ANTONIO ORDÓÑEZ ARAUJO, Antonio Ordoñez

Nace una fundación que lleva el nombre de Antonio Ordóñez
Muerte del maestro: Revista de prensa

Monumento en La Malagueta

Ronda (Málaga), 16 de febrero de 1932. Afincado en Sevilla.

Debut en público: 1948

Alternativa: 28 de junio de 1951, en Las Ventas. Padrino: Julio Aparicio. Testigo: Litri. Ganado de Galache. Toro llamado "Bravío", negro.

Temporada 1952: cabeza de escalafón en España 

Temporada 1959: cabeza de escalafón en España

Temporada 1960: histórica faena realizada el 7 de agosto al toro "Matajacas" de Juan Pedro Domecq.

Temporada 1961: 61 festejos. Gran éxito alcanzado en Pamplona, el 10 de julio

Temporada 1962: Su ganadería debuta en Pamplona, por San Fermín, toreándola en el coso de la Misoricordia, y corriéndola por la calle de la Estafeta. Era el 7 de Julio. En la plaza limeña de Acho gana el Escapulario de Oro del Señor de los Milagros.

Temporada 1965: 45 festejos

Temporada 1968: 70 corridas. El 22 de mayo, 2 orejas y el rabo en Las Ventas, triunfador de las corridas isidriles. Se retira

Temporada 1981: Vuelve a los ruedos el 16 de agosto, en Palma de Mallorca. Al día siguiente en Ciudad Real, y se retira definitivamente.

Temporada 1998: el 19 de diciembre muere en Sevilla, después de una grave enfermedad. Noticias y obituarios.

Otros datos: Tuvo propia ganadería. Además, en 1980 compra la ganadería de Murube. Toreó más de un millar de corridas. Rival en la arena de Luis Miguel Dominguín. Hijo del Niño de la Palma, hermano de cuatro roreros y abuelo y preparador del actual matador Francisco Rivera Ordóñez. Organizador de los anuales festejos goyescos de Ronda. En 1995 consiguió una de las grades distinciones francesas, la Legión de Honor. El 12 de marzo de 1999 el ministro de Trabajo le entrega a su viuda la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. En noviembre del año 2000,  la Plaza de la Malagueta presenta a la Diputación de Málaga, el proyecto de monumento al torero, y que iría colocado a las puertas del coso. El matador de toros, nacido en Ronda, recibiría así un homenaje al igual que otros toreros, como el colombiano Vázquez II o el español Chiquito de la Audiencia, que ya cuentan con su propia calle en la ciudad.

16. Antonio Ordoñez (DVD) + Fascículo. Antonio Ordóñez Araujo nace en Ronda el 16 de febrero de 1932, en la finca de su padre Cayetano Ordóñez "Niño de la Palma". El 29 de jun...   (DVD) + Fascículo Ampliar información


Diario de Sevilla.
Lunes, 10 de diciembre´2001. Nace una fundación que lleva el nombre de Antonio Ordóñez


El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España ha inscrito a la Fundación Antonio Ordóñez Araujo, que tendrá como fin general “la promoción y protección de la fiesta de los toros, de los participantes en ella y su cultura”. En el Patronato de la nueva fundación figuran, entre otros, Pilar Lezcano Delgado, la viuda de Antonio Ordóñez; su nieto, Cayetano Rivera Ordóñez; la Duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart y Silva y la ganadera Dolores Aguirre, así como varios políticos.

Últimas noticias
Sevilla entera se echó a la calle para despedir con un sentido homenaje a Antonio Ordóñez
Las cenizas del maestro serán enterradas bajo el albero de Ronda y en la Provenza francesa

Selección de prensa. Artículos de:
Joaquín Vidal:
La reciedumbre del valor y el sacrificio al servicio del arte    Torero de época
Vicente Zabala de la Serna
Manolo Vázquez
José Serrano Carvajal
Esther Alvarado
Claudio Sillero: poema de Rafael Herrero Mingorance
Enlace a la página de Antonio Burgos: MEMORIAL ORDOÑEZ, con fotos de su vida y sus triunfos


ABC. Sevilla. Fernando Carrasco / Agencias. Edición del lunes, 21 de diciembre´98. Sevilla entera se echó a la calle para despedir con un sentido homenaje a Antonio Ordóñez

Miles de sevillanos quisieron expresar su testimonio de admiración a quien fue uno de los más grandes de la Tauromaquia, Antonio Ordóñez. Su muerte, que sobrevino el pasado sábado, conmocionó nosólo al mundo del toro, sino a toda una ciudad que acudió, como sólo se sabe hacer aquí, a rendir el homenaje que se merece quien fue en vida un auténtico «monstruo» del toreo y, desde el sábado, un mito cuya figura será cada vez más y más inmensa. Personalidades del mundo del toro, la política, el espectáculo y la cultura se sumaron al sentido tributo  popular, que se prolongó durante todo el día de ayer. 

La capilla de los Marineros, sede canónica de laHermandad de la Esperanza de Triana –de cuya corporación sacramental fue hermano mayor el maestro rondeño– acogió la misa «corpore insepulto» en memoria deAntonio Ordóñez.

Las calles, colapsadas

Aunque la misa no dio comienzo hasta minutos antes de la una de la tarde, desde las once de la mañana la calle Pureza era un constante ir y venir de personas. Todos querían estar presentes, dar el último adiós a una de las leyendas de la Tauromaquia; expresar su condolencia a la familia... la capilla de los Marineros –preciosa la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza de Triana en devoto besamanos– quedó pequeña para acoger a los miles de personas que asistieron al funeral.

Estuvieron presentes, entre otros, el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Javier Arenas; la secretaria de Estado de Asuntos Sociales, Amalia Gómez; el subdelegado del Gobierno en Andalucía, Andrés Herranz; la alcaldesa de Sevilla, Soledad Becerril, y los delegados de Hacienda y Fiestas Mayores, Carmen Diz y Adolfo Lama, respectivamente. 

También estuvieron presentes, entre otros, la Duquesa de Alba, visiblemente afectada; el teniente de hermano mayor de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, marqués de Caltójar; Lolita, Julián Contreras y Paquita Rico.

El mundo del toro

Y la gente del toro estuvo toda, casi sin excepción. Compañeros, jóvenes, subalternos, los que empiezan... cientos de ellos al lado del maestro y la familia. Fermín Bohórquez, Antonio Gavira, Javier Guardiola, Borja Domecq, Julio Pérez «Vito», Diego Puerta, Emilio Muñoz, Joselito, José Tomás, Enrique Martín Arranz, Enrique Ponce, Lázaro Carmona, Andrés Vázquez, José Antonio Canales Rivera, José María Manzanares, Martín Pareja-Obregón, Gabriel Rojas, Finito de Triana, Miguel Márquez, Pepe Luis Martín, Juan de Triana, Manuel Luque, Manolo Chopera, Simón Casas, José Antonio Muñoz, Miguel Báez «Litri», Antonio Borrero «Chamaco», José Martínez «Limeño», Andrés Luque Gago, Manuel Álvarez «El Andaluz», Tomás Prieto de la Cal, Manuel Tornay... imposible poder incluir a todos los que estuvieron presentes para despedir al maestro rondeño.

Diez minutos antes de la una de la tarde llegó el féretro con los restos mortales del maestro de Ronda. Lo portaban, entre otros, su nieto Francisco Rivera Ordóñez y su sobrino Cayetano, hijo de Alfonso Ordóñez. El ataúd, que fue recibido con una fuerte ovación por las personas que se encontraban en el exterior de la capilla, quedó depositado a los pies de la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza de Triana, que se encontraba expuesta en besamanos. Encima del mismo, la vara de hermano mayor de la Sacramental de la calle Pureza y un manto de la Virgen. En la cabecera, una enorme corona de la Hermandad de la Esperanza.

A la derecha del féretro se colocaron los familiares –su hija Carmina y su nieto, Francisco, entre otros– acompañados por el hermano mayor de la Esperanza de Triana, José Manuel Campos. A la derecha, autoridades y amigos íntimos del maestro.

En el altar mayor, concelebrando la misa, el párroco de la capilla de los Marineros, Juan Martín Pérez, y los sacerdotes Alfredo Corona Cornejo, Francisco Girón y Leonardo del Castillo.

La Virgen, cerca

La homilía corrió a cargo de Juan Martín, quien recordó las veces que Antonio Ordóñez estuvo en esta capilla. «Hoy parece que la Virgen de la Esperanza de Triana se ha querido acercar a Antonio. Estamos en un tiempo de esperanza, de adviento. Estamos esperando la venida de Jesucristo. Pero para Antonio ya ha llegado. Por eso, la Esperanza de Triana ha querido estar cerquita de Antonio, casi a ras del suelo. Nos impulsa a vivir lo que ha vivido él. La lucha, las penas, el trabajo, el cariño familiar...él nos dice que ánimo, que merece la pena luchar para llegar a la meta que nos marcamos cada uno».

Por su parte, el padre Francisco Girón, recordó los ocho festivales que Antonio Ordóñez toreó en Higuera de la Sierra –«ocho años acercándose desde Ronda a Higuera de la Sierra para hacer realidad la ilusión de los niños y de los ancianos»–, haciendo referencia a una anécdota del maestro rondeño con un aficionado de Higuera, que padecía una enfermedad. «Las crónicas dijeron que Antonio había hecho la faena de su vida. Y se la brindó a aquel hombre, al que hizo el hombre más feliz del mundo».

Tras la celebración de la misa, el féretro fue trasladado al Ayuntamiento de Sevilla, donde quedó instalada la capilla ardiente –presidida por la inmortal fotografía de Ordóñez recibiendo en la Maestranza, de manera genuflexa, a un toro con el capote, flanqueada por los retratos de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas y Nuestra Señora de la Esperanza de Triana. Allí estuvo la familia –su viuda, Pilar Lezcano, su hija Carmina, Francisco, Cayetano, José, Alfonso...–, junto con Javier Arenas, Jaime Mayor Oreja, Soledad Becerril, Carmen Diz, Adolfo Lama y Luis Miguel Martín Rubio.

Y por la capilla ardiente se pasaron, entre muchos otros, Pepe Luis Vázquez, Ángel Peralta y Rafael Peralta, el conde de la Maza y su esposa.

El féretro permaneció hasta las siete y media de la tarde, para luego ser trasladado al cementerio de San Fernando, donde fue incinerado.


El País. TEREIXA CONSTENLA, Sevilla. Edición del lunes, 21 de diciembre´98. Las cenizas del maestro serán enterradas bajo el albero de Ronda y en la Provenza francesa

Centenares de sevillanos se unen al mundo taurino para despedir a un torero de época

La última vez que Antonio Ordóñez, de 66 años, bordeó La Maestranza, reinaba el mismo silencio que debió arropar centenares de sus volapiés, cuando el público se encoge para asistir a la última suerte de la lidia. La despedida que Sevilla rindió al matador fue intimista y callada, sólo rota por el aplauso de centenares de personas, ante la capilla de Los Marineros, al término de la ceremonia religiosa. Las cenizas del matador,   incinerado ayer, serán enterradas en Ronda y la Provenza francesa, dos escenarios muy queridos para él: el albero de una plaza de toros y una zona de crianza de reses bravas.

Los días no sienten, pero invitan a sentir. Ayer, Sevilla amaneció entre neblinas que difuminaban el horizonte y espoleaban la melancolía. Un decorado meteorológico muy distinto del sol rabioso que presidió el último acontecimiento social de la familia Ordóñez: la boda entre Francisco Rivera y Eugenia Martínez de Irujo. Los mismos protagonistas sobre el mismo escenario para vivir un hecho claramente antagónico, como se leía en los rostros de su viuda, Pilar Lezcano; sus hijas, Belén y Carmen; sus hermanos José y Alfonso; y sus nietos.

Aquel día, los invitados saludaban y repartían sonrisas entre la multitud. Ayer, casi los mismos personajes parapetaban su dolor tras gafas de sol y se escurrían cabizbajos entre el gentío, como los toreros Joselito, José Tomás, José María Manzanares, Emilio Muñoz o Litri padre o la propia duquesa de Alba. El universo de la lidia, al que pertenecía Antonio Ordóñez Araújo desde que gateó (hijo del Niño de la Palma), se volcó sin fisuras en el adiós a una de sus figuras más legendarias, catapultado hacia el olimpo de los mitos por su arte y la fascinación que despertó en artistas como Orson Welles o Ernest Hemingway.

Hasta la capilla de los Marineros, sede de la Hermandad de la Esperanza de Triana, la misma que Francisco Rivera y Eugenia Martínez visitaron el día de su boda, acudieron ayer ganaderos (Fermín Bohórquez, Antonio Gavira, Eduardo Dávila Miura y Álvaro Domecq padre) y autoridades como la alcaldesa de Sevilla, Soledad Becerril, o el ministro de Trabajo, Javier Arenas, para asistir a la ceremonia religiosa. El féretro permaneció cubierto por el manto de luto de la asociación de la que fue hermano mayor entre 1973 y 1979.

En el exterior del templo se arremolinaron centenares de personas, que despidieron con un aplauso -el único gesto que rompió el silencio de la jornada- los restos mortales del maestro de Ronda, que portaban allegados, entre ellos sus nietos Cayetano y Francisco Rivera.

El homenaje anónimo, sin embargo, se desbordó horas después, ante la capilla ardiente instalada en el Ayuntamiento de Sevilla, por deseo de la familia. Ante los restos mortales de Ordóñez, flanqueados por tres imágenes (un pase taurino, el Cristo de las Tres Caídas y la Esperanza de Triana), desfilaron centenares de sevillanos durante las cinco horas que permaneció depositado en la sede municipal, antes de ser trasladado al cementerio de San Fernando, donde estaba prevista su incineración. El ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, que se desplazó para dar el pésame a la familia, glosó al torero como "un símbolo o leyenda que ha unido a todos los españoles".

Las cenizas del maestro serán enterradas, según su expresa voluntad, en dos de sus escenarios predilectos: la plaza de toros de Ronda (Málaga) y la Camarga, una zona de la Provenza francesa. Antonio Ordóñez eligió para sí el albero del coso rondeño -uno de los más antiguos- y la compañía de los toros bravos criados en la Camarga. Su nieto Francisco Rivera se ha encargado de que se respeten al milímetro sus deseos.

La urna con las cenizas será depositada esta mañana frente a la puerta de los chiqueros de la plaza de Ronda. El último adiós a sus restos será abierto al público, que podrá ocupar el tendido del coso, donde Ordóñez organizaba cada año la tradicional corrida goyesca. En Ronda, su localidad natal, se había citado para las fiestas navideñas con el ministro Javier Arenas, que ayer recordaba las "tremendas ganas de vivir" del torero.

En la clínica Sagrado Corazón, de Sevilla, una larga enfermedad doblegó el sábado, a las 17.30 horas, al filo de la hora taurina por excelencia, su afán luchador. La misma enfermedad que ya impidió la presencia de Ordóñez en la boda de Francisco Rivera, el nieto que sigue con la dinastía taurina, con Eugenia Martínez de Irujo, que ayer no escondía los sollozos.

Soledad Becerril, la alcaldesa de Sevilla, recordó a Antonio Ordóñez como " el mejor torero que he visto jamás". Y destacó que, "como persona, el maestro se hacía querer, respetar y admirar por todos". 


Noticias. EL PAÍS. Edición del domingo, 20 de diciembre´98
Fallece Antonio Ordóñez, el maestro de Ronda
Su cuerpo será incinerado hoy en Sevilla y las cenizas esparcidas en el coso de su ciudad natal

El ganadero, empresario taurino y matador de toros retirado Antonio Ordoñez, de 66 años, falleció ayer en Sevilla a las cinco y media de la tarde víctima de una larga enfermedad. En la madrugada del día anterior, el torero había sido ingresado en la Clínica Sagrado Corazón aquejado de anemia. Falleció doce horas después. Su cadáver fue inmediatamente trasladado a su domicilio sevillano de la calle Iris. Hoy está previsto que sus restos sean incinerados en Sevilla para, posteriormente, trasladar sus cenizas a Ronda, su ciudad natal, donde en la  plaza que le dió más satisfacciones, serán esparcidas.

Meses antes, consciente de la gravedad de su enfermedad, había declarado: "En este toro no hay sobrero".

El diestro era el tercero de los cinco hijos del matrimonio formado por el también torero, Cayetano Ordóñez, apodado Niño de la Palma , y Consuelo Araujo. Todos los hermanos siguieron los pasos de su progenitor.

Nacido en la localidad malagueña de Ronda en 1932, la primera vez que se enfrentó a una becerra fue en 1948. A los 16 añosvistió por primera vez el traje de luces en la plaza de Haro (Logroño). Por aquel entonces se presentaba como Niño de la Palma IV. Durante su primera temporada como novillero intervino en 76 corridas, una de ellas en Madrid, en octubre de 1949. Sólo un año después sufrió su primera cogida en la plaza de toros de Barcelona.

Madrid sería el coso de su alternativa. Eso ocurrió en junio de 1951 con Julio Aparicio como padrino y El Litri como testigo. Pero el triunfo no se hizo esperar. La siguiente temporada fue arrolladora con actuaciones en la Feria de Abril de Sevilla y en San Isidro de Madrid. En total, y a lo largo de su carrera como diestro, intervino en más de mil corridas y mató más de 2.000 reses bravas. Antonio Ordóñez se cortó la coleta el 12 de agosto de 1971 en el coso de San Sebastián, aunque ya había anunciado casi diez años antes su retirada, en Lima (Perú). El diestro estuvo tres años sin torear para reaparecer en su localidad natal de Ronda.

En 1962 el matador adquirió su primera ganadería a la que se dedicó con total devoción tras su retirada de los toros. También era empresario y propietario de la plaza de Ronda, uno de las más antiguas de España.

No sólo las cornadas hirieron al diestro. En 1966 tuvo un accidente de coche en Puerto Real (Cádiz) donde falleció uno de los ocupantes, por lo que Ordóñez, conductor del vehículo, fue juzgado y absuelto de un delito de homicidio por imprudencia.

El diestro contrajo matrimonio dos veces. El 19 de octubre de 1953, en la finca Villa Paz , en Cuenca, se casó con Carmen González Lucas, conocida como Carmina Dominguín, hija del torero Domingo Dominguín y hermana de otros tres matadores de toros, entre ellos Luis Miguel Dominguín, el más famoso de la dinastía y rival durante años de Ordoñez en los ruedos. Con Carmina Dominguín fue padre de dos hijas, Carmen Cayetana y Ana Belén, que posteriormente se casarían también con los diestros Paquirri y Juan Carlos Beca Belmonte, respectivamente.

Viudo de su primera esposa, Antonio Ordóñez se casó en octubre de 1983 con la funcionaria madrileña Pilar Lezcano.

Hemingway y Welles

El maestro de Ronda fue amigo del escritor norteamericano Ernest Hemingway y del cineasta, también estadounidense, Orson Welles.

A Ernest Hemingway, al que llamaba Papá Ernesto, lo conoció siendo niño. El autor de Por quien doblan las campanas conoció al padre del diestro, El Niño de la Palma , cuando éste toreaba en una de las corridas de las fiestas pamplonicas de San Fermín, en los años veinte. El toreo del Niño de la Palma le causó una profunda admiración, la misma que años más tarde le causaría al ver el de su hijo Antonio, hasta el punto de que le siguió por las plazas de toros de España para asistir a una de las máximas rivalidades que se han dado en el mundo del toreo, la de Ordóñez con su cuñado Luis Miguel Dominguín, y que fueron fuente de inspiración de su novela El verano sangriento.

Con el director Orson Welles su amistad fue igual de intensa hasta el punto de que las cenizas del cineasta reposan desde 1987 en la finca rondeña de Ordóñez, El recreo de San Cayetano.

En sus últimos años, el maestro repartía su tiempo entre su finca de Constantina (Sevilla), su casa de Sevilla, aledaña a la plaza de toros de La Maestranza, y su Ronda natal, a cuya plaza solía acudir frecuentemente con su mujer Pilar.


Selección de prensa. Artículos de:
Joaquín Vidal:
La reciedumbre del valor y el sacrificio al servicio del arte    Torero de época
Vicente Zabala de la Serna
Manolo Vázquez
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Claudio Sillero: poema de Rafael Herrero Mingorance
Enlace a la página de Antonio Burgos: MEMORIAL ORDOÑEZ, con fotos de su vida y sus triunfos


El Páis. JOAQUÍN VIDAL , Madrid. Edición del lunes, 21 de diciembre´98. La reciedumbre del valor y el sacrificio al servicio del arte

Torero de leyenda, torero de época, figura indiscutible, artista genial... Todo esto se ha dicho -y más que se dirá-, del maestro Antonio Ordóñez, muerto en Sevilla hace dos días. Y es cierto. Pero lo que significó en el toreo, principalmente en las décadas de los años cincuenta y sesenta, su condición de líder, epígono del arte, le exigieron un cúmulo de sacrificios que sólo se podrían entender en un hombre de abnegada reciedumbre, entregado al sentido profundo y a la liturgia de la profesión que había elegido.

De casta le venía el toreo: su padre fue el famoso Niño de la Palma; su hermano mayor, Cayetano, traía una torería de primer orden. Él mismo causó asombro cuando arribó novillero al planeta de los toros. La forma de torear que allegaba había de venir del magisterio de los toreros antiguos; de quienes entregaron a la fiesta lo mejor de sí mismos antes y después de la guerra fratricida; del canon de la tauromaquia, entendido no como dogma sino como recreación del arte basada en la técnica dominadora y el riesgo que conlleva ejecutarla.

El éxito de su debú en Madrid -alboreaba la década de los cincuenta- determinó toda la carrera de Antonio Ordóñez. Aquel toreo fue referencia permanente para calibrar los lógicos altibajos que tuvo hasta la retirada definitiva dos décadas después.

El juicio crítico de los aficionados solventes se crispaba cuando a Antonio Ordóñez le daba por derivar a lo que ya entonces llamaban "toreo moderno"; es decir, esa manera de trazar los pases sin hilvanarlos, esa argucia de aliviarse descargando la suerte; esa ficción del arte adoptando posturas aflamencadas.

La moda de poner la mano que no torea en la actitud propia de quien acomete el cante, la impuso Antonio Ordóñez y no fue en absoluto pasajera. Paco Camino le imitó presto, siguieron el ejemplo otros diestros, y hoy, transcurrido casi medio siglo, es norma entre las figuras del toreo y entre quienes pretenden serlo.

Es cuanto pudieron imitar de Antonio Ordóñez; ese aspecto colateral y anecdótico -tan criticado en su día- pues su torería innata era inimitable.

Estaba, por encima de todo, el valor. Alguien reparó, de súbito, que en aquel torero tan dotado para el arte había un impresionante fondo de valentía. Ahí estaba la evidencia de sus frecuentes percances -quizá fuera el torero de la época más castigado por los toros-, que nunca le arredraron. No había falta de técnica. Era, sencillamente, que los toros cogen y cuando se torea con hondura y sentimiento la cornada acaba siendo inevitable.

Buena parte de esas cogidas le sobrevinieron toreando a la verónica. De esta suerte -que, con la del natural, es el fundamento del toreo- hacía auténticas recreaciones y no tuvo parangón. Decían los viejos aficionados que puestos juntos Curro Puya, Cagancho y Antonio Ordóñez en el toreo de capa, no se sabría a quién elegir.

La esencia del toreo de Curro Puya y de Cagancho -estilistas máximos de la verónica- seguramente iba implícita en el estilo de Ordóñez, que presentaba el capote, mecía el lance y lo ligaba con la gracia alada que sólo está al alcance de quienes han podido penetrar en la magia del toreo.

El propio maestro manifestó que la verónica era su fuerte. Nos lo comentó en cierta ocasión, con un matiz: "Es cuando toreo más a gusto pues siento que la ejecución de ese lance compendia todo el arte de torear".

También fue sublime con la muleta. Hay faenas de Antonio Ordóñez memorables, y uno tiene en el recuerdo la categoría, a su vez enciclopédica e inspirada, de la que le cuajó a un Pablo Romero en Madrid allá por la década de los sesenta. Pero la grandeza surgía siempre en los detalles. Había momentos; rasgos de genialidad en una determinada tanda, la hondura de sus pases de pecho, la majeza de las trincherillas, el aroma de los abaniqueos y de los adornos, la solemnidad y la gracia para irse toreramente de la cara del toro.

Antonio Ordóñez fue coetáneo de toreros tremendistas que gozaron de enorme popularidad -desde Litri a El Cordobés, con quien nunca alternó, pasando por Chamaco- y ya podían estos alborotar los cosos con sus alardes, que ninguno asumía tanto riesgo ni desplegaba tanto valor como Ordóñez en la interpretación relajada de las suertes. Y la competencia resultaba imposible.

Sus competidores eran los toreros ortodoxos, también auténticos genios, como Pepe Luis Vázquez, en su reaparición: Antonio Bienvenida, Rafael Ortega y algunos más, artífices todos de la tauromaquia excelsa.

Luis Miguel Dominguín, su cuñado, fue otro competidor, no se sabe si real o concertado para la mejor administración de ambos diestros. Entabló entonces amistad con ellos Ernest Hemingway, que relató en su Verano sangriento los azares de una temporada en la que los dos sufrieron serios percances y volvían recrecidos a los ruedos. La cobertura literaria tenía este fondo de dramática realidad, y expandió a universal la fama de los toreros, pero también supuso un motivo de admiración y engrandecimiento de la fiesta de los toros.

Antonio Ordóñez, torero de toreros y figura indiscutible de éste último medio siglo, no ha entrado con la muerte al Olimpo de los mitos. Lo era ya en vida. Era, y seguirá siendo, paradigma del arte de torear.


EL PAÍS. JOAQUÍN VIDAL. Edición del domingo, 20 de diciembre´98. Torero de época

La Tauromaquia de Antonio Ordóñez se titulaba un curso que dictaron los filósofos Fernando Savater y Víctor Gómez Pin en el Círculo de Bellas Artes, de Madrid. El diestro asistió a la última jornada y cuando los confereciantes terminaron de glosar su categoría artística tomó la palabra y empezó diciendo: "Tras oír a estos amigos, que de toreo no tienen ni idea...".

Era así Antonio Ordóñez: con un cáustico sentido del humor. Aunque no había nada hiriente entonces, pues se trataba simplemente de una broma, que hizo reír tanto al público como a los filósofos.

Antonio Ordóñez fue un torero de época, exclusivo en su interpretación de las reglas del arte. Gozó de enorme popularidad; los propios toreros le reconocieron su condición de figura indiscutible; la intelectualidad intentaba explicar esa conjunción de sentimiento y valentía de la que era paradigma; la amistad con Orson Welles y con Ernest Hemingway le introdujeron con vitola de mito en los ambientes literarios.

Ordóñez se convirtió en torero de leyenda, pero los honores que recibió sirvieron sobre todo para engrandecer la propia fiesta, a la que honró con fidelidad absoluta a sus valores y a su rito. Insuperable en las suertes fundamentales, nunca dejó de ser torero cabal dentro y fuera de los cosos.


EL MUNDO. ESTHER ALVARADO. Edición del domingo, 20 de diciembre´98

El diestro Antonio Ordóñez falleció ayer en Sevilla, a los 66 años, a causa de una grave enfermedad

El cuerpo del matador de toros Antonio Ordóñez, fallecido ayer en la Clínica Sagrado Corazón de Sevilla, será incinerado mañana en el Cementerio de San Fernando, para después ser esparcidas sus cenizas en la plaza de toros de Ronda, su localidad natal. Ordóñez, que recibía tratamiento en la Clínica de La Luz en Madrid, manifestó hace unos días su deseo de regresar a Sevilla para morirse en su «segunda casa», revelaron a EL MUNDO fuentes de la familia.

Según las mismas personas, ayer por la mañana el matador sufrió una hemorragia interna que, probablemente, fue la causa última de su muerte, aunque arrastraba desde hace tiempo una grave enfermedad.

Inmediatamente después de su fallecimiento, la familia expresó el deseo de llevarlo a su casa en la calle de Iris (detrás de la plaza de toros de La Maestranza), donde fue conducido en una ambulancia en la que viajaba su hija, Carmina Ordóñez.

Una vez en su residencia sevillana, se instaló la capilla ardiente de Antonio Ordóñez, nacido en Ronda (Málaga) hace 66 años. En la casa esperaban ya al cadáver del matador su nieto Fran Rivera y la mujer de éste, Eugenia Martínez de Irujo, duques de Montoro; Cari Lapique, amiga de la familia, y en cuya casa madrileña estuvo alojado el diestro durante su tratamiento; la cantante Lolita y Manuel Prado y Colón de Carvajal, entre otros miembros y amigos de la familia.

Todo el mundo del toro lloró ayer la muerte de Antonio Ordóñez, «el mejor de los nacidos toreando», según manifestó ayer una amiga de la familia.

«El mejor»

El empresario de la Real Maestranza de Sevilla, Diodoro Canorea, lamentó la muerte del maestro, del que dijo fue «el mejor torero de todos los tiempos». Canorea destacó que Antonio Ordóñez fue un gran profesional y un gran amigo.

El ganadero Alvaro Domecq mostró su pesar por la muerte del torero y manifestó que, con ella, «la gloria que buscaba, ya la tiene». Alvaro Domecq dijo que se va uno de los «toreros principales de este siglo», ya que, en su opinión, aunaba «arte, valor y un conocimiento de los toros y afición únicos».

El ganadero jerezano recordó que había estado con el maestro de Ronda «hace cuatro días» y que «no esperaba que todo fuera a suceder tan rápido. Quedará su recuerdo, sobre todo para los que fuimos sus amigos», reflexionó. Preguntado por el origen de su relación con Antonio Ordóñez, el patriarca de los Domecq contestó con un elocuente «uuff», en referencia a los años en los que han sido amigos.

El torero Diego Puerta dijo que con la muerte de Ordóñez se va «una maravilla de torero, un fenómeno del que se te quedaba todo». Puerta, figura del toreo en la década de los 60, compartió numerosas tardes con el maestro de Ronda y, al enterarse de la noticia, comentó: «Antonio ha sido un figurón del toreo máximo, una gran persona y una gran amigo. Tantas tardes juntos... », comentó, y destacó el «gusto fabuloso de Ordóñez», hasta el punto de que «todo lo que hacía, se te quedaba».

Recuerdos

El diestro Manolo Vázquez, compañero de Antonio Ordóñez desde que ambos tenían «pantalones cortos», recordó al maestro de Ronda como un «gran amigo» y como torero, «uno de los mejores, si no el mejor». Hundido, Manolo Vázquez dijo que «se le agolpan los recuerdos» desde que, de niños, jugaban al toro juntos y comenzaron a torear como pareja de novilleros de postín durante las temporadas de 1949, 1950 y 1951.

«Risas, disgustos, lucha, convivencia... todo», recordó Manolo Vázquez, quien se enteró de la noticia en el contestador automático de su casa, ya que venía del campo de una celebración con unos amigos. Indicó que «sabía que Antonio estaba mal», aunque no presumía que no le daría tiempo de llegar a Ronda, su localidad natal, tal y como era el deseo del propio Antonio Ordóñez.

La muerte de Ordóñez no sólo causó conmoción en el mundo del toro. José Antonio Muñoz Rojas, que obtuvo el Premio Nacional de Poesía este año, señaló que su fallecimiento «significa una enorme pérdida para el mundo del toreo y, por extensión, para la literatura y la poesía». El poeta calificó al matador de «enorme figura y de torero serio y auténtico».

La alcaldesa de Sevilla también le dedicó unas palabras. Soledad Becerril lo definió como «uno de los mejores toreros de todos los tiempos y un rondeño muy arraigado». Por otra parte, la localidad malagueña de Ronda ha declarado tres días de luto oficial por la muerte del torero, y sus banderas ondearán a media asta con crespones negros como muestra de dolo


ABC. VICENTE ZABALA DE LA SERNA. Edición del domingo, 20 de diciembre´98. Una flor más

A la muerte de Antonio Ordóñez, llueven miles de luctuosas flores. He aquí una más. La Parca siempre trae tras de sí un reguero de elogios y recuerdos felices, una alfombra inútil por la que pasará el muerto, sin enterarse de que su vida se glosa bañada en gloria de obituarios.

No vi torear a Ordóñez. Cuestión de edad. Escribir sobre lecturas o conversaciones de tasca, dispares de criterios; sobre cánticos aduladores; sobre Ernest Hemingway; sobre imágenes grabadas en 8 mm que transmiten, por encima de todo, su concepto del toreo, rondeño o no –él, como Pepe Luis Vázquez, no creía en el tópico de las escuelas: se torea bien o se torea mal–, el hondo empaque y la verónica inmensa, el valor sereno encarnado en un cuerpo cosido por los afiladas dagas de sus enemigos, sería tocar de oído.El maestro de Ronda, eslabón de oro de una dinastía fundada por Cayetano Ordóñez «Niño de la Palma», entroncada con la de los Dominguín, enlazada luego con el apellido Rivera, se ha ido tras librar la última batalla, a pecho descubierto, contra el negro toro del cáncer.

Y, por paradójico que parezca, ha ganado: la muerte engrandece aún más su figura, hasta el limbo de los mitos. Queda su historia, su rincón –lirismo de Cañabate para la espada caída–, su vida. Se ha ido una de las figuras más grandes de la Tauromaquia de todos los tiempos, poco a poco, despacio, como su toreo.Murió el hombre, queda el mito del torero, que revivirá cada corrida goyesca y rondeña bajo la llama de agosto.


Selección de prensa. Artículos de:
Joaquín Vidal:
La reciedumbre del valor y el sacrificio al servicio del arte    Torero de época
Vicente Zabala de la Serna
Manolo Vázquez
José Serrano Carvajal
Esther Alvarado
Claudio Sillero: poema de Rafael Herrero Mingorance
Enlace a la página de Antonio Burgos: MEMORIAL ORDOÑEZ, con fotos de su vida y sus triunfos


ABC. José Serrano CARVAJAL. Edición del domingo, 20 de diciembre´98. Ha muerto el maestro

Pertenezco a una  generación de malagueños que pusimos nuestros afanes artísticos en un muchacho que salió a torear al principio de la década de los cincuenta, cuando los justos de los públicos parecían ir por otros derroteros. Pero muy pronto la mayoría comprendería la importancia de su toreo, su gran contribución a la Tauromaquia, a la que volvió a situar en los cánones y en la tradición, como cultivador de lo mejor de ella.

Convirtiéndose en el valor innegable del mundo taurino. Marcando el ritmo del toreo al que convierte en algo maravilloso y definitivo, hasta desembocar en la continuación de la escuela rondeña. A la que siempre quiso pertenecer.

Nació en aquella ciudad y su plaza fue la de piedra que definieran los versos de Fernando Villalón como la más auténtica del mundo. Aunque la más cómoda para él fuera La Malagueta por el cariño que se le demostró en ella. En Las Ventas del Espíritu Santo y en la sevillana de El Baratillo cuajaría sus más grandes faenas. Tuvo proyección internacional, como demostraron Ernesto Hemingway y Orson Welles, el premio Nobel de Literatura y el genial cineasta. Pero serían los españoles Gregorio Corrochano y Clarito, especialmente el primero, los que definieron su toreo de capa como el más elegante por su aplomo y sencillez, sin afección, fácil en la apariencia y difícil en la ejecución. Para nosotros su muleta, hermana de sus lances de capa, maravillosa en la hondura de llevar al burel toreado.

El gozo de verlo torear al natural, subliminando el acto de ligarlo con el pase de pecho, haciéndolo en la unidad de la ejecución. Todo esto lo dije en su presencia en una conferencia en Ronda, la ciudad de Pedro Romero y de Antonio Ordóñez; los colosos del toreo. También la del Niño de la Palma y del inventor de la muleta, el malagueño Francisco Romero.Culminándose hoy los versos de Aquilino Duque cuando refería la bandada de los sombreros que volaban a la mar. «Por ti que estás cayendo / de tanto como te pesa / la gloria que llevas dentro» hoy ha volado de la mano de su Virgen de la Paz a la verdadera gloria.


ABC. Manolo VÁZQUEZ. Edición del domingo, 20 de diciembre´98. Aquellos maravillosos años

En estos momentos se me agolpan en la memoria tantas y tantas cosas de, prácticamente, toda una vida en la que compartimos desde nuestra juventud un sinfín de vivencias que al enumerarlas se necesitaría un libro.Sin embargo, a la ligera, recuerdo nuestra niñez en el barrio de Nervión, nuestro toreo de salón en Los Eucaliptus y en La Venta de Abao, nuestros primeros tentaderos, a los que  asistíamos con la ilusión de llegar algún dìa a ser algo en el toreo.Fueron unos años, creo yo, maravillosos, en los que cada uno íbamos abriéndonos nuestro camino.

Al principio, en aquellos años de novillero, en los que tantas tardes hicimos juntos el paseíllo, recordando, por supuesto, las novilladas de Madrid, en las que a mí antes y a él después nos dieron el espaldarazo para andar en este maravilloso mundo del toreo.Después han sido muchos los momentos compartidos, en la plaza y fuera de ella, mi primer viaje a América, Lima; él recién casado con Carmina, yo aún soltero, nuestro viaje a Roma acompañados por nuestras mujeres, Remedín y Carmina, en el que tuvimos la inmensa alegría de ser recibidos por Su Santidad el Papa Juan XXIII.Han sido demasiadas cosas como para que se puedan olvidar y aunque sea a la ligera, porque, creedlo, las lágrimas pueden conmigo y no puedo continuar.

No obstante, quiero decir algo antes de terminar lo que me han pedido en ABC:Antonio Ordóñez, como torero, para mí, ha sido uno de los más importantes, o casi el que más, que yo he conocido, por lo tanto siempre tuvo mi admiración.Como persona lo tengo que recordar como el amigo que fue desde la niñez y con el que tantas y tantas cosas compartimos, por lo tanto, hasta que Dios quiera, torero, amigo.


ABC. Manuel RAMÍREZ. Edición del domingo, 20 de diciembre´98. Por quién doblan las campanas

NO por presentida y  casi como anunciaban sus últimas apariciones públicas, ni por mucho que supiéramos de sus males con la misma tristeza que, con infinita alegría, nos enteráramos de sus triunfos, su muerte nos llega como del rayo, cuando Sevilla vive vísperas de festival torero de lujo y cuando por la Maestranza, y por Ronda y por todo el mundo irán los teletipos tristes del doblar de campanas pregonando que se ha muerto, que se ha acabado de morir, uno de los toreros más importante de la historia de la Tauromaquia, el mejor de los mejores de en cuantas épocas estuvo en los ruedos y ese empaque de leyenda que llena, con su solo nombre –Antonio Ordóñez– páginas y páginas de oro de la misma fiesta.

Le conocí, le traté, fuimos amigos desde hace mucho tiempo, cuando uno empezaba en esto y, buscando paseíllos de nostalgias, me acerqué a él para entrevistarle y encontré en él la sabiduría de quien lo sabía todo, la maestría de quien era maestro de maestros y el empaque que su figura irradiaba teniéndolo por delante. Hablamos muchas veces. Del toro y del toreo, de Orson Welles –«algún día te contaré el por qué sus cenizas vinieron a mis tierras»– de la vida, de su dinastía, de su gente y del entonces un chaval de pocos años que hoy lleva su apellido por los ruedos.

Decían que tenía que un carácter difícil. No se lo encontré por ninguna parte. Le admiré en los ruedos –pocas veces temblé de emoción en una plaza de toros y fue con él casi siempre– y fuera de los ruedos, en sus palabras y en sus silencios casi cómplices de un guiño o una media sonrisa. Y siempre tuve y sentí la impresión de que no estaba hablando con un torero, sino con la misma historia del toreo hecha carne.

Todo eso se nos fue ayer y me resisto a creerlo y a asumirlo porque siempre estará en mi mente la verónica rodilla en tierra con la que rompió moldes, el poderío de sus hechuras, la hondura de su toreo, la verdad de una trayectoria teñida de gloria y sangre que pudo con todos y contra todos y al que unicamente pudo vencer el torito negro de la muerte, aunque también a éste, por la gallardía  torera que tuvo hasta el final, le cortara las orejas y el rabo .Ronda llora desde ayer. Y Sevilla. Y el mundo de los toros. Las campanas que decía Ernesto Hemingway qe doblaban, ya sabemos hoy por quién, y con cuánta pena, doblan. El óle se quiebra en lágrimas. Y te lloro. Te lloro, torero.

Selección de prensa. Artículos de:
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Claudio Sillero: poema de Rafael Herrero Mingorance
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Claudio Sillero. ANDALUCIA COMUNIDAD VIRTUAL
Cuando copié estos documentos de unas vitrinas del Museo de la Plaza de Toros de Ronda hace algo más de un año, los copié sobrecogido porque uno era una elegía al maestro Ordóñez que estaba ya enfermo pero en buen estado general, y el otro porque eran las palabras del maestro a Paquirri, lo más cercano a un hijo que Ordóñez tuvo. Ahora que ya no está aquí los comparto con ustedes. Con respeto y agradecimiento por aquel que le puso sentido a lo que unos adolescentes veíamos en el ruedo. Y con tristeza.

A propósito de Antonio Ordóñez Araujo.

(Copiado de una vitrina que luce un traje de torear, goyesco, que perteneció a Antonio Ordóñez)

…Era Antonio Ordóñez
Era un grito de cristal con eco del tajo de Ronda.
Era una albahaca esculpida a golpe de amapolas.
Era un tremor de olor a tierra mojada cada sinfonía de muleta.
Era un pulso cortado con tijeras de jazmín cada verónica, en cuyo tiempo, podía rezarse un Padrenuestro por Curro Puya.
Era un horizonte vertical desde el que podía contemplarse un matrimonio de guitarras por seguiriyas.
Era Antonio Ordóñez. El de la muñeca desmayada hasta morirse de gusto en un charco de caireles.
Era Antonio Ordóñez. El que paraba el tiempo a sorbos de capote.
Era Antonio Ordóñez, Capitán General de los patios de cuadrilla. Almirante de la mar morena de los ruedos.
Era Antonio Ordóñez. Uno con el embrujo al rojo vivo. Y trino, en esencia, presencia y potencia.
Era, por los misterios de los misterios, Antonio Ordóñez.
Y en Ronda se rompieron todas las campanas el día que nació.

Rafael Herrero Mingorance

Dedicado por Antonio Ordóñez a Francisco Rivera “Paquirri”:

Francisco Rivera, para mí, fue más que un torero. Trato de resumir sensaciones y recuerdos. No consigo exteriorizar, con adjetivos, mis sentimientos. La profundidad de nuestra relación no se puede ajustar con palabras. Francisco es un hombre alque quiero. Querer mejorarse en la vida fue su fuerza. De sus cualidades destaco el tesón. Su afán de superación en el andar por el mundo. Le conocí de niño, de muchacho, de hombre. Su ilusión fue inmensa. Observé su lucha por la gloria. Viví su trayecto. De Pozoblanco solo comprendo los designios de Dios. Paco, te deseo la paz. Que estés siempre cerca del único Maestro.
A. Ordóñez


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Vicente Zabala de la Serna
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