Herramientas de usuario

Herramientas del sitio


24_agosto_17_bilbao

Plaza de Toros de Bilbao

Jueves, 24 de agosto de 2017

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Garcigrande (el cinqueño 1º) y Domingo Hernández.

Diestros:

El Juli: de grana y oro. Media estocada caída (silencio). En el cuarto, pinchazo, estocada trasera y rinconera. Aviso (saludos).

Alejandro Talavante: de negro y azabache. Estocada desprendida (saludos). En el quinto, estocada delantera y descabello (pitos).

José Garrido: de sangre de toro y oro. Pinchazo y estocada contraria al encuentro. Aviso (saludos). En el sexto, estocada baja (silencio).

Entrada: Dos tercios

Vídeo: https://twitter.com/toros/status/900797794021257216

Crónicas de la prensa:

La Razón

Por Patricia Navarro. Amargo golpe de realidad

No es fácil contar esta tarde desde el prisma de quien ama la Fiesta sin admitir un punto de derrota. Y en la derrota vive feliz ese amargor que envenena porque alumbra el final. Aunque no se quiera. Aunque lo neguemos apoyándonos en el libro del las “mil y una excusas”. De poco valen cuando llega la hora de la verdad. “Deprimido”, dios qué premonitorio, no era un guaperas, porque además dicho de paso la corrida de Domingo Hernández, más uno de Garcigrande, no tuvo su puntuación más alta en la presentación, y ni tan siquiera estaba “Deprimido” predestinado por el nombre. Desafiante al destino quiso el segundo de la tarde al menos moverse en la telas de Alejandro Talavante y captar la atención del público bilbaíno. ¿Y si pudiera ser? Se imaginan la dicha. Talavante lo vio claro al principio y nos dejó ver al toro en esa primera tanda en la que prendió la mecha, asomaba la magia. ¿Creerían posible volver a hablar de toros otra vez al acabar el festejo? Qué ilusa es la ilusión, porque de hecho lo que vio claro Talavante fue sólo el principio. Y pasado ese fogonazo, admitimos que el toro no era perfección, tampoco la vida, y detrás de esa movilidad había un derrote mediado el viaje, la tauromaquia se volvió dificultosa y el aroma de lo bueno se ahuyentó como si nunca jamás nos hubiera pertenecido. Como un tren fue el quinto de la tarde a la muleta de Talavante en el comienzo de faena. Un volcán. Y ocurrió, qué cosas, que a la vuelta de un pestañeo, se vino abajo el toro, y no sabemos si antes o después la faena. El caso es que no la hubo y la gente se enfadó.

Juli, la otra figura de cartel, no tuvo muchas opciones con un noble y apagado primero. Noble y apagada le quedó la faena. El cuarto fue otra cosa porque la embestida del de Domingo tuvo profundidad, tomaba el engaño por abajo y quería viajar. Y aquí vienen los peros que pueden ser infinitos o invisibles, depende de lo que de verdad pase en el ruedo. Es verdad que el toro se vino un poco abajo, pero tenía buenas condiciones. Julián nos las mostró, las vimos, pero sin acabar de mover las entrañas. Capaces ambos. Edulcoremos como queramos, pero nos sirve de poco si nos engañamos nosotros.

La juventud de José Garrido completaba el cartel. Le tocó un tercero que a diferencia de muchos toros de esta ganadería, que tienen movilidad y luego vienen los matices de la misma, esperaba un poquito más pero con nobleza y calidad a la hora de tomar el engaño. Fue un toro bueno este “Treinta y siete”. Y mantuvo esa calidad hasta el final, cuando se iba a encontrar con la muerte, complicaba la suerte al arrancarse con prontitud. Sumó Garrido muchos muletazos, afanoso, con voluntad, pero no agarró el camino del triunfo que de novillero y en esta misma plaza gozó hasta el infinito. El sexto tuvo complicaciones y resolvió. Tarde liviana. Retrato de una realidad que no nos deja bien parados. Y van pasando los años y vamos sumando cornadas.

El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna. Un “Treinta y siete” de premio gordo

Camino de la plaza, las banderas del Athletic ondeaban en los frontispicios de bares y tabernas. El partido europeo del equipo de Anson latía en el corazón de la ciudad. Y se sintió como lastre en la entrada. Un grito de “¡Athleeetic!” fue todo el aliento que encontró El Juli durante la faena al hondo y armado cinqueño de Garcigrande. Carente de poder y, sobre todo, de capacidad para humillar y voluntad de viajar. Las repetidas embestidas sobre las que Juli ganó terreno con mandonas verónicas desaparecieron en la muleta. Pasaba a derechas con escaso celo. Y ni eso a izquierdas. La técnica julista encontró agua. Media caída como el silencio.

El cuajado, redondo y castaño segundo de recogida cara -de Domingo Hernández como el resto de la corrida- apareció distraído en el oscuro ruedo bilbaíno. Alejandro Talavante añadía negritud a la arena con un terno catafalco y azabache. Sin opciones con el capote, en la muleta las hubo por el buen pitón derecho del garcigrande. Talavante desmayó su figura grequiana. Pronto y en la mano. Ya es sello talavantista la ausencia de prólogo. La luz vertical de aquellas dos series sembraron las ilusiones. Un bache las segó. El toro se vino arriba al no encontrar gobierno y el toreo se embarulló. A izquierdas ni igual ni parecida la embestida. AT apuntó con remontar en la quinta ronda, diestra de nuevo. El apunte se diluyó en una faena que tampoco contó con un epílogo. Una estocada desprendida, una simple ovación.

Como en tardes anteriores, la ruleta de la corrida escondía un premio gordo en un número: elTreinta y siete. Así era el nombre del tercero de Domingo Hernández. Castaño también, bizco del izquierdo, rematado como todos. Acometió en el caballo con empuje de bravo. Como su galope en banderillas. Una prontitud asombrosa. La fijeza, la humillación y el empleo por abajo. José Garrido principió la obra rodilla en tierra. Toreramente. Como en la trinchera y el pase de pecho a mano cambiada. Por una y otra mano, Garrido tuvo problemas de colocación. Y también brillantes derechazos y naturales. Cuanto más exigía al toro por abajo, con mayor profundidad respondía. Una tanda de ligados redondos fue el cénit de la faena. Vista Alegre rendida. Pero volvieron las intermitencias que partían las series. Entre destellos y vacíos. A todo siguió respondiendo Treinta y siete allí donde le llamara. Como se puso gazapón en la hora de la muerte, al extremeño le costó cuadrarlo. Un aviso, un feo pinchazo y una estocada contraria al encuentro dijeron adiós al todavía posible premio.

También arrastraron las mulillas entero a un cuarto tocado arriba de pitones que descolgó con mucha calidad. A los vuelos siempre. Algo dormido según avanzó la serena faena que El Juli pinchó. Adiós a los templados logros de asentada y natural planta y concepción. La muleta siempre puesta en pos de la ligazón. Y cuando la embestida se apagaba Juli la exprimía a pulso hasta el final. Como en los circulares. De otro modo y con sólo media muleta asomada a últimas. O en las luquecinas de despedida. Todo tan en su sitio no merecía la salida de la suerte en el volapié…

El quinto se aburrió y en se encogió en su apretada anatomía y Talavante se contagió de los mismos defectos de carácter y abrevió. Los pitos hicieron los honores a su actitud. Uno se viste de artista y, claro, luego pasa lo que pasa.

El último toro fue una prenda. No humilló nunca con fiero instinto depredador. Atacaba por el pecho. De mala manera prendió a Manuel Larios en la brega. Un derrote seco al mismo esternón y la brutal paliza en el suelo. Los pitonazos cruzaban por los costados, el cuello, la cara, como sables envenenados. Larios se incorporó dolorido y por su propio pie caminó hasta la enfermería. Demasiado poco a la espera del parte. Garrido resolvió valeroso el mal trago.

ABC

Por Andrés Amorós. Las figuras están muy cómodas

Después del paréntesis de los victorinos, vuelven las figuras, con sus toros: la ganadería de Domingo Hernández, una de las mejores, la preferida de El Juli. Son toros serios, con pitones, pero, en general, manejables; tercero y cuarto, de muy buen juego. Sin embargo, no se corta ningún trofeo ni hay ninguna faena completa, brillante. A los espadas hay que achacarlo; sobre todo, a las dos figuras, El Juli y Talavante; Garrido es el que más se entrega, aunque no triunfe.

En el coloquio del Club Cocherito, uno de los más antiguos y prestigiosos de España, me preguntan si creo que ha bajado la seriedad del «toro de Bilbao», santo y seña de esta Feria. Sinceramente, creo que, en presencia, en general, no; en casta y fiereza, sí, como en toda España, por la evolución hacia toros «artistas», «toreables», que «se dejan». Y, desde luego, lo que ha bajado mucho –también, como en toda España– es la exigencia del público. ¿Dónde quedó aquel público bilbaíno, educado pero de enorme exigencia? En la historia… Jorge Manrique lo dijo con más belleza: «¿Qué fueron sino verduras / de las eras?»

La decadencia del toro encastado es el gran mal de la Fiesta; su origen, la escasa exigencia del público, que tolera la comodidad de las figuras. ¿Influye tanto este factor? ¡Por supuesto! Cualquier sociólogo del arte lo sabe de sobra. Los antiguos actores de teatro anotaban, en sus libretos: «Aquí se ríen». Sabían dónde «colocar» el efecto cómico. Los toreros actuales conocen de sobra dónde «colocar» las chicuelinas, el pase del desprecio, los péndulos, los circulares invertidos, las manoletinas: bisutería, frente al oro puro de la verónica y el natural. Mientras eso les sirva para seguir cortando orejas…

Movilidad y nobleza Segunda actuación de El Juli. La anterior, con bondadosos jandillas, falló la espada. El primero repite con codicia en los lances de saludo, se deja pegar y, enseguida, flaquea: protestas; en la muleta, ni plantea problemas ni transmite emoción. A Julián le sobra oficio para lidiar correctamente a este tipo de toro. Mata yéndose de la suerte, con salto, trasero y caído: aquí no ha pasado nada. En el cuarto, que tiene movilidad y nobleza, algo apagada, liga muletazos con más oficio que inspiración. Recurre a los circulares invertidos, para calentar. Mata a la segunda, trasero, con salto. Parece haber perdido seguridad con la espada. No ha logrado, este año, su habitual triunfo, en Bilbao.

El castaño segundo se para ante el capote de Talavante: ¿cómo va a mostrar alegría un «Deprimido», delante de alguien que va de luto riguroso? Alejandro lo embarca con suavidad, aunque el toro protesta, rebrincado y el brillo queda a medias. Mata fácil pero desprendido. Recibe al quinto con delantales, sin estrecharse. El toro, incierto, no se entrega, se apaga pronto. Talavante, que ha brindado al público, tampoco: corta enseguida el intento de faena y tarda en matar. La gente, lógicamente, se enfada. Un vecino, gallego, me recuerda dos versos: «Una sombra tristísima, indefinible y vaga, / como lo incierto, siempre, ante mis ojos va…» Los escribió Rosalía de Castro, mucho antes de esta tarde.

Ladillo Bilbao ha sido decisivo para José Garrido: lanzado, la mañana lluviosa de los seis novillos; confirmado, una tarde, «a sangre y fuego» (como el libro de Chaves Nogales). Sale a por todas, desde su primer quite. El tercero tieneel número 113 pero se llama «Treinta y siete»: ¡misterios de la onomástica! Se luce el picador Aitor Sánchez. El toro repite y Garrido, muy decidido, logra muletazos firmes, mandones, con la figura algo forzada. Ha prolongado el trasteo y el buen toro se pone gazapón. Mata a la segunda, contrario. Ha mostrado gran actitud y falta de picardía. Calienta al deprimido público, en el sexto, lanceando de rodillas. En banderillas, el toro propina un varetazo a Manuel Larios. Garrido, muy firme, se pone en el sitio, le va sacando muletazos pero el toro transmite poco; recurre al molinete de rodillas. Mata rápido pero no bien. Ha demostrado sus ganas de ser torero.

Con toros manejables y grandes diestros, ¿cómo no ha habido ningún triunfo? Está claro, me temo: las figuras están muy cómodas y el público les exige poco. Pero una Feria como la de Bilbao merece mucho más.

Posdata. La «dureza de la afición bilbaína» le llevó a Manolete a no anunciarse en Bilbao, en agosto de 1947. (Lo cuenta Antonio Fernández Casado, en su reciente libro «Manolete de paso por Bilbao»). En las seis temporadas (1940-1945) que aquí toreó, siendo primera figura, mató corridas del Conde de la Corte, Pablo Romero, Moreno Ardanuy y Villamarta. Eran otros tiempos…

24_agosto_17_bilbao.txt · Última modificación: 2017/08/24 19:41 por paco

Herramientas de la página