MANUEL JIMÉNEZ MORENO, "Chicuelo"

Sevilla (calle Betis, 11, en Triana), el 15 de abril de 1902

Presentación en público: Tejares, 24 de junio de 1917, con picadores y ganado de José Manuel García. Le acompañaron Juan Luis de la Rosa y Bernardo González. Se anunció por vez primera como matador de novillos en Zaragoza, el 1 de septiembre de 1918, con ganado de Terrones, y acompañado por Antonio Márquez en un mano a mano.

Debut en Las Ventas: el 8 de agosto de 1919, en unión de garcía Reyes y José Martín, y novillos del ganadero sevillano Antonio Flores.

Alternativa: 28 de septiembre de 1919. Padrino: Juan Belmonte. Testigo: Manuel Belmonte. Toros del conde de Santa Coloma. El de la solemnidad se llamaba "Vidriero". Ese mismo día y a la misma hora, en la otra plaza de Sevilla, la Monumental, Joselito daba la alternativa a Juan Luis de la Rosa

Confirmación en Las Ventas: 18 de junio de 1920. Padrino: Rafael el Gallo. Juan Belmonte y Fortuna como testigos. Reses de del duque de Veragua (salió a hombros por la puerta Grande). Importantes temporadas con grandes éxitos.

Temporada 1924: debuta en México, en la plaza El Toreo de la Condesa, el 7 de diciembre, alternado con Victoriano Roger Valencia I, toros de Piedras Negras. Allí también toreó los días 14, 21 y 28 de diciembre.
 
Temporada 1925: grandes éxitos en México, donde suele torear con Rodolfo Gaona. El 25 de octubre, tras haber triunfado en las plazas españolas más importantes, reapare en El Toreo de México, donde alternó con Juan Silveti y Manolo Martínez, con toros de San Mateo. El 15 de noviembre inmortalizó al ejemplar Testaforte, de Piedras Negras.
 
Temporada 1926: actuó en solitario en El Toreo de México el 7 de marzo de 1926, con seis toros de San Mateo. El 7 de noviembre cuajó a Mezcalero, de Piedras Negras.
 
Temporada 1927: el 16 de enero realizó otra obra de arte con Duende, de San Mateo, alternado con Marcial Lalanda. El 23 de enero inmnortaliza a Serrano, de La Punta, alternando con Marcial Lalanda y Emilio Méndez. El 6 de febrero elaboró otra faena imborrable, la de Pergamino, de San Diego de los Padres.
 
Temporada 1928: el 24 de mayo triunfa en Madrid con el toro Corchaíto, de Graciliano Pérez Tabernero (imagen).
 
Temporada 1931: torea en la plaza El Toreo de México el 15 de febrero: le cortó el rabo a Zacatecano, de San Mateo.

Temporada 1951: Se retira el 1 de noviembre, en Utrera (Sevilla), otorgando la alternativa a Juan Doblado y Juan Pareja Obregón.

Otros datos
: hijo del también matador de toros Manuel Jiménez Vera, Chicuelo, que murió el 18 de noviembre de 1907, por lo que quedó huérfano a los cinco años. Otro torero, Zocato, le dio estudios primarios y le inicia en el toreo. Mata su primer becerro a los 9 años, en abril de 1912. Padre, a su vez, del también famoso matador Rafael Jiménez Castro, Chicuelo. Con diez años mata su primer becerro. Es el inventor de la suerte llamada "Chicuelinas". Muere en Sevilla el 31 de octubre de 1967. 


Chicuelo, en su famosa faena a Corchaito


Luis Nieto. Precursor de la Escuela Sevillana

Chicuelo representa un eslabón esencial en el toreo sevillano. Entronca con el genial Juan Belmonte. Y si el trianero acorta los terrenos, el de la Alameda aporta la ligazón. En Madrid asombró en la faena a Corchaíto, engarzando varios naturales; algo insólito en el toreo hasta entonces. Dentro de lo que se entiende por escuela sevillana, un toreo con naturalidad y gracia, no exento de profundidad, Chicuelo fue un precursor de la misma. Airoso con el capote, sus faenas de muleta estuvieron marcadas por la armonía. Y es uno de los toreros que marcan el nuevo rumbo de la tauromaquia, en el que se baja la mano en la muleta para conseguir mayor dominio y estética. Rafael Chicuelo explica que su padre “ha sido el torero de más arte que he conocido. Además de la chicuelina, también introdujo el pase del costadillo y el delantal. Pero ante todo, con su toreo con los pies juntos, es el precursor de la escuela sevillana. En la Maestranza llegó a cortar hasta cinco rabos. Desde 1919 a 1931 toreó varias corridas cada temporada en Sevilla. Debería tener un monumento”. Su dimensión artística fue tan grande que se cantaba por sevillanas: El arte del toreo vino del cielo/ y en la tierra su mejor intérprete lo es/ Manuel Jiménez Chicuelo.

Una de las faenas más grandes de todos los tiempos la realizó Chicuelo al toro Corchaíto, de Graciliano Pérez Tabernero, en Madrid. En los aficionados quedó grabada como La faena de los naturales. Y, todos, absolutamente todos, los revisteros de aquella época coinciden en que fue una obra maestra. Rafael Chicuelo guarda con mimo la crónica que firmó Federico M. Alcázar, quien escribió: “La faena siempre soñada y nunca vista, la obra genial concebida y no lograda hasta esta tarde histórica del 24 de mayo de 1928... Tarde magnífica de toros. La plaza, rebosante. Y el ambiente, saturado de expectación, de interés. Sale el tercer toro. Se llama Corchaíto, es negro, calzón, coletero, marcado con el número 49... Brinda Chicuelo y se dirige al toro, que espera en los medios. Comienza con cuatro naturales estupendos, ligados con uno de pecho soberbio... Vuelve a ligar -siempre con la izquierda- otros tres naturales soberanos. La plaza es un clamor y el público, enardecido, loco, jalea la inmensa faena. Pero lo grandioso, lo indescriptible, lo que arrebata al público hasta el delirio, es cuando el torero, ¡el torero!, ejecuta cuatro veces el pase en redondo girando sobre los talones en un palmo de terreno... el toro va embebido, prendido, sugestionado, describiendo dos círculos en torno al artista, que permanece inmóvil en el centro. Ahora el público no aplaude: grita, gesticula, se abrazan unos espectadores con otros... Señala un pinchazo y continúa su grandiosa, portentosa faena, creciéndose, con otros cuatro naturales de asombro y dos de pecho soberbios. Otro pinchazo y otros dos naturales enormes. La plaza parece un volcán... Vuelve a entrar a matar y coloca media estocada superior... Le conceden las dos orejas y se interrumpe la corrida para que Chicuelo dé dos vueltas al ruedo, entre las aclamaciones delirantes de una multitud ebria de entusiasmo”. 

Chicuelo, universalmente conocido, con numerosos partidarios, fue siempre un torero al que jamás se le subieron los triunfos a la cabeza. Con orgullo y vergüenza torera en la plaza, siempre se mantuvo de manera discreta en su vida personal. Su hijo Rafael define su personalidad como la de “un hombre tímido, al que le gustaba el campo, los tentaderos, todo lo que tenía que ver con su profesión. Dejaba a un lado lo que son las relaciones públicas. Por eso se mantuvo en un segundo plano en este sentido. Nunca buscaba otra popularidad que la conseguida en el ruedo. Recuerdo que cuando fui a torear a México de matador de toros me acompañó mi padre, que tenía por entonces sesenta años. Al llegar el avión, en el que viajaban Gary Cooper y varios actores vimos un grupo de mariachis a la espera. Mi padre se quedó parado y me dijo: ‘Espera a que salgan estos señores’. Eramos los dos últimos que quedábamos ya en el avión. Mientras varios periodistas entrevistaban a los actores, nosotros bajamos del aparato. Entonces el conjunto mariachi se fue hacia mi padre y cantó en su honor. Mi padre, con una timidez tremenda, únicamente acertaba a decir: ‘¡Ozú, ozú, qué barbaridad, qué barbaridad!”.

 

 
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