuentro para que no se lastime.

Recupera fuerzas mientras se preparan los banderilleros, acude pronto al cite, pero cuando suenan los clarines del último tercio, el animal tira la toalla, no puede más, el agotamiento hace mella en sus entrañas, se para, se deja querer, embiste si puede y lo que puede y pide, como un loco, una muerte rápida.

Pero ese toro que se llevan las mulillas ha embestido con clase y dulzura, ha desarrollado nobleza en todos los tercios, no ha molestado. Ha sido un bendito; solo que inválido y falto de sangre brava.Es sensible la figura, que exige enemigo especial, nada de toro de estampa de La Lidia, por dios, sino un artista guapo.

Es sensible la autoridad, que autoriza corridas tan bonitas como la de Victoriano del Río, guapas y muy justas de trapío para plaza tan generosa como la sevillana; y se esconde -el presidente- a la hora de decidir sobre la invalidez de uno y otro y los deja en el ruedo para pesar de la afición.

Y es sensible el público, que lo aplaude todo; al primer toro, por ejemplo, lo aplaudieron de salida, un ejemplar tan bonito como anovillado; perdona que se le hurte la suerte de picar o que el torero de turno haga como que lidia cuando no sabe cómo ocultar las carencias de un animal lisiado.

En fin, que con tanta sensibilidad, la fiesta de los toros pierde su esencia, y la gente sale decepcionada, que no es nada bueno a la hora de plantearse la vuelta a la taquilla.

Así, la corrida más importante de la temporada sevillana transcurrió entre esperas inútiles, a ver si salía ese artista que se encumbrara de la mano cierta de alguna de las figuras del cartel. Y no hubo manera.

Lució El Juli a la verónica en el recibo a sus dos toros, y, después, en el inicio de muleta por bajo, con la pierna genuflexa, al cuarto. Y no hubo más. El que abrió plaza era un torito guapo y pare de contar, de dulcísima embestida y sin fuerza. A pesar de la buena técnica del torero, su labor no levantó —era imposible— el vuelo. El cuarto se paró y lo mató.

Un manso sin clase fue el segundo, y el único que se movió fue el quinto, al que Manzanares trazó muletazos jaleados de muy discutible colocación. Inapelable, sin duda, su estocada en la suerte de recibir, que le posibilitó pasear la única oreja de la tarde. Buenos pero inválidos

Se esperaba todo de Roca Rey y dio todo lo que fue posible con los toros elegidos por él; es decir, muy poco. Muy descastado fue el tercero, con el que no pudo mostrarse más allá que aseado y decidido.

Y se jugó el tipo de verdad ante el sexto, tan desabrido y soso como sus hermanos. Se metió el torero entre los pitones, se los dejó llegar al mismo pecho y emocionó con valor lo que no pudo hacer con el toreo. Alargó la faena, el animal tardo en morir y se esfumó la oreja.

Que no quede en el tintero la noticia: no se picó ningún toro. Bonitos todos, eso sí, pero inválidos. Y, por lo visto, todos contentos. Sensibilidad animal se llamo eso.

El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna. 'Duplicado' tenía las llaves del cielo

Con la exacta puntualidad de las cosas del toreo, la plaza de la Maestranza colgó el ansiado cartel de «no hay billetes». Que no por habitual en el Domingo de Resurrección que Romero elevó a los cielos deja de ser excepcional. Ecos del currorromerismo, que decía el inolvidado Manolo Ramírez.

Por esa misma calle Iris que se colapsaba por ver su procesión, entraron con el paso firme y la vista perdida El Juli, José María Manzanares y, por último, Roca Rey. La aparición de RR desató las pasiones incontenidas, los abrazos incómodos, la locura de los teléfonos. Que le robaban su imagen idolatrada.

Con la exacta puntualidad de las cosas del toreo, a las 18:30 sonaron los clarines. La gama de colores de los vestidos componía una paleta que viajaba del sangre de toro de Juli al azul marino de Manzanares pasando por el gris perla de Roca; en oro los veteranos y en plata el nuevo en el corral. Del cruce de miradas desviadas, como si no existiese el otro, entre el gallo más viejo y el recental saltaron chispas en silencio.

Con la exacta puntualidad de las cosas del toreo, El Juli construyó una faena de lenta precisión al bravo primero de Victoriano del Río. Que tanto se gastó en su celoso empleo en el caballo. Un tío muy serio, y no menos montado, para estrenar una corrida que se escalonaba en hechuras sin reproches de presentación: esa aceptación de lo no bonito, de lo no armonioso, del toro en cuesta arriba como sello para el visado de aprobación a las 12 del mediodía.

Y con la exacta puntualidad de las cosas del toreo, saltó a la arena el quinto haciendo honores al refrán, el toro bien hecho, el guapo con expresión de bueno, el de líneas mejor pintadas, el que habría de embestir como ninguno. Duplicado traía las llaves del cielo. José María Manzanares, el que apenas contaba en las quinielas de la pelea de gallos, se llevó la bolita de la suerte, el papelillo de la fortuna del sorteo. Y, en verdad, Manzanares demostró por qué su nombre no figuraba en las casas de apuestas como favorito. La espada, ese cañón tapabocas, maquilló con un zambombazo en la suerte de recibir una obra inferior a las notables virtudes del toro de Victoriano del Río: la humillación, la franca fijeza, la rítmica repetición, la alegría del tranco, la generosidad de la embestida que se rebosaba… A favor de JMM los tiempos concedidos, los espacios entre series. Que se sucedían cortitas sin sifón, salvadas por los últimos pases de cada una de ellas, por la monumentalidad de los obligados de pecho que prendían fuegos fatuos. Como aquel cambio de mano superior y esta trinchera de empaque. A aquello le faltó mucho: fluidez, poso y, en definitiva, rotundidad. Los movimientos de brazo y cintura parecen desincronizados, desconcetados del alma. Tan robóticos. La verdadera sincronía brotó con el tremendo estoconazo. Que desbocó la pañolada. La frenó sensatamente el presidente en una oreja. A Duplicado, portador de las llaves del cielo, le colgaban las dos.

Con la exacta puntualidad de las cosas del toreo, Dios volvió a ser muy mal aficionado. A José María Manzanares ya le había tocado un burraco de linda cabeza y largo con sus posibilidades. Aun tan suelto y rajadito, si Manzanares no le abre constantemente las puertas del campo… Duraría poco, o no tan poco, en metraje tan extenso. Para haberle hecho todo de otra forma. O al menos no perfectamente al revés: sólo a base de voces no se sujetan los toros. Cuando a últimas no le quitó la muleta de la cara en un circular, cosió la clase mansita hasta el final.

Con la exacta puntualidad de las cosas del toreo, que incluyen el mal bajío, el llamado a ser número 1 se encontró un mal lote. Si Roca Rey no se estrelló, fue porque estuvo por encima de las circunstancias con un valor de plomo. Del basto y bruto tercero, agarrado al piso con sus pezuñas de buey, y del agresivo último, un cinqueño que nunca se dio hacia adelante. El terrorífico arrimón final y las bernadinas temerarias pusieron el corazón de la Maestranza en un puño. El acero, antes encasquillado, ahora sí funcionó.

Y en esa exacta puntualidad de las cosas del toreo, quedó la cadencia del capote a la verónica de El Juli en sus dos toros entre una montonera de chicuelinas. Hubo magisterio y templanza en la precisión de aquella lejana faena de apertura con el bravo que decreció en su poder y en el bien andar con el recortado y armado cuarto. Que al menos permitió un prólogo genuflexo magistral antes de frenarse pronto y rebañar por las corvas. Tan lejos de Duplicado.

Toromedia

Manzanares corta una oreja en la apertura de temporada

El Juli recibió de capa con mucha seguridad al primero de la tarde, abrochando con buena media. Brindó al premio Nobel Mario Vargas Llosa y comenzó toreando con reposo y gustándose en dos series con la derecha. Cambió a la zurda y ligó una serie de buen trazo aprovechando muy bien a un toro que no estaba sobrado de fuerza. Labor técnicamente irreprochable. Lástima que la estocada asomó y tuvo que descabellar. Fue ovacionado.

En el segundo de su lote, Juli se lució a la verónica sobre todo en los lances por el derecho. Con la muleta comenzó doblándose con mando y largo trazo. Poco a poco intentó construir la embestida del toro, al que le costaba romper y que fue a menos hasta pararse. Mató de pinchazo hondo y su labor fue silenciada.

Manzanares se lució a la verónica en el segundo de la tarde y provocó oles en el tendido. También brilló en el quite por chicuelinas rematado con larga. Roca Rey intervino y hizo un ajustado quite por chicuelinas. Se desmonteraron en banderillas Daniel Duarte y Luis Blázquez. El toro llegó algo rajado a la muleta y Manzanares intentó recogerlo bajando la mano y obligándole, ligando una buena serie con la derecha. A partir de ahí el animal rehusó la pelea y el alicantino puso empeño en encelarlo, aunque pudo más la mansedumbre del astado. Mató de estocada.

El quinto no dio opciones a Manzanares para lucirse con el capote. Con la muleta le cogió pronto el aire con la derecha ligando dos buenas series que hicieron sonar la música. La tercera fue más redonda si cabe, rematada con bonito trincherazo. Al natural llegaron los mejores momentos de la faena con toreo templado de bella factura. También hubo buen toreo diestro como colofón de la faena antes de entrar a matar en la suerte de recibir. Cortó una oreja.

El tercero salió bastante parado y Roca Rey no pudo lucirse de capa. El toro fue cuidado en el caballo y el joven diestro peruano lo templó bien con la derecha quitando cierta aspereza que tenía el animal. Lo logró más con la zurda en una serie antes de que el toro se apagara por completo. Culminó su meritoria faena con otra serie buena en redondo antes de fallar con la espada.

El sexto tampoco le dejó lucir con el capote salvo en un quite por chicuelinas. Roca Rey comenzó la faena con estatuarios y se llevó al toro a los medios para ir haciéndolo en series con la derecha y también al natural. Fue faena técnica a un toro que no transmitía y que concluyó con un arrimón de los que cortan la respiración y bernardinas impresionantes. Esfuerzo del torero en una tarde de máxima responsabilidad.

ABC

Por Lorena Muñoz. Tarde de ¡Romero y sanseacabó!

Con el regusto del magnífico pregón que Alberto Garcia Reyes había pronunciado en el teatro Lope de Vega al filo del mediodía vivimos la tarde de estreno en la Maestranza. Recordando esa sociología de la plaza de toros que había apuntado el alcalde Juan Espadas tras calificar al texto de nuestro compañero como «uno de los mejores que se han pronunciado» sobre las tablas del recinto que planeó Aníbal González para la Exposición del 29.

En tarde de Domingo de Resurrección siempre aparecen nuevos personajes, nuevos rostros que conforman ese todo que es la plaza. Tuve la suerte de encontrarme con «la entendida» que nos narró punto por punto toda la corrida. Cómo El Juli tenía que sacar al primer toro a los medios para hacerle faena y a la vez pedía música a la banda de Tejera. No le faltó un «bien» y hasta un «ole» para cada pase que le gustó de la faena de Manzanares. Nos explicó varias veces quienes eran cada uno de los toreros y que había que clavar seis banderillas antes de cambiar el tercio.

A mi derecha, un señor que fumaba y comía pipas, callaba durante las faenas y solo rompió el respetuoso silencio de Sevilla en tres ocasiones. La primera para decir que hacía mucho aire cuando la muleta de El Juli flameó en el primero. La segunda para decir «uy» en el quite por chicuelinas ajustadísimas de Roca Rey. Y el tercero para preguntarme si escribía en alguna página y donde podía leer lo que anotaba. «En ABC, caballero. Hoy mismo en la web, mañana en papel».

A la izquierda, tres extranjeros, cámara en mano y también en silencio, no se perdían ni un solo detalle al tiempo que sufrían una barbaridad cuando los picadores realizaban la suerte de varas.

La fila de atrás dio mucho juego. Un joven aficionado sacaba fotografías con su cámara réflex en cada muletazo de El Juli y aplaudía las verónicas de recibo de Manzanares al segundo, fue apagando su intensidad de disparos a medida que avanzó el festejo.

Mientras tanto, intentábamos concentrarnos en lo que ocurría en el ruedo. El Juli venía a defender su indulto del año pasado, el de «Orgullito» y Manzanares el de «Arrojado» en 2011. Eso preguntó otro joven aficionado que iba por primera vez a los toros, que cómo se sabía si se indultaba un toro y cuándo los alguacilillos cortaban las orejas. Antes, su tío le había explicado qué función tenían y su origen para despejar la plaza. Después le aclaró por qué había que aplaudir a Juan José Domínguez cuando cerró al toro a punta de capote hasta el burladero.

Llegamos a la mitad de festejo y no había ocurrido casi nada. Había que animar el ambiente así que El Juli brindó al público a «Jara» un toro con el mismo nombre al que Roca Rey le cortó una oreja el año pasado. Pero eso fue el año pasado.

Por fin sonó la música para Manzanares en el quinto, que aunque protestado sirvió para que el alicantino -que domina la escena de este «Cielo Andaluz»- cortara una oreja tras su especialidad: la estocada recibiendo.

No quería irse de vacío el peruano Roca Rey al que le quedaba un último cartucho mojado con el que demostró su valor y dividió al público.

Mientras todo esto sucedía en el ruedo, me acordé de nuevo del pregón de Alberto García Reyes, en el que habló de un elegido. «Uno que después de 60 años de alternativa y de 19 de retirada sigue siendo el que manda». Me acordé de su último Domingo de Resurrección, el del 23 de abril de 2000. ¡Romero y sanseacabó!

21_abril_19_sevilla.txt · Última modificación: 2019/04/22 10:22 por Editor

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