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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MERCED
Tarde del lunes, 4 de agosto de 2003
Corrida de toros

Manuel Jesús El Cid, triunfador

Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Celestino Cuadri, De buena presentación aunque sin fuerzas. Destacó el sexto, un manso de salida que rompió a bueno en la muleta.

Diestros:

Crónicas de la prensa: PortalTaurino, ABC, Diario de Sevilla.


PortalTaurino. Manuel Viera Antológico toreo de muleta de El Cid

La decepción en los tendidos era manifiesta en el transcurrir de la última corrida del abono colombino. Los toros de los herederos de Celestino Cuadri, por una u otra causa, se derrumbaban en el albero nada más salir. La manifiesta falta de fuerzas se hacía patente y sólo su presencia  en el ruedo de toro serio y bien hecho destacaba. Para colmo de males, el infortunio de los últimos días – tres toros morían asfixiados en los corrales de la plaza- tenía continuidad y dos más se lesionaron en el ruedo incrementado la estadística de toros mutilados durante la lidia para Dávila Miura. No se puede tener peor  suerte que la que tiene el diestro sevillano con este tipo de accidentes. Cuando no es el pitón partido es la pata, y en esto gana por mayoría Eduardo Dávila Miura.

Pero nunca es tarde si el toro llega y el toreo se hace. Excelente oportunidad la que le ha brindado el sexto toro de Cuadri a El Cid para dar a conocer en su debut en La Merced, y en toda su integridad, la autenticidad y belleza de su tauromaquia. El  Cid toreó, y lo hizo en idioma universal, ese que entiende todo el mundo, a pesar de que no parece fácil ejecutar de tal manera tan cargados sentimientos. Demostró ser un torero poderoso, incluso trasparente y de refinadas y sutiles maneras. Su visión del toreo es muy tradicional, pero no por ello  deja de ser brillante  y variado. El Cid toreó de manera primorosa al natural, tuvo tino en el enlace de cada pase, en hacer y deshacer para después estirar el trazo en un recorrido que nunca termina. Los de pechos perfectos y las trincherillas sentidas. Con cuidadosa ejecución trazó redondos y circulares, y hasta mató para no dejar escapar una puerta grande que buscaba con ahínco. Emocionó el toreo de El Cid, tanto como si la vida en los tendidos, por un momento, fuese un prodigio de levedad y magia. Antes, aprovechó del inválido tercero la calidad de sus embestidas. Toda una antología del toreo de muleta de El Cid en la tarde onubense.

La corrida de Cuadri no ha sido buena, la calidad de algún que otro toro la anuló la falta de fuerzas. Solo el tercero fue aprovechable, y sobre todo el sexto, un manso de salida que se transformó en la muleta de El Cid. 

Ni  Dávila Miura, ni  Jesús Millán tuvieron toros para el triunfo. El sevillano anda con su mala suerte a cuesta, sus dos toros se partieron la pata y quedaron inservibles para la lidia. Aprovechó la calidad de las embestidas del primero con un toreo al natural largo, pausado e incluso ligado. Fue lo único. Con el cuarto ni desplegó la muleta.

Con Millán habrá que esperar. Sus dos parados toros sólo le sirvieron para demostrar voluntad por agradar.


ABC  Fernando Carrasco. Triunfo incontestable de El Cid en medio de la adversidad

El calor, que lleva haciendo estragos en toda España, ha tenido en Huelva un punto trágico. Un total de cuatro toros, desde que comenzó el ciclo colombino, han muerto. Uno de José Luis Pereda y tres de Celestino Cuadri, la corrida que se lidió ayer para concluir esta Feria. Precisamente, en esta tarde que la climatología fue más llevadera, nos encontramos con otro problema. Sobre todo Eduardo Dávila Miura, que comprobó en sus carnes cómo sus dos astados se partían una de las manos, quedando prácticamente inservibles para la lidia, en especial el cuarto, que se la fracturó durante el tercio de banderillas. Y es que la corrida resultó, cuando menos, accidentada en este sentido. Y eso que los cuadris, impecablemente presentados y con unas hechuras preciosas, tuvieron nobleza en general pero una falta de fuerzas alarmante. Lo palió, en cierta medida, el sexto, un muy buen toro.

En el aspecto positivo, el triunfo de otro sevillano, El Cid, que en su presentación en el coso de La Merced evidenció que es uno de los diestros que mejor torea al natural en estos momentos. Cumplió con el capote y, desde ese mismo momento, se dedicó a cuidar a su primero, que embestía con muy buen son pero que doblaba las manos estrepitosamente. El Cid comprendió que había que pulsearlo de manera tersa, sin brusquedades. Así lo hizo y el de Cuadri se fue viniendo arriba. Repetía y entonces surgieron los naturales de Manuel Jesús: limpios, largos, acompasados, rematados con los de pecho de pitón a rabo. Centrado, firme, sabiendo lo que se traía entre manos. Por el pitón derecho toreó en redondo con cadencia y sapiencia. No eran largas las series pero sí intensas. Lo mismo que la faena. Se volcó en la estocada, de la que salió rebotado aunque sin consecuencias. Oreja de las de ley.

Se frenó de salida el sexto, escarbando mucho y huyendo de manera indecorosa del caballo. Se vino arriba en banderillas y comenzó a embestir de largo. Distancia, mucha distancia, le dio el torero. Y de nuevo afloró el toreo al natural. Pero con mayúsculas. Y esta vez, la series largas, embebido el astado en la portentosa muleta de El Cid, que hilvanaba uno y otro natural hasta allí de largos, cerrados con pases de pecho de una lentitud estremecedora. Y sobre la diestra, relajado, toreando también de largo, de frente, cargando la suerte. Un toro extraordinario y un torero en un momento sensacional. Faena de dos orejas que se quedó en una por pinchar antes de la estocada. Pero triunfo incontestable.

Anduvo con buen son Dávila manejando el percal ante el que abrió plaza, falto de fuerzas. Lo cuidó y sacó todo el partido posibles de las embestidas francas y nobles. Pasó apuros el sevillano en la larga cambiada de recibo al cuarto, que le obligó a entrar de manera precipitada en el burladero. Se quedaba corto el de Cuadri y en el tercio de banderillas el astado, dicho está ya, se partió la mano izquierda. Ahí se acabó todo. Qué mala suerte, Eduardo.

Jesús Millán expuso una enormidad con el tercero. Con el sobrero de la Dehesilla anduvo encimista y tesonero.


Diario de Sevilla. Luis NietoEl Cid firma la mejor faena de la feria

Cuadri recompuso la corrida que se lidió con tres toros que reemplazaron a los tres astados que cayeron el domingo debido a la sofocante ola de calor. De los que sobrevivieron, varios de ellos no se tenían en pie. Sin duda, es la corrida más blanda de Cuadri que he visto. Se completó con un sobrero, lidiado en quinto lugar, de Pereda, también muy flojo.

En el cartel, dos sevillanos -Dávila Miura y El Cid- junto al zaragozano Jesús Millán. Éstos dos últimos, debutantes. El Cid acabó como triunfador, Millán cumplió y Dávila quedó inédito ante un lote que se inutilizó.

La imagen para La Fiesta, en el toro que abrió plaza, a través de televisión, fue patética. El cuadri se desplomó en varias ocasiones, pese a una labor de enfermero de Dávila, que alargó en exceso, hasta que el animal, pronto y noble, se partió la mano izquierda.

El cuarto, un ejemplar de casi 600 kilos -594, exactamente- también adoleció de falta de fuerzas. De salida, se quedó cortó y a la espalda de Dávila tras una larga cambiada de rodillas. El diestro, falto de reflejos, se levantó torpemente, fue perseguido y se libró, de milagro, de una cornada cantada. Al animal sólo le propinaron un leve puyazo. El astado, en el último par de banderillas, se rompió la mano derecha. Dávila no tuvo opción y entró a matar de inmediato.

Jesús Millán porfió con el segundo, al que le faltó clase. El toro esperó en el segundo tercio e hizo que arriesgaran mucho los banderilleros; destacando Fernando Téllez y Jesús Arruga, que fueron ovacionados. En la muleta, parado, tardo y embistiendo con la cara alta, hizo imposible el lucimiento del diestro.

El quinto, derrengado, fue sustituido por un sobrero del hierro de La Dehesilla, de Pereda, aún más flojo. Jesús Millán lo recibió con una larga y un farol de rodillas, en los tercios. Tras un puyazo, el astado se defendió ante su debilidad. Millán porfió en vano en un trasteo que terminó en un arrimón y una estocada.

El Cid logró una meritoria faena, larga, en la que sobó mucho a un toro incierto y blando, al que sólo propinaron un picotazo y perdió las manos en banderillas y en la muleta. El sevillano fue confiando al animal hasta conseguir una buena tanda al natural, que hizo sonar un pasadoble y acabar con lo que hasta ese momento era un funeral. El torero hilvanó buenos pases por ambos pitones, especialmente por el izquierdo. En un pase de pecho por ese lado, tras haber rematado una tanda con la diestra, estuvo a punto de ser cogido. El astado le esperó en la suerte suprema y, a cambio de un espadazo, le dio un varetazo en el muslo derecho, rompiéndole la banda de la taleguilla, sin calarle. Ganó una merecida oreja.

Otro apéndice cortó al sexto, al que hubiera desorejado si le mete la espada a la primera. El toro, manso, rompió gracias al diestro. De salida, olisqueaba el albero. Se lanzó al caballo de un salto y huyó al sentir el hierro. El diestro de Salteras, que brindó a Macandro, se impuso al burel gracias a su muleta poderosa, que acabó siendo imán airoso con el que prendió al animal. Dibujó una seria al natural larga e inmensa, de orfebrería cara, que cerró con una afarolado, ligado al de pecho. La siguiente tuvo algo menos de brillo. Con la diestra, casi a cámara lenta y con gran empaque, cinceló otra serie de escándalo, que abrochó con un pase del desprecio a un toro al que se impuso de manera soberbia.

El Cid firmó la mejor faena de las Colombinas con este complicado sexto, al que pudo y luego acarició con su suave y tersa muleta ¡Ahí es nada...!

 

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