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Plaza de Toros de Las Ventas

Domingo , 24 de junio de 2018

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Montalvo, todos cinqueños, cuajados y serios; limitado de poder y fondo el 1º; encastado el 2º; bravo y reponedor el 3º; mansito y con clase el 4º; notable el gran 5º; noble el 6º sin humillar.

Diestros:

Octavio Chacón: de purísima y oro, en el segundo, pinchazo y gran estocada (saludos). En el cuarto, estocada y dos descabellos (aviso, petición y vuelta).

Javier Cortes: de azul y oro, en el tercero, estocada caída (saludos). En el quinto, estocada corta (petición y vuelta).

Tomas Campos: Confirma, de verde y oro, que confirma la alternativa, en el primero, dos pinchazos y dos descabellos (aviso, palmas). En el sexto, dos pinchazos, estocada y dos descabellos (aviso, ovación).

Entrada: Un tercio

Imágenes: https://www.facebook.com/pg/PlazaLasVentas/photos/?tab=album&album_id=1684699081626197

Video: https://twitter.com/i/status/1011000827069202433

Crónicas de la prensa

ABC

Por Andrés Amorós. Repiten triunfo Chacón y Cortés en Las Ventas

Un buen cartel de toreros, en la tarde de San Juan, a la Plaza de Las Ventas nos empuja a caminar. Que por junio era, por junio, con un calor infernal: Chacón triunfó en San Isidro, lo confirma todo y más, igual que Javier Cortés, con su valor natural. Los serios Montalvos dan muy buen juego, en general.

Logra por fin confirmar su alternativa este Campos, que responde por Tomás. Muletea con buen gusto y reposado compás al primero: dura poco porque tiene poco gas. Ha brillado al natural pero todo lo emborrona con sus fallos, al matar. Luce otra vez fino estilo con el último animal, que ha acabado repitiendo con una gran calidad pero la pícara espada otra vez vuelve a fallar.

Chacón es un gaditano, ha nacido junto al mar, pero, para abrirse paso, ha tenido que emigrar, como cantó Valderrama en su copla popular. Coloca Octavio al segundo de lejos, para picar. Templa y corre bien la mano con gran naturalidad; sabe muy bien lo que hace, da una lección de lidiar. Madrid tiene otro torero: una vuelta debió dar. Lancea muy bien al cuarto aunque se quiere escapar: tira de él, conduce y manda como un gran profesional; pone al público de pie su forma de rematar. Aunque le nieguen la oreja, da vuelta al ruedo triunfal. «¿Tenemos otro Manili?» Sólo respondo: «¡Ojalá!»

Cortés engancha al tercero, se la juega de verdad; logra rotundos olés, pues nunca da un paso atrás. El espadazo caído la oreja impide cortar. Barbea tablas el quinto pero embiste con afán pues Cortés le planta cara con mucha rotundidad: un trasteo emocionante. Le prende el pecho, al matar. El presidente le niega la oreja: ¿qué más le da?

Cortés, Chacón, mano a mano: lo debían anunciar.

¡Quién hubiera tal ventura en Madrid, al torear, como Chacón y Cortés, en la tarde de San Juan!

El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna. Un corridón de Montalvo

Cuando el calor granítico aflojaba y había caído la tarde, la gran corrida de Montalvo había ganado a los puntos. Cinqueña en su totalidad. Y rematada. Cuajada a falta de ser cuajada debidamente. Distintos grados de casta y bravura. Que abundaron en el segundo y tercero. Con sus matices para el torero, claro. De mucha movilidad siempre. No tanto en el toro de apertura. De lejos el de menores prestaciones. Y la clase del mansito cuarto. Ese toque especial para abrirse que también habitaba en el quinto. De mayor motor y duración. Despidió el más que notable sexteto la nobleza de un último que no terminó de humillar.

En lo numérico, Octavio Chacón y Javier Cortés se quedaron, por hache o por be, en la frontera de la oreja y pasearon sendas vueltas al ruedo. Sin embargo, el toreo de más calidad vino en las muñecas de Tomás Campos. Ni tan afortunado en el sorteo, ni tan preciso con la espada.A Octavio Chacón lo recibió Madrid en su regreso tras la saltillada como a un héroe. Chacón confirmó a Tomás Campos la alternativa. Y Campos confirmó su buen corte. Con los mínimos de un toro limitado en todo. Lo justo para que le echase los vuelos desde su izquierda. Desde la colocación clásica y enfrontilada, dibujó bellos naturales a pulso. Casi de uno en uno.

Octavio Chacón puso al encastado segundo muy en largo en el caballo. De primeras. Sin el orden progresivo. Galopó el montalvo. La firmeza del jerezano fue su mejor baza con el pistón de la embestida. Tres o cuatro series de torero curtido en ásperas batallas, defendiendo el sitio. Cuando presentó la zurda, el viaje acusó el desgaste. Y siguió por la mano de más nota. El broche genuflexo alcanzó cotas no conquistadas antes.El toque mansito del cuarto traía la clase. En ese irse sin irse. Tras una triada de recias tandas, quiso marcharse. Octavio Chacón se lo sacó a los medios para evitar la querencia. Y allí la colocación con la zurda no fue igual. Amagó de nuevo la huida. Y el jerezano cerró inteligente hacia tablas. Entró a matar a ley. Pero necesitó del descabello. El palco no atendió la petición. Quizá no mayoritaria.

Como la de Javier Cortés, que también se tiró a matar o morir -terrible la imagen colgado de un pitón- después de una faena con momentos de encaje y mano baja con el gran quinto. Que tanto manseó en los tercios previos. Todo lo contrario al bravo tercero. Que reponía sin salirse de los vuelos de un decidido Cortés. Todo lo trató de hacer por abajo en sus costosos intentos por ligar.

Campos volvió a plasmar su caro sello con el manejable sexto. La fe se disolvió espada en ristre.

La Razón

Por Patricia Navarro. El toreo aquella tarde de verano

Los olés surgieron espontáneos, como aquella tarde cuando Octavio fue, porque era, aunque pocos lo sabían. Lo sabíamos. Y el toreo, las vocaciones verdaderas, esperan a pesar de la ingratitud. Y una ovación le aguardaba en su vuelta. Y unas arrancadas para armarse en torero y toreo a la verónica. Lució al toro después en varas en la distancia, que era el segundo, y replicó el quite de Cortés que dejó la barriga al servicio del toro, como si no doliera. Tuvo mucho que torear el animal después porque el toro repetía, tenía codicia y ese punto de desigualdad en el viaje, de embestir por dentro, que hacía que todo estuviera pendiente de un hilo. Octavio no volvió la cara nunca, ni por uno ni otro pitón, y así el interés de la faena. Hasta los doblones finales, los más toreros. 610 kilos tuvo el cuarto y un descontrol de lidia, a pesar de que Octavio se había lucido en el saludo de capa. Fue toro bueno después, repitió, con humillación y transmisión y la única pega que miraba a las tablas con ojitos de querer y de vez en cuando se quiso ir. Retuvo las intenciones del toro Octavio llevándoselo a los medios y ahí la faena tuvo buenos pasajes. A pesar de que la espada no fue lo efectiva que quiso dio una vuelta al ruedo. La buena tarde le precedía.

Javier Cortés volvía de volver. De aquella cornada y de aquella voltereta que le hizo daño de nuevo. No dudó en irse al centro del ruedo y esperar al toro como si fuera a dar un estatuario y sorprendernos con una especie de trinchera. Tenía el toro velocidad en la repetición y descolgaba, también cierta irregularidad que hacía difícil que la faena tuviera uniformidad. Buscó los resortes del animal Cortés en una faena de buenas trazas que remató de una estocada punto caída. Había manseado el quinto sin ocultarlo, pero también quiso coger luego la muleta sin guardarse nada. Lo supo Cortés y lo quiso aprovechar. La faena no le salió siempre rotunda, pero sí contó con la cara de la verdad. Sin respiración nos dejó en la suerte suprema, cuando se echó derecho y le cogió por el pecho. Se le pidió el trofeo y el presidente no lo dio. La vuelta al ruedo resultó incontestable.

Tomás Campos había venido a confirmar la alternativa y esas buenas condiciones que se rumorean aquí y allá. Había ganas. El toro protestó por la falta de puras fuerzas que tenía y descolgó al natural. Pena que no tuviera empuje para haber elevado esos naturales de categoría del diestro. Esa faena que brindó a Urdiales: la única manera de ver a los toreros caros (ironía servida) en esta plaza. Encastado fue el sexto con el que mostró un concepto muy de verdad. Siempre. Sin fisuras. Igualando las desigualdades del toro con un toreo con mucho poso, taladrado a la arena, los pechos, en el cite, queriendo rematar atrás. Hecho y cuajado el día de la confirmación. La faltó espada. No corazón. Mientras Montalvo había echado una buena corrida. Una tarde de esas de verano de las que se podrían recordar.

madrid_240618.txt · Última modificación: 2018/06/25 11:23 por Editor

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