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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA

MÁLAGA
Tarde del miércoles, 28 de febrero de 2001
 
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de José Luis Pereda (cuajados en general: 1º bravo y sin fuerza; 2º, manso; 4º, inédito; con genio los demás).

Diestros:

  • Espartaco, estocada baja a paso de banderillas (ovación y saludos); dos pinchazos y se echa el toro (ovación y saludos).

  • Rivera Ordóñez, estocada caída ladeada (ovación y saludos); estocada atravesada que asoma y estocada trasera caída (aplausos).

  • Martín Antequera, (estocada trasera y dos descabellos (petición y vuelta); estocada tendida atravesada y tres descabellos (petición y vuelta). El diestro toma la alternativa.

Entrada: más de tres cuartos de entrada.

Crónicas de la prensa: Diario Sur, El País.


Diario Sur.  Pacurrón. El malagueño Martín Antequera da dos vueltas al ruedo en la tarde de su alternativa
Espartaco y Rivera Ordóñez tropezaron con el mal juego de los toros y el fuerte viento

Las cámaras de Canal Sur no pudieron ofrecer ayer desde La Malagueta un brillante espectáculo y de ello cabe responsabilizar tanto a los toros como al viento que, a ratos, sopló de forma violenta poniendo en apuros a los toreros. Los toros de Pereda, porque aunque hubo dos de La Dehesilla todo tiene la misma procedencia, no respondieron como de ellos se podría esperar, quizá porque el único que estuvo en tipo fue el que abrió plaza.

Hay que hacer constar que los pesos que se reflejaban la tablilla no tenían nada que ver con la realidad y que el más pequeño, precisamente el primero, era, según esa indicación, el de más peso. No se lo creyó nadie.

La cosa empezó con un toro que se cayó varias veces en el primer tercio pero que luego se afirmó y desarrolló nobleza y bondad en la muleta. Fue el toro soñado para una alternativa. Al comienzo de la faena demostró mucha fijeza, siempre pendiente de la muleta, pero Martín Antequera, posiblemente influenciado negativamente por la responsabilidad, no siempre logró entenderse con él. Con la mano derecha logró algunas tandas aceptables, pero con la izquierda, con el viento en contra, no terminó de centrarse.

En el segundo de su lote se fue a portagayola, pero el toro se le paró y el antequerano rectificó, para luego endosarle varias largas afaroladas. Con la muleta puso mucha voluntad, pero el toro tuvo muy poca clase, jamás tuvo una embestida franca y la cosa quedó en eso, en un quiero y no puedo por el juego del animal.

El primero de Espartaco fue un regalito de esos que muchos no terminan de apreciar. Tardo y mirón, la suerte del torero estribó en el hecho de que el toro se paró definitivamente. Antes de ello, Espartaco lo había engañado en un par de tandas llevándolo muy tapado y dejándole la muleta en la cara, pero terminó por orientarse.

El segundo de su lote fue un toro de poco cuello, basto y feo, que desarrolló violencia y el aire acabó por complicarle aun más las cosas. Estuvo fácil, pero sin lucimiento. Extrañó sobremanera la forma de enlotar los toros ya que los que le correspondieron al sevillano distaban mucho de parecerse a lo habitual en Pereda, de procedencia Núñez.

El primero de Rivera Ordóñez salió con la cara muy alta y no consiguieron bajársela, lo que posiblemente se hubiera conseguido con un puyazo más y delantero. Rivera Ordóñez anduvo con su decisión de siempre, pero el toro no se entregó nunca y los muletazos resultaron deslucidos por la escasa colaboración del toro.

Tampoco tenía una buena condición el lidiado en quinto lugar, con el que Rivera Ordóñez volvió a estar voluntarioso, pero sin pasar de eso.

Como suele ocurrir desde hace algún tiempo en La Malagueta, casi todos los toros elegidos por el ganadero fueron rechazados en el reconocimiento previo, siendo sustituidos por otros de mayor presencia, pero de menos garantías. Aunque, claro está, lo del viento fue imprevisto y ya se sabe que en estas condiciones es muy difícil torear. Y otro dato a tener en cuenta: la corrida, aunque desigual de presentación, tuvo defensas muy astifinas y entre esto, el viento y el juego de los toros... Pues lo que vimos.

Antes de la corrida hubo que negociar con los subalternos, que querían suspender la corrida por una deuda de la anterior empresa contraída en el año 1999 al no pagar los derechos de televisión de un festejo que fue retransmitido también por Canal Sur. Al final se llegó a un acuerdo, pero ya nos enteraremos de quién paga.


El País. JUAN ORTEGA.  Unos toreros que están de vuelta

Corrida goyesca, Día de Andalucía, frío y viento, toros con genio, alternativa, prestigio, apuntes para una nueva temporada, cóctel infernal, o que por lo menos se sube a la cabeza. Se subió a la cabeza de los tres diestros y todavía no se les debe haber bajado. Espartaco y Rivera están de vuelta; Martín de Antequera, de seguir en esta línea, va a estarlo muy pronto sin que se llegue a saber dónde ha ido ni a qué.

El toro de la alternativa, de nombre Churrero, era un núñez de los de antes: nada aparatoso, bonito y bravo, pero sin fuerzas, con los cuartos trasero hechos una lástima. Martín Antequera, en las dos primeras series de derechazos, lo toreó en línea recta, descargando la suerte hasta cortar el viaje. Se sucedieron varios lances carentes de unidad, sin más importancia que la proporcionada por la apreciable calidad de la embestida. En el sexto falló la larga a porta gayola al pararse el astado de salida y Martín se enmendó con otras dos cambiadas junto a las tablas. Torero de corte más clásico que arrojado, cambió los parámetros y quiso ganar de rodillas y con alardes lo que perdía de pie. Toreó -no hay que tomarlo al pie de la letra- con frialdad y desconfianza, desde lejos, sin saber cómo meterle la cuchara al guiso, sacando la muleta por alto cuando no podía hacerlo por bajo y adornando en cadena lo que de por sí ya no era nada bonito. Si la alternativa fuera presagio de carrera, negras son las entrañas del futuro y, lo que puede ser peor, intrascendentes. Uno más.

Espartaco no puede ser uno más, o no debe, o tal vez uno menos. En todo caso, siempre se espera lo que no está claro que pueda dar. Se quitó de en medio el segundo con brevedad profesional: bien es verdad que se trataba de un manso que no paró hasta venir a dar en chiqueros al que había tragado en los lances de recibo, pero es que, cuando quiso hacerse con él, usaba una geometría heterodoxa, de zapatillazo y salto atrás, que no resultaba de recibo. En el cuarto, de salida, se quedó dos veces al descubierto, una por caída del toro y otra por el vendaval. El animal punteó en banderillas y, en tiempo de faena, volaron los aperos de torear, quedando los engaños al aire y también las artimañas, lo que era más lamentable, ya que se proyectaban desde la lejanía y la falta de confianza, dando la impresión de que tal inseguridad no sólo comprendía al enemigo, sino también a las propias fuerzas.

El tercero, con más trapío y menos báscula, sacó genio. Hubiera sido necesario encelarlo, embeber la arrancada, consentirle y darle cierta esperanza en la lucha. Que si quieres arroz. Toreo brusco de Rivera Ordóñez, hacia fuera, procurando transformar la embestida en topetazo al acortarla y menos mal que fue breve. El refrán estaba servido. El quinto era un animal basto de hechuras, con la cabeza siempre alta, al que Rivera instrumentó de salida una larga cambiada seguida de verónicas rodilla en tierra. El pitón potable era el izquierdo y el torero se echó la muleta a la zurda, pero aquello duró un suspiro porque, cucharada y paso atrás, el toro ganó el sitio del torero y éste hubo de salir de naja. Todo rápido y fugaz como una estrella perdida apenas vista y nunca disfrutada.

 

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