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REAL MAESTRANZA DE SEVILLA

Jueves, 9 de mayo de 2019

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Santiago Domecq bien presentados, bravos, nobles; al segundo se le dio la vuelta al ruedo en el arrastre.

Diestros:

El Cid: de malva y oro. Pinchazo y estocada trasera (saludos). En el cuarto, estocada perpendicular y desprendida (silencio).

Miguel Ángel Perera: de coral y oro. Estocada desprendida y trasera (oreja con petición de la segunda). En el quinto, estocada (saludos).

Paco Ureña: de coral y oro. Buena estocada (saludos). En el sexto, pinchazo y media estocada (palmas de despedida).

Presidente: Fernando Fernández-Figueroa

Banderillero que saludó: Javier Ambel y Vicente Herrera y por la lidia capotera de Curro Javier

Tiempo: nublado

Entrada: dos tercios de entrada

Video: https://twitter.com/i/status/1126580688206082055

Galería de fotos: https://t.co/tO60ankppY

Crónicas de la prensa:

Portal Taurino

Puerta de Arrastre

Por Santiago Sánchez Traver Buen debut sevillano de los de Santi Domecq

Jueves de Farolillos, en la última etapa de la Feria y aspectos o motivos para recordar: la despedida ferial de El Cid (no me gustan las despedidas largas, de esas de “el manisero”, pero qué le vamos a hacer, unos las hacen y otros se van sin avisar), reaparecía Ureña en el coso maestrante tras su grave percance, mermado de visión, y se presentaba en Sevilla un encierro de Santi Domecq. Con gran éxito y lucimiento, hay que decirlo por delante. Toros nobles, pero encastados, muy bueno el 2º y destacados y encastados 4º y 5º. Que sigan viniendo y otras ganaderías que repiten, sí o sí, sin más mérito que el compromiso empresarial o el empeño de las figuras. El Cid no anduvo bien, aunque la gente estuvo cariñosa con él en tarde de adioses, dejándose ir el cuarto sin aprovechamiento alguno. Perera bien con el bravo segundo, con tandas de excepcional calidad, tuvo ocasión de redondear el triunfo, pero se le fue. Como también se le fue la mano en la estocada a su primero lo que impidió el doble trofeo. Decisión acertada del presidente, que no tuvo el mismo rigor en la polémica tarde de Padilla. Y Ureña, creemos que aún a falta de rodarse en esta temporada tan especial, tuvo el peor lote, pero cabe esperar más de él. En fin, mañana dicen que será la madre de todas las corridas, y el “no hay billetes” asegurado.

Lo mejor, lo peor

Lo mejor

Notable corrida de Santiago Domecq, en general vimos toros bravos, encastados algunos con más clase que otros ofreciendo buen tercio de varas y dando el juego suficiente en la muleta. El 2º de la tarde “Aperador” fue premiado quizás con una vuelta al ruedo en el arrastre algo excesiva. Miguel Ángel Perera se acopló a la perfección y pudo haber cortado la segunda oreja si la espada hubiese caído en mejor sitio. Muy acertado Fernando Fernández-Figueroa en no conceder el segundo trofeo a pesar de la fuerte petición de la segunda oreja.

Lo peor

Se le complicó a Manuel Jesús “El Cid” el último toro de su feria en Sevilla. El cuarto tuvo bastante movilidad pero era complicado de conducir y ligar. Quizás muchos se quedaron con un sabor agridulce y pensaron que el toro pudo con la faena del sevillano.

ABC

Por Andrés Amorós. Oreja a Miguel Ángel Perera con un gran toro de Santiago Domecq en Sevilla

Yendo hacia la Plaza, veo a una pareja que lleva el mismo camino. Ella, una gentil joven, vestida con un traje de flamenca negro con lunares blancos, le replica a su pareja: “¡Niet! ¡Niet!” No hace falta saber mucho para reconocer la lengua rusa . Imagino que vienen de la Feria y que van a los toros. El turismo internacional es muy bueno para Sevilla, por supuesto, pero me pregunto qué idea tendrá esta pareja del rito que supone ver toros en esta Plaza, cuántos habrá como ellos y su influencia en algunos criterios chocantes…

Como todo arte y todo espectáculo que se produce en directo, la Tauromaquia tiene componentes racionales (técnica, oficio) y otros, claramente sentimentales: la emoción que se produce en las Plazas. En el cartel de esta tarde, bien pensado, se unen varios elementos que apelan a factores emocionales: torea por última vez en la Feria de Abril El Cid y reaparece aquí Ureña. Debutan en este ciclo las reses de Santiago Domecq: flojea el primero pero los demás sacan casta y bravura. Se premia con la vuelta al ruedo al segundo, “Aperador·, colorado, de 575 kilos, al que corta una oreja Perera: un gran toro. En conjunto, un excelente debut.

Con veinte años como matador, El Cid está recogiendo en esta temporada, que será la última, el reconocimiento que merece por su trayectoria de torero clásico. Esta tarde, actúa por última vez en la Feria sevillana. (Volverá en San Miguel). Le reciben con una ovación. El primero, bonancible, flaquea ya de salida y lo sigue haciendo, le permite mostrar su clase en derechazos de buen trazo, acogidos con cariño y con música (por la izquierda, queda corto). Mata a la segunda. El quinto, con mucho gas, arrea en banderillas, acude pronto y rápido. Alterna El Cid buenos muletazos y momentos de apuro: lo lógico, con su maestría y su actual momento. Un toro para haberlo toreado, él mismo, hace unos años… Mata pronto, no bien.

No triunfó Miguel Ángel Perera, hace una semana, con los toros de Garcigrande. Con sólido oficio, alarga a veces sus faenas. Siempre cabe esperar de él que cuaje plenamente un toro. El segundo va largo pero clava el pitón en la arena y flaquea. Quita Ureña por gaoneras “al tragantón”, estilo José Tomás (el primer lance que dio, en su reaparición, en Valencia), y casi sufre un percance. Lidia Ambel con lances templados y Curro Javier saluda, con los palos. Comienza Perera citando de rodillas, en el centro, y dos pases cambiados suscitan el clamor y la música. Con un toro muy noble, liga muletazos mandones, largos y templados. Acaba dominando por completo al toro, en el mismo platillo. Mata de estocada trasera y desprendida: oreja, con petición de la segunda, y vuelta a “Aperador”, que ha dado gran juego. El quinto va de largo y empuja al caballo. Quita impávido Perera, con el capote a la espalda. Vuelve a lucirse Curro Javier: ahora, lidiando. Brinda al Niño de la Capea, se presiente la faena. Comienza haciendo la estatua, algo que no ayuda al dominio. El toro arrea, puntea la muleta, le hace pasar momentos de apuro y, sorprendentemente, acaba rajándose a tablas. Nadie lo esperaba, ni el diestro , cuando lo brindó. Así son los toros…

Después de la cornada que le hizo perder un ojo, reapareció con éxito, en Fallas, el murciano Paco Ureña. Su gesto y su toreo puro suscitan simpatía. Al tercero, codicioso, le mide bien el castigo Pedro Iturralde. Ureña dibuja suaves muletazos de mano baja pero el toro queda corto; en un natural, se lo echa a los lomos. La faena tiene mérito y riesgo pero no llega a prender. Agarra una buena estocada. Brinda el último al Cid, un bonito gesto. El toro embiste algo descompuesto. Ureña aguanta, firme, le saca algunos muletazos pero la faena no cuaja. Ha estado digno.

Sentenció Blas Pascal: “El corazón tiene su razones, que la razón no comprende”. Matizó Eugenio d’Ors, defensor del clasicismo: “ Y la razón tiene sus sentires, que el corazón no alcanza”. Esta tarde, el sentimiento general estaba de parte de El Cid y de Ureña pero se acabaron imponiendo el mando de Perera y la casta de los toros de Santiago Domecq, que han transmitido emoción, aunque crearan problemas a los diestros.

POSTDATA. – Me encanta la exposición “Maestranza. Geografía humana”, de Avilés y Delgado-Roig, en la Casa de la Provincia. Presenta una serie de buenas fotografías, en blanco y negro, y unos útiles textos , sobre los distintos personajes que trabajan en la Plaza de los Toros sevillana. Ellos hacen posible que el espectáculo se realice, aunque la gente no lo sepa: areneros, monosabios, mulilleros, mozos de cuadra, torilero, taquilleros, administrativos, periodistas, mayoral… Algunos de ellos (José Enrique, Fran), son amigos míos; a otros, los conozco, de vista; a bastantes, ni eso. Varios pertenecen a la tercera o cuarta generación que se han encargado de la misma tarea. Más allá de ganarse la vida, a todos les mueve un elemento vocacional: que la Maestranza siga siendo la joya que es. Por ello, debemos estarles agradecidos.

La Razón

Por Patricia Navarro. Perera, a las puertas del cielo con una corrida que tuvo la gloria

A tumba abierta se puso Perera en el centro del ruedo. A tumba abierta esperó lo indecible. Lo insufrible. Terribles los momentos. En esta ocasión el típico pase cambiado por la espalda de Miguel Ángel se había mutado en un pase cambiado por la espalda de rodillas, que así desde el tendido y con el toro frenado a cuatro o cinco metros se antojaba un suicidio. No le dio uno sino dos… Y una dosis extra de lexatines al público. El valor lo tiene de acero. Claramente. Temple y poder sumó después con ese segundo de la tarde, que tenía buena condición, humillación y nobleza. Pero es que Perera se lo hizo todo perfecto. Medido, plenitud en los tiempos, en la largura del muletazo, enroscado en la embestida del de Santiago Domecq. Avanzó la faena con una claridad de ideas brutal y el corazón a mil. De tal manera que no solo no tuvo ni un muletazo en balde, sino que se permitió crujir al toro con un par de tandas de naturales soberbias. Gozadas, sentidas y almacenadas en la memoria. Temple exquisito y sin esquema predefinido. En pie Sevilla. Y la estocada. Era de doble premio. Y el presidente lo negó. Y no sólo eso. Para más desastre de mal aficionado en el palco premió al toro con la vuelta, que fue un cómplice estupendo, pero para una ovación maravillosa y doble premio al torero que le permitiera mirar de frente a una Puerta del Príncipe ganada con la profundidad de su toreo. Estaba todo para una remontada con el quinto, con una lidia exquisita de Curro Javier, pero la casta resultó ficticia y poco tardó en no querer viajar, en revolverse y hasta en rajarse antes de que la cosa alzara el vuelo. Ya no pudo ser.

Apretó en banderillas el tercero y en la muleta de Paco Ureña después. Ya le había avisado por el izquierdo y se lo llevó por delante. No volvió la cara nunca jamás. Y se tiró a matar con una entrega y una verdad tremendas. Movilidad, pero con más dificultades tuvo el sexto. Esos matices trató Ureña de igualarlos y solventarlos apostando en su puesta en escena sin fisuras.

El Cid ha emprendido el camino de la cuenta atrás de la retirada. Ayer hizo su penúltimo paseíllo. Y un toro de Santiago Domecq le dio los últimos alientos para recrearse. Era el animal noble y repetidor, viajaba largo, con la raza justa, pero sin molestar. Lo supo Manuel Jesús que todo lo quiso hacer y casi todo lo hizo en el centro del ruedo. Acompañó la embestida del toro con más intención que resultado. Le costaba aquello. Encastado y bravo fue el cuarto. Lo supo, pero claro cuando se puso aquello pesó una barbaridad y nunca más se supo.

Perera estuvo a las puertas, pero lo cierto es que como el día anterior, hubo toros para la gloria. No se puede mirar al infierno.

El País

Por Antonio Lorca. Un gran espectáculo

La corrida fue un gran espectáculo gracias a la bravura y la encastada nobleza de los toros de Santiago Domecq, que han cosechado un gran éxito en su presentación en la Feria de Abril.

No fue lo que se dice un corridón, porque la felicidad nunca es completa, pero todos los toros presentaron un trapío aceptable, acudieron con prontitud a los caballos, galoparon en banderillas y repitieron con mayor o menor codicia en la muleta. Excelentes fueron el segundo, al que se le concedió el honor de la vuelta al ruedo, el cuarto y el quinto. No hubo, quede claro, grandes peleas en los caballos, pero no por falta de fiereza de los toros, sino por decisión de los toreros. Perdido en la práctica el tercio de varas y sometida toda la lidia a la faena de muleta, los lidiadores procuran aliviar el paso por el piquero para que el animal aguante los cien muletazos de la moda actual. De ahí, que se plantee la polémica sobre la justicia de la vuelta concedida al segundo. Con la ley en la mano, fue una exageración del presidente; pero si se mantiene la norma, ningún toro obtendrá nunca más ese honor. El tercio de varas fue, en verdad, una simulación porque así lo decidió su matador, pero Aperador, así se llamaba el toro, era de brava condición, como todos sus hermanos.

Enhorabuena, pues, al ganadero, que ofreció un gran espectáculo a pesar de que no hubo triunfos clamorosos, como se podría presumir por la calidad de los astados.

Eso; ¿por qué no hubo triunfos si hubo toros? Ya se sabe que los toros encastados no son fáciles, no admiten errores y exigen muletas poderosas y cabezas inteligentes. Y no siempre están los hombres de luces con la inspiración a tono para afrontar tal papeleta.

Perera solo cortó una oreja al toro de la vuelta. Quizá, si la estocada no hubiera caído trasera y caída, hubiera paseado los dos apéndices, pero… Se le vio, no obstante, transfigurado con la muleta en las manos. Se hincó de rodillas en el centro del ruedo y allí dio dos pases cambiados por la espalda que cerró con el de pecho en un instante cargado de emoción. El toro, repetidor, largo recorrido, con prontitud y fijeza en su embestida, le permitió que se luciera en un par de tandas con la mano derecha en las que sobresalieron muletazos largos y hondos. Sufrió un desarme tras un natural de categoría y aún dibujo otros más del mismo tenor. El toro, de menos a más, contribuyó sobremanera a una tanda final de derechazos sencillamente excelente.

Espectacular fue el tercio de banderillas del quinto, otro animal encastadísimo, alegre y fiero, que había metido los riñones en el caballo, y desafió engallado a los subalternos. Extraordinario su galope, como lo fueron el primer par de Javier Ambel y Vicente Herrera, y la lidia capotera de Curro Javier, que embelesó al respetable y este le obligó a saludar.

Decepcionó ese toro en la muleta. Desbordó por momentos a Perera, pero se cansó a mitad de faena y acabó rajado en tablas. Queda la incógnita de si se cansó o se aburrió ante la sosería del torero.

Casi curioso es el de El Cid. Antaño deleitó a todos con el mejor toreo clásico, y con el paso del tiempo ha aprendido a torear mal. No es el mismo torero. Se lució a la verónica en su primero, pero en cuanto tomó la muleta se lo comieron las prisas. No había transcurrido un minuto y ya había dado tres tandas de derechazos olvidables. No, hombre, no. No se puede pintar un cuadro en el tiempo de un café. Demasiada celeridad.

Y si mando ni reposo ante el noble y encastado cuarto, que lo superó de principio a fin.

Las prisas de El Cid contrastaron con la serenidad de Ureña. Fue verlo en el centro del ruedo con el capote a la espalda, en el primer toro de Perera, y todos se percataron de que allí había un torero. Las gaoneras no surgieron con la limpieza deseada, pero quedó sensación de grandeza. No tuvo el murciano el mejor lote, y su decisión no encontró el efecto soñado.

El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna. La importancia de Perera

Tres noticias en una se daban antes de que sonasen los clarines: Manuel Jesús El Cid hacía su último paseíllo en una Feria de Abril -cuatro Puertas del Príncipe le contemplan-, Paco Ureña regresaba a Sevilla después de, y la ganadería de Santiago Domecq debutaba en la Maestranza.

El Cid sintió la calidez y el cariño por los tiempos de gloria en una ovación temprana. Y luego en otra a la muerte del esbelto y corrido toro del debut de Domecq. Que se movió sin terminar nunca de humillar desde su elevada cruz. Con prontitud, fijeza y bondad pero sin entrega ni profundidad. Cid manejó fácil y a su altura aquel pasar. Y le exigió más en una tercera tanda a derechas, la que más trepó por los tendidos. No se daba igual por el izquierdo, pero el vetereno torero insistió: la música cerró el grifo de su generosidad. Y prácticamente ahí acabó la cosa.

La presentación de Santiago Domecq levantó el vuelo con Aperador, un toro hondo y colorado que no enamoraba por su abierta cara y su anchura de sienes. Hablo por mí. Que no supe descifrar que la bruta manera en la que acometió en los quites por apretadas chicuelinas de Miguel Ángel Perera y por ceñidísimas gaoneras de Paco Ureña -se escapó de milagro- era su manera de decir que lo quería todo por abajo. Esto lo entendió Perera a la perfección. Obviada la apuesta, o la puesta en escena, de la obertura de obra por cambiados de rodillas -si no rectifica le quita la cabeza-, lo suyo desprendió la importancia de aquel abrasador 2008. O de la remontada de 2014. MAP estuvo superior. De temple, aplomo y ligazón. Pesó su toreo exacto de rotundidad por las dos manos: Aperador se estiraba tras ellas con rítmico fondo y profundidad. De las postreras series que rendían Sevilla, la última reventó del todo el cotarro. Tan atalonada y hundida. El rugido presagiaba las dos orejas seguras. Que sólo el espadazo bajo y trasero anuló. O las negó el presidente Fernando Fernández-Figueroa con buen criterio. Quizá el que le falló para asomar el pañuelo azul -que no había pedido nadie- casi a la par que el del trofeo. No por la paridad en el tiempo, sino por el dadivoso premio para la notabilidad del toro. De ahí a la excelencia faltó.

La sinceridad de Paco Ureña sigue intacta. La sensibilidad de Sevilla no apareció esta vez para tributarle una ovación en su regreso. Seducían las hechuras de Libanés, su finura, su cortedad de manos, su expresión. Y apuntó buena condición y admirable humillación sin el poder para desarrollarlas. Ureña toreaba a los vuelos, encajado y sutil. Cuando se lo traía al natural, Libanés se venció y lo volteó. Afortunadamente lo empaló sin hacer carne. La faena continuó con el valor sencillo de lo auténtico. Sin que el toro fuera más allá de donde su contado empuje le permitía.

Mal lo pasó El Cid con el último toro de su última Feria de Abril. Una avispa que picoteaba informal, por el palillo el disparo. Cid, que había brindado el personal, se puso enseguida con su otrora dorada izquierda en un planteamiento tan generoso como errático: el toro lo desarmó y, crecido ante la ausencia de poder, lo desarboló. Borrosa faena de pies intranquilos.

Complicado también fue el quinto, de diferente conformación a todos: corrida abierta de sementales, habían anunciado los ganaderos. Por fuera y por dentro, no hubo uniformidad. Recto, por dentro y por la cadera se vencía el toro en la muleta de Perera. Tras la gran exhibición de Curro Javier con el capote en la brega, tocaba tragar ricino. Tragaderas de acero y seco valor del extremeño. Que en un quite por saltilleras había asustado al miedo. De recio y sordo brillo su esfuerzo. La Maestranza reconoció su seria tarde.

Ureña aprovechó con su honesto embroque el momento cabal del sexto en ese instante. Luego el toro no se rebosaba en las telas. Tan apoyado en las manos.

De las tres noticias que se daban en una, el adiós, el regreso y el debut, la mejor fue la que no contaba: la importancia de Perera. Con permiso de Aperador, el gran salvador de Santiago Domecq.

9_mayo_19_sevilla.txt · Última modificación: 2019/05/10 01:24 por paco

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