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Antonio Mejías Jiménez, Bienvenida

Caracas, el 25 de junio de 1922.

Su padre Manuel Mejías Rapela “El Papa Negro” toreaba en esos meses en América, acompañado de su madre, la sevillana carmen Jiménez. De pequeño viene a Sevilla, de donde procede la familia. Después se traslada a Madrid.

Debut en público: En 1936, pero la Guerra impide su lanzamiento.

Presentación en Sevilla: El 13 de junio de 1937, en un festival a beneficio de la Sección Femenina, no había cumplido los 15 años, y corta un rabo a un utrero de Juan Belmonte. Sus hermanos Pepe y Manolo, que fue cogido, banderillearon a todos los novillos.

Presentación en Madrid: El 3 de agosto de 1939.

Hecho notable: El 15 de junio de 1940 torea una novillada mano a mano con Paquito Casado, al que hiere el primero. Bienvenida tiene que matar los seis de Arranz, sólo cortó una oreja.

Temporada 1941: el 18 de junio obtiene un resonante triunfo en Las Ventas, alternando con Joselito de la Cal y Rafael Ortega. El 18 de septiembre triunfa rotundamente en Madrid como novillero tras una faena a un toro de Pérez-Tabernero. Sus compañeros de cartel, “Morenito de Talavera” y Juan Mari Pérez-Tabernero, también salen gloriosos de la Capital.

Alternativa: el 9 de abril de 1942 en Las Ventas. Padrino: Pepe Bienvenida. En principio estaba prevista el domingo 5 de abril, pero al pelearse entre sí varios toros de Miura en los corrales se invalidaron para lidia. El empresario propuso remendar la corrida con toros de otra ganadería a lo que los hermanos Bienvenida se opusieron, negándose a torear a otros toros que los Miura con los que estaban anunciados. Fueron detenidos y encarcelados, los dejaron en libertad el miércoles 8, para entonces ya habían venido otros Miura y la corrida se dio el día 9, siendo el toro de la alternativa “Cabileño”.

Temporada 1942: el 26 de julio recibe una cornada en el vientre, cuando lidiaba en la Monumental de Barcelona, en corrida de doce toros. Lo mantiene más de dos meses fuera de los ruedos.

Confirmación en México: marcha a México, tras acabar la temporada española. Confirma en El Toreo de México el 24 de diciembre de 1944 de manos de Silverio Pérez y con Carlos Arruza de testigo, con el toro “Currito” de Torrecilla.

Temporada 1947: Encerrona en Las Ventas el 21 de septiembre con seis de Antonio Pérez, cortando oreja a primero y segundo y dos al sexto. Vuelve a América y se presenta en Acho causando gran impresión en la primera Feria que se concedía el Escapulario de Oro, que gana Luis Procuna. Torea en solitario, el 23 de noviembre la segunda corrida extraordinaria fuera de abono y corta seis orejas. Le declaran Torero de Lima.

Temporada 1949: El 20 de noviembre es cogido en Acho por el quinto en banderillas, se escapa de la enfermería negándose a ser atendido, vuelve al ruedo y le corta el rabo. Ganó el Escapulario de Oro en su tercera edición por esta gesta, el primero había sido en 1947 para Luis Procuna.

Encerrona triunfal: El 30 de mayo de 1954 se encierra con seis toros en Madrid, en tarde triunfal, aunque sólo cortara oreja al cuarto y al sexto de Gracialiano. Los aficionados llegan hasta casa de su madre a vitorearle.

Temporada 1958: resultó cogido en Las Ventas el 17 de mayo, de pronóstico muy grave por uno de Cobaleda en el cuello.

La tablilla de peso: El 17 de abril de 1960, mano a mano entre Antonio y Juan Bienvenida en Madrid, primera corrida en que comienza a anunciarse el peso de los toros antes de salir del ruedo.

Hecho notable: Corpus de 1960, 16 de junio: la más grande encerrona de todos los tiempos. Bienvenida se anuncia con seis toros por la tarde y seis por la noche en Madrid. Sólo puede matar nueve. Su peón Antonio Checa impide que salga el décimo pues sufría fuertes calambres y es el sobresaliente Antonio Mahíllo el que mata los tres restantes.

Temporada 1966: se retira de los ruedos, despidiéndose en Las Ventas, el 16 de octubre. Le corta la coleta su hermano Pepe, en presencia de su hermano Angel Luis. Sigue actuando en festivales. Toca por última vez, hasta la fecha, la música en la plaza de toros Monumental de Las Ventas. Durante el tercio de banderillas a cargo de Antonio “Bienvenida” en la lidia del quinto toro de María Montalvo. Antonio brindó a la banda y ésta correspondió al brindis con los alegres compases de “El Gato Montes”.

Temporada 1971: reaparece en Las Ventas, el 18 de mayo, para confirmar la alternativa del mexicano Curro Rivera.

Temporada 1974: se retira definitivamente de los ruedos el 5 de octubre, en la madrileña plaza de Vista Alegre, aunque siguió actuando en tentaderos y festivales. Alternó esa tarde con Curro Romero y Rafael Soto Moreno “Rafael de Paula”. Toros de la ganadería de Fermín Bohórquez. Los dos últimos toros que estoqueo se llamaron “Genovés” y “Ventanero”. Video: https://www.youtube.com/watch?v=ySsJENcjjoQ

Falleció: el dia 4 de octubre de 1975, tentando unas vaquillas en la finca escurialense de Amelia Pérez Tabernero, una vaquilla le voltea aparatosamente, produciéndole gravísimas lesiones de vértebras, a consecuencia de las cuales muere en Madrid tres días después. La becerra se llamaba “Conocida” Nº 7 de pelo negro con 300 kilos de peso. Esta becerra era hija del semental “Navajito” indultado por su bravura el día 29 de Junio del año 1.968 en la Plaza de Toros de Segovia. La becerra embistió por detrás al diestro, lanzándolo al aire y cayendo este de cabeza produciéndole lesiones irreversibles en la quinta y la sexta vértebra.

Otros datos:Hijo del Papa Negro Manuel Mejías Rapela y hermano de Ángel Luis Bienvenida, José Bienvenida, Juan Bienvenida, Manuel Bienvenida y Rafael Bienvenida. En 1948 se casa en Madrid con María Luisa Gutiérrez Balbi. En 1956 ingresa en la Orden Civil de Beneficencia por la labor altruista que llevó a cabo mientras presidió el Montepío de Toreros. Miembro de la hermandad de la Esperanza Macarena.

Noticias

El Mundo. Sábado, 7 de octubre´2000. Un enemigo de la fiesta

Mañana se hará el paseíllo en Las Ventas sin música, recordando a Antonio Bienvenida. He aquí quien fue tildado de enemigo de la Fiesta e insolidario con los colegas: Antonio Bienvenida; dos veces el santóleo, el cuerpo cosido a cornadas. Y, al fin, el mayor sarcasmo que puede castigar a un torero tantas veces enfrentado con toros magníficos: muerto por una vaquilla resabiada y traidora.

En 1952, cuando el afeitado estaba en su apogeo, Antonio Bienvenida alzó voz y muleta contra el fraude. Y se quedó más solo que la una. Al denunciar el afeitado y negarse a torear reses manipuladas, dejó al descubierto los fundamentos, circunstanciales por supuesto, de la tauromaquia de unos cuantos fenómenos: el utrero abecerrado y, además, afeitado. Antonio Ordóñez fue el adalid de la conjuración. Pero no estuvo solo. Al veto del torero de Ronda, indiscutible mandamás del momento, se unieron Antoñete, Jumillano, Pedrés y Rafael Ortega, quizás el más grande y puro del último medio siglo, aunque siempre sin mando. Fueron los más significativos. Julio Aparicio, beligerante al principio contra Bienvenida, rompió el veto apuntándose a un ruidoso mano a mano con el vetado. Sólo la ayuda de Pérez Tabernero, que había aportado seis toros una semana antes para una corrida en solitario de Antonio en Las Ventas, ayudó a Bienvenida en esos difíciles momentos.

Los recelos contra Bienvenida nunca se disiparon. Y fue acusado de «enemigo de la Fiesta». El afeitado no desapareció entonces, aunque alguna disposición se reflejó en el Reglamento. Y ahí sigue. ¿Quién podría hoy emular el gesto de Antonio Bienvenida? Los aficionados esperan y la gloria está al alcance de la mano. ¡De frente, ar! A ver si surge otro «enemigo de la Fiesta».

El País. Sábado, 7 de octubre´2000. JOAQUÍN VIDAL. La quintaesencia del toreo

Tal día como hoy, a primera hora de la tarde, moría en el hospital madrileño de La Paz el maestro Antonio Bienvenida, artífice de la quintaesencia del toreo, como consecuencia de una fractura de cervicales que dos días antes le había ocasionado la vaquilla Conocida en la ganadería de Amelia Pérez Tabernero. La res, a la que ya se había dado puerta y galopó al campo, inexplicablemente volvió grupas, entró en la placita de tientas y cogió desprevenido a Bienvenida, al que derrotó por la espalda y le dio una voltereta tremenda. Las lesiones que se produjo al caer fueron irreversibles. El hermano del diestro, Ángel Luis, que le acompañaba en el tentadero, lo trasladó a Madrid y dispuso la asistencia sanitaria, que no tuvo resultado. La noticia de la muerte produjo una enorme conmoción en todos los ámbitos sociales e institucionales pero sobre todo entre las clases populares, para quienes Antonio Bienvenida era uno de los grandes personajes de la época. Al día siguiente, antes del entierro, ante una emocionada multitud que abarrotaba la plaza de Las Ventas, se dio una vuelta al ruedo al féretro.

Antonio Bienvenida, hijo del mítico Papa Negro, era el tercero de una gloriosa dinastía. Pero la historia dice sobre todo que fue la quintaesencia del arte de torear.

Ya lo comentaba la afición coetánea: “El día que se retire vendrá la decadencia de la fiesta”. Y este augurio, cuya certeza ha demostrado el tiempo, se fundamentaba en las características de Antonio Bienvenida que no tenían parangón: vocación total, respeto litúrgico por la profesión, entereza asombrosa para superar los infortunios que le acarreó, conocimiento enciclopédico de las suertes de la tauromaquia, una técnica acendrada para ejecutarlas, una insuperable pureza interpretativa.

Se ha comentado que Antonio Bienvenida era el torero de las sonrisas, y para desmerecer su arte lo han venido propalando algunos taurinos. A “dos trincherazos y tres sonrisas” pretendieron reducir los merecimientos de sus memorables actuaciones. Y es una falacia probablemente fruto de la ignorancia que sobre la fiesta tienen la mayoría de los modernos taurinos y sus pupilos. Bienvenida sonreía al torear, cierto, lo cual mostraba fácil lo que estaba realizando con el peligro que entraña ejecutar la versión más pura de cuantas suertes conforman la tauromaquia.

Fue torero de tardes memorables y de fracasos sonados. A Antonio Bienvenida, ni en Madrid -que era su plaza- se le perdonaba movimiento mal hecho. Las más encendidas broncas se le han dedicado a este torero. Ahora bien, nunca por torear mal, porque no sabía torear mal. Sus malas tardes contenían secuencias de inefable torería. Se doblaba con el toro ganándole terreno mediante unos muletazos que ponían al público en pie, remataba en los medios, y allí, ya dominado el toro, montaba la espada y entraba a matar. Naturalmente trocando los olés en furibundas protestas.

Las tardes en que salía decidido a triunfar alcanzaba lo sublime. El toreo al natural nadie lo ha interpretado con mayor autenticidad. En la corrida del Montepío del año 1955, una de las históricas de su intensa carrera, lidió seis toros con asombrosa perfección y les hizo seis faenas de muleta distintas. Todo tipo de suertes iba desgranando según las condiciones de cada res. Hasta en un derribo (entonces los toros no se caían, tomaban las tres varas, solían derribar) sorprendió el quite que le hizo al picador caído al descubierto, envolviendo la cara del toro con el capote para que no lo viera. La tarde iba apoteósica y en el cuarto toro alcanzó la cumbre: ligó tres tandas de naturales en un exiguo espacio de redondel que enloquecieron a la afición y dejaron la muestra indeleble de lo que es torear.

La faena que años después hizo en San Sebastián de los Reyes a un toro de Cembrano ha quedado como la mejor de su vida y es cierto. Sin embargo la afición salía de la plaza comentando también el trasteo de pitón a pitón, pura filigrana, con que ahormó el peligroso cabeceo del toro lidiado en primer lugar.

El arte de Bienvenida no se limitaba al estilismo sino que era un lidiador nato, con vastos conocimientos acerca de las características de los toros y un amplio repertorio para dominarlos.

La corrida-concurso de Jerez del año 1965 constituye un revelador referente. La toreaba Bienvenida mano a mano con Antonio Ordóñez y el quinto toro, de nombre Cubanosito, pertenecía a la ganadería de este torero. Bienvenida no permitió a Ordóñez que entrara a quites. Asumió la lidia, ordenó al picador que se colocara en un determinado lugar y desarrolló un recital de toreo de capa poniendo en suerte al toro, que se arrancaba presto al caballo, desplegando un fastuoso surtido de lances ante el asombro de la afición jerezana que disfrutaba con aquel espectáculo.

Llegado el turno de muleta, Bienvenida toreó por la derecha y por la izquierda sin ayuda de estoque convirtiendo cada pase en un alarde destinado a exhibir la nobleza del toro, que fue indultado. Todos pasaron a la historia por aquello merecidamente; aunque a un servidor le pareció que el toro no era tan bravo como demostró Bienvenida jugando con sus querencias.

Pasajes dramáticos marcaron la trayectoria profesional y humana de este torero de leyenda. La cornada de Barcelona, el año 1942, al dar el pase cambiado, que quizá no se le curó del todo en la vida; la del cuello en Madrid el año 1956; otras muchas a lo largo de su trayectoria. Hay otras facetas insoslayables en su biografía como la denuncia del afeitado, que puso en evidencia a las muchas figuras que se aprovechaban entonces de aquella corruptela. El recuerdo de Antonio Bienvenida, vivo para quienes conocimos su toreo, requiere más perfiles pues mantuvo la esencia del arte de torear en muy diversas épocas de la tauromaquia.

Por ejemplo, ya en tiempo de Manolete, que había cambiado el parar, templar y mandar por el ventajista toreo de perfil; las etapas de Aparicio y Litri, de Ordóñez y Manolo Vázquez -dos de los pocos diestros de escuela-, del Chamaco con su pase del fusil, del arrojado Chicuelo II, de tantos como iban y venían tomando la cabecera de los escalafones e imponiendo modas. Antonio Bienvenida constituía la reserva, a veces única, del toreo verdadero. Hasta en aquella década desgraciada de los años 60 en la que la fiesta se llenó de corrupción, del arte de torear hicieron mofa, lo convirtieron en esperpento y dieron el mando del toreo a un zafio caricato llamado El Cordobés.

Retirado El Cordobés aún quedaba Antonio Bienvenida, manteniendo vivos los cánones de la tauromaquia eterna. Se retiró en octubre de 1974 y unos meses después la vaca Conocida causaba la tragedia. “El día que falte vendrá la decadencia de la fiesta…” Y el augurio acertó. No hay más que mirar este yermo campizal de la moderna tauromaquia. El arte de torear, su riqueza y su quintaesencia son pura entelequia.

bienvenida.txt · Última modificación: 2016/10/05 17:00 por paco

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