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Juan Antonio Ruiz "Espartaco"

JUAN ANTONIO RUIZ ROMÁN, "Espartaco"

Joaquín Vidal: "Cuatro años de inactivida"
Antonio Burgos: "De los tres nacimientos de Espartaco"
Fernando Carrasco: "Espartaco regresa a los ruedos"

Artículo de Brian Harding sobre el torero (en inglés)

Entrevista

Entrevista
PortalTaurino: «Es importante concluir mi carrera con éxito después de tanta lucha»

 

 

espartaco.jpg (8340 bytes)ABC. Lunes, 24 de febrero´2003. Espartaco: «El toro me dio una paliza tremenda; no sé cómo pude escaparme»

La vuelta a los ruedos de Juan Antonio Ruiz «Espartaco» no ha podido ser más desafortunada. Y no lo decimos por el triunfo obtenido, ya que según cuentan las crónicas del festival celebrado el pasado sábado en Zaragoza, el torero sevillano volvió como siempre lo hizo: haciendo gala no sólo del temple al que tiene acostumbrado a los aficionados, sino también con esa casta y garra que definieron su dilatada carrera taurina.

Sin embargo, el toro cinqueño de Joao Moura le propinó una auténtica paliza que hizo que ayer domingo, Juan Antonio Ruiz Román fuese sometido, en la clínica madrileña de La Paz, a una serie de pruebas -radiografías y resonancias magnéticas-para conocer el alcalce de las distintas lesiones.

Dolorido, Espartaco señaló a ABC que «me han realizado tacs y radiografías. Afortunadamente no tengo fractura de ninguna costilla, pero sí alguna que otra fisura. También tengo muy fastidiado el codo derecho y me han dicho los médicos que tengo una rotura de fibras en la pierna derecha. Es que fue una auténtica paliza la que me dio el toro».

El sevillano recordaba cómo fue el percance. «Había estado muy a gusto con el toro, cinqueño y que planteó algunos problemas. Pero los resolví y lo cuajé. Incluso le había dado al principio una larga cambiada. Pero cuando al final de faena le di un molinete, al volverme se me vino directo al pecho y no pude reaccionar. A partir de entonces, la paliza fue tremenda. La verdad es que no sé cómo no me hizo nada más. Estaba encelado conmigo y no había forma de quitármelo de encima. Mis compañeros, las cuadrillas... todo era inútil. Fueron momentos muy angustiosos».

Siguió adelante

A pesar de ello, y cuando querían llevar a Juan Antonio a la enfermería, el torero se zafó de las asistencias y volvió a la cara del toro para rematarlo. «Fue una pena que lo pinchase, porque si le llego a meter la espada le corto las dos orejas después de la que le había formado. Pero estaba mermado de facultades y muy dolorido. Sin embargo, no podía dejarme el toro vivo. Es algo que puede más que los dolores y las lesiones».

Juan Espartaco deberá permanecer, al menos, cinco semanas en reposo, por lo que se perderá el festival en el que está anunciado el próximo día 8 de marzo en Aracena. «Está claro que cuando me anuncio es para darlo todo. Ya esté retirado o en activo. Ésa ha sido mi forma de estar en el toreo desde que empecé y así seguiré».

Pero el torero sevillano, a pesar de las lesiones sufridas, se mostraba feliz por el resultado artístico del festival. «Es que no es para menos. La plaza de Zaragoza se llenó, los aficionados respondieron y mis compañeros también acudieron a la llamada. Es lo más bonito que puede ocurrir. Y también el reencontrarme con la afición y sentir cómo están a tu lado, cómo responden cuando uno se entrega».

Sin intención de reaparecer

Estas palabras no dejan entrever ningún atisbo de reaparición. «Soy muy feliz en estos momentos y es verdad que he reaparecido en un festival. Por ahora no tengo intención de volver a vestirme de luces. Estos festivales sirven para matar el «gusanillo», pero ahora no pienso en torear, porque para eso hay que estar muy preparado. Distinto es un festival, donde te mentalizas para una tarde o dos. Otro caso muy distinto es competir con tus compañeros a lo largo de la temporada. Es algo muy diferente».

Espartaco permanecerá, al menos, un par de días más en Madrid, donde seguirá sometiéndose a distintas pruebas, aunque «ya estoy loco por estar en Sevilla con los míos».


Diario de Sevilla. Lunes, 27 de agosto´2001. LUIS NIETO. Espartaco corta nuevamente por problemas de vértigo

Juan Antonio Ruiz Espartaco, que continúa sufriendo mareos, no pudo actuar ayer en El Puerto de Santa María. El torero viajó por la tarde a Madrid, donde se sometió a un reconocimiento.

Espartaco explica: “Me están realizando varias pruebas, entre ellas algunas radiografías. Parece ser que los mareos, atribuidos a una infección de oído, pueden estar originados por una lesión en las cervicales. Ayer -por el sábado- cuando terminé la segunda faena de Almería, parecía que estaba metido en un barco. Me iba de un lado a otro. Se me iba la cabeza. Le di numerosos descabellos al toro. Lo pasé muy mal. Me dijeron los doctores que podía ser problema de cervicales y por eso me están haciendo estas pruebas”.

El diestro de Espartinas recuerda: “En la cogida de Valencia, a comienzos de temporada, además de la cornada, la voltereta fue tremenda y me hicieron una resonancia en la que se veía una pequeñísima lesión. Tuve que tomar desde entonces pastillas para el vértigo. Ahora, es probable que esa lesión haya ido a más y sea la causa principal de estos mareos”. El diestro opina que este problema “es sólo cuestión de días, yo creo que como mucho en una semana estará todo solventado y volveré a torear”. Después de El Puerto de Santa María, donde ayer no pudo torear, el siguiente compromiso del torero es “el día 2 de septiembre en Medina del Campo”.

Espartaco, sobre la valoración de su última temporada, indica: “Todo está saliendo muy bonito. Por ejemplo, la faena del sábado en Almería, el triunfo de Huelva o de Huesca. Y, además, el público se está portando conmigo de manera extraordinaria, con varios reconocimientos y homenajes. Está siendo algo maravilloso”.


ABC. Viernes, 17 de agosto´2001. GONZÁLEZ LINARES. Espartaco: «Es importante concluir mi carrera con éxito después de tanta lucha»

El adiós a los ruedos de Espartaco está ya cercano y su despedida de cada plaza en la que actúa se hace día a día más intensa y emocionante. Acaba de cumplir los 22 años de alternativa, efeméride que celebró en la misma ciudad en la que se doctoró, en Huelva, y de la mejor manera, con éxito y proclamándose triunfador de Las Colombinas de 2001. Mas otros triunfos encadenados como el de La Coruña y, especialmente el de Huesca, le hacen sentirse tremendamente feliz, a pesar de que, casi con toda seguridad, su última tarde en activo será el próximo 29 de septiembre en la Maestranza de Sevilla.

«Estoy muy feliz, principalmente por la regularidad de triunfos que llevo en esta temporada -afirma Espartaco-. Ya no sólo por las orejas o las salidas a hombros, sino por la manera en la que me encuentro delante del toro, muy en forma, lo que me hace estar contento y orgulloso en esta fase de mi vida tan importante, profesional y personalmente».

EL CARIÑO DEL PÚBLICO

Su éxito más reciente, y quizás también uno de los más rotundos en esta temporada de su despedida ocurrió en la pasada Feria de Huesca, en cuya plaza cortó nada menos que cuatro orejas, convirtiéndose en el máximo triunfador del ciclo: «Sin duda fue el reflejo del buen momento en el que me encuentro. La tarde resultó especialmente bonita por la actitud del público, el cariño, el afecto, la admiración y el respeto que me demostraron. La gente me acoge con emoción, y eso se plasma también en mí de forma muy positiva. Noto que se alegran por mí y ya no tanto como torero sino como persona. Se alegran y recuerdan mi trayectoria de 22 años de alternativa, lo que me hace tenerlos muy a flor de piel y sentirme el hombre más afortunado del mundo, algo que me anima a arrimarme más. Si además el toro ayuda, todo sale así de maravilloso, como en Huesca», añadió.

«Fue una tarde muy completa en cuanto a faenas y triunfo, que por su magnitud es importante, aunque más aún lo es por el afecto con el que me trató el aficionado -insiste Espartaco-. Prácticamente todas las tardes de esta temporada las cosas han ido muy bien y la emoción ha sido en todas las plazas, porque todas las he vivido con la máxima intensidad, por la conexión con la gente y la gente conmigo».

Espartaco reconoce que imaginaba su última temporada en los ruedos así, «aunque otra cosa es que sucediera. Y es tan grandioso que es mayor cuando ocurre, por eso soy tan dichoso ahora mismo. Esto es como un sueño. Llevo 27 corridas y el cariño de la gente es unánime».

El respeto del que alardea se lo ha ganado durante dos décadas en los ruedos y muchos años a la cabeza del escalafón. En cambio la ambición de aquel joven Espartaco se ha transformado hoy en un conformismo por lograr un único objetivo: «Poder llegar hasta el final de mi carrera. No puedo pedir más, a veces me da miedo pedir, porque hay tanta gente que lo merece más que yo... Ya sólo quiero salud y fuerzas para llegar a ese último día, porque a la vida y a Dios les debo tanto que no quiero más».

CINCO PUERTAS DEL PRÍNCIPE

El 29 de septiembre hará, casi con toda seguridad, el último paseíllo vestido de luces en la Maestranza de Sevilla, la plaza, que hasta cinco veces le ha sacado en hombros por su preciada Puerta del Príncipe. «Me hubiera dado pena no volver a torear después de la lesión de rodilla -explica-. Pero, al contrario, es la meta que me he trazado y lo que más ilusión me hace ahora mismo conseguir. Sí sé que lo que más echaré de menos y me entristece pensarlo será a mi cuadrilla. Han sido tantos años juntos que estoy seguro de que continuamente me preguntaré la temporada que viene dónde estarán».

Espartaco concluye: «Claro que ha llegado la hora de dedicarme a mi mujer y mis hijas, a mis cosas. Seguiré trabajando y lucharé por nuevos propósitos personales, como la ganadería, el campo y, sobre todo, la familia. Quizás también pueda dormir y dejar dormir. Ojalá me quede la sensación, cuando vaya por la calle y vea a mis compañeros, de sentirme torero».


El País. JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ, Olivenza (Badajoz). Edición del domingo, 7 de marzo´99 Espartaco sale a hombros en su reaparición

Hasta 100.000 pesetas se pagó en la reventa
Espartaco reapareció ayer tras estar cuatro años apartado de los ruedos. El torero se fue a probar ante el público a Olivenza, en la provincia de Badajoz, y formó parte de una terna de las denominadas de lujo, pues la completaban Enrique Ponce y El Juli, los toreros de moda. Y además lidiaron toros, excepto el sexto, de Juanpedro, los llamados toros artistas, aunque uno no sabe muy bien por qué se les denomina así.

La corrida había despertado un interés inusitado. En las taquillas no había entradas desde hace 15 días y los precios que se pagaron a los reventas pocas horas antes del festejo fueron desorbitados. Comentaban testigos presenciales que por un boleto de tendido de sombra se llegaron a pagar 100.000 pesetas, y por uno de tendido de sol, 20.000 pesetas. Una locura.

Poco antes de empezar la corrida, en las inmediaciones de la plaza, se concentraron los que se habían hecho con importantes cantidades de entradas y los que a última hora decidieron acercarse hasta Olivenza desde distintos puntos de España para no perderse este acontecimiento.

El ambiente era extraordinario tanto fuera como dentro de la plaza. Una vez al año, cuando se acerca la Semana Santa, los empresarios taurinos de la localidad montan dos festejos que atraen la atención del aficionado, pero como el organizado ayer no se recuerda otro, según el propietario.

Espartaco congregó en la plaza a muchos de sus seguidores. El Juli, que acaba de empezar, como quien dice, en esto en España, también atrajo a un buen número de aficionados. El resultado fue un lleno absoluto en la plaza, con demasiadas caras conocidas, unas del Gobierno central, otras del mundo del espectáculo.

Triunfalismo

El público, especialmente triunfalista, estuvo por premiar en demasía a los toreros. Espartaco metió tres orejas en el esportón, Enrique Ponce sólo una porque tuvo la mala suerte de que su segundo enemigo, quinto de la tarde, se lesionara una pata en el tercio de banderillas, y El Juli otra también y no más porque el que cerró plaza, del hierro Palardé, supo pronto dónde estaba y desarrolló sentido por ambos pitones.

El encierro enviado por Juan Pedro Domecq llegó justo de fuerzas y blandeó excesivamente. Destacó el lidiado en cuarto lugar, al que parte del público pidió que se le indultara, a pesar de hacer una fea pelea en varas y de rodar por el suelo en dos ocasiones. Cuando Espartaco lo liquidó de un bajonazo, el toro, además, fue a morirse a la puerta de toriles.

El torero de Espartinas tuvo a su favor el mejor lote de la tarde y a su afición. Otra distinta le hubiese afeado que se colocara fuera-cacho durante la lidia y que se sacara afuera a sus toros en ocasiones. Tampoco quiere decir esto que el torero estuviese mal. Algo desconfiado sí se le observó. Puede que sea hasta normal después de estar cuatro años retirado.

En su primero, toreó con profundidad algunas tandas, en otras con cierto despego del animal, que si llega a tener un poco más de gas y recorrido, otra oreja se hubiese llevado el diestro. En el cuarto, Espartaco provocó el delirio en los tendidos templando la faena y con muletazos largos, pero casi siempre mal colocado. La gente estaba con él, y tras un espantoso bajonazo, el presidente le concedió las dos orejas. Demasiado triunfalismo.

Enrique Ponce estuvo, con el único toro que lidió, en su línea habitual. A veces un interminable pegapases y otras bajando la mano y toreando, aunque su único toro se resistía a tragarse el tercer muletazo de cada tanda. El quinto, como queda dicho, se inutilizó para la lidia y Ponce sólo pudo armar la muleta y entrar a matar.

El Juli llevó la emoción al tendido en el tercero. Con la variedad que tiene para manejar el capote, el joven ya armó un lío entre el público. El toro, como el resto de su camada, sacó poca fuerza y no transmitió nada. El Juli aguantó las embestidas inciertas, se metió entre los pitones e hizo un toreo que parecía al que practicó en su tiempo Paco Ojeda.

En resumidas cuentas, el torero se pegó un arrimón de campeonato y por ello le concedieron una oreja. Con el que cerró plaza no consiguió acoplarse. El toro desarrolló mucho sentido e iba a buscarlo no con muy buenas intenciones.


JOAQUÍN VIDAL, Madrid . El País, 7 de marzo´99. Cuatro años de inactividad

Volvió Juan Antonio Ruiz Espartaco rodeado de una expectación enorme. No era sólo por su retorno sino porque lo hacía acompañado de dos de las figuras que aspiran a ocupar el trono que dejó vacío a causa de una lesión.

Durante los cuatro años que Espartaco estuvo ausente, un plantel de jóvenes matadores pugnó por sucederle en el mando del toreo. Entre ellos, Joselito y Enrique Ponce, que ya intentaron desbancarle cuando estaba en activo. Joselito se ha retirado, pero quedan, entre otros, José Tomás, El Juli y el propio Ponce; los dos últimos alternantes ayer con Espartaco en el coso de Olivenza (Badajoz).

Fue una lesión lo que quitó a Espartaco del toreo. Paradójicamente no una lesión producida por asta de toro, sino por un lance futbolístico, durante un partido benéfico. El traumatismo de rodilla resultó ser de largo alcance. Pasó varias veces por el quirófano, viajó a Estados Unidos para que le examinaran los mejores especialistas, siguió en Barcelona un concienzudo tratamiento de rehabilitación. La ciencia hizo mucho, pero aún más la voluntad del hombre, que luchó tenazmente para recuperar la normalidad del miembro afectado.

Llegó a temer Espartaco que acabaría inútil para la profesión. Ponerse delante de un toro, aun a manera de prueba, era una temeridad. Parece como si fueran los deportistas quienes más necesitan estar en plena forma para desarrollar su actividad. Pero no es cierto. Los toreros precisan de mayor fuerza y agilidad. El movimiento del torero durante la brega y la instantánea reacción refleja cuando se cierne de súbito el trance de la cogida son de una sutilidad apenas perceptible, pero requieren una preparación física formidable, una puesta a punto perfecta.

Tan sólo unos meses hace, al decir del torero, que tomó la decisión de ponerse delante de un toro. Fue como ir a por todas, aunque en la soledad de la placita de tientas. Y dio buen resultado. La rodilla respondía, la fuerza era cabal.

El poder de Espartaco, sin embargo, estaba en la mente. Su propósito de reaparecer no había dejado de latir en su alma de torero. Y vino de inmediato la ilusión, que incluye el ajetreo de la actividad taurina y, sobre todo, la ambición de recuperar el trono que dejó vacío.

Durante ocho temporadas consecutivas Espartaco había sido el mandón del toreo. Tenía los honorarios más altos, era el eje de todas las ferias, elegía plazas, fechas y ganaderías. No se trataba de un torero de arte o, por lo menos, no cifraba en el arte sus triunfos. Pundonoroso, sobrado de técnica para desarrollar su estilo -por cierto, muy discutible y poco ortodoxo-, ambicioso, valiente, advertía de inmediato las condiciones de los toros, los muleteaba con enorme facilidad, no daba faena por perdida. De similar corte es Enrique Ponce, que ha ocupado su puesto -no se sabe si transitoriamente- durante los cuatro años de ausencia.

Pero hubo un momento en que Espartaco, siempre atlético, extravertido, sonriente en sus actuaciones, cambió el tono y el temperamento. De repente, se le veía crispado, muy propenso a dirigir miradas furibundas a su padre y a su apoderado, que se encontraban en el callejón, como si les estuviera reprochando la condición del toro. Y su propio toreo se crispaba también. No eran buenos signos. Llegó una feria de Sevilla y, perseguido por el toro después de una estocada, sufrió un tremendo volteretón. Sobrevino la lesión de rodilla en el partido de fútbol benéfico. Y pareció que la carrera del torero había terminado.

Al principio de los setenta ya iba de novillero puntero. El apodo lo heredó de su padre, que asimismo fue torero y se lo puso aquel apoderado irrepetible -inventor de El Cordobés- que se llamó El Pipo. Como nació en la población sevillana de Espartinas y por aquellos años sesenta triunfaba la película de Stanley Kubrick Espartaco, le bautizó con ese nombre.

Manuel Benítez, El Cordobés, le dio la alternativa al joven Espartaco en Huelva el 1 de agosto de 1979 en presencia de Manolo Cortés. La confirmó tres años después en Las Ventas, donde se prodigó poco y tuvo escasa fortuna, hasta que cuajó una celebrada faena a un toro de Alonso Moreno el día de San Isidro de 1985. Este éxito, varias tardes cumbre en La Maestranza de Sevilla y su regularidad en la práctica del toreo moderno le convirtieron en figura máxima de la fiesta.

Vuelve, y quizá no vaya a ser igual. Enrique Ponce y también José Tomás, que se han ganado el favor del público durante su ausencia, no van a ceder gratuitamente el terreno conquistado; ha irrumpido arrollador El Juli; una baraja de jovencísimos matadores viene pegando... Y Espartaco ya no es un niño: pronto cumplirá los 38 años.


ABC. Sevilla. Fernando Carrasco. Edición del jueves, 31 de diciembre´98. Juan Antonio Ruiz «Espartaco» regresa a los ruedos tras tres temporadas en el dique seco

El matador de toros Juan Antonio Ruiz «Espartaco» tomó ayer la decisión, de manera oficial, de volver a vestir el traje de luces la próxima temporada, merced a los buenos resultados que han tenido tanto las últimas intervenciones quirúrgicas como los resultados en las distintas pruebas en el campo. La intención del torero es la de reaparecer en su totalidad. «Me encuentro bien y creo que puedo afrontar una serie de   compromisos».

Aunque era un hecho cantado, hasta ayer miércoles, después de probarse delante de unas becerras en la finca «Lo Alvaro», propiedad de Juan Pedro Domecq, no tomó la decisión: Juan Antonio Ruiz «Espartaco», alejado de los ruedos desde el pasado junio de 1995, decidía, de manera oficial, volver a vestir el traje de luces. Atrás han quedado años de incertidumbres y hasta cinco operaciones, así como rehabilitaciones duras, muy duras, tanto en España como en Estados Unidos. Espartaco señala que «estoy muerto de miedo. Han sido dos o tres meses de muchas pruebas, de seguir adelante a pesar de los dolores. Pero lo que más temo es la reacción del público».

El diestro no oculta que se encuentra bien físicamente. «Estoy bien, si no sería de tontos anunciar mi vuelta. Me he probado en el campo, frente a toros y a becerras y, la verdad, ahora es cuando estoy viendo que la pierna me responde. Han sido muchos años difíciles, en los que he pensado, en muchos momentos, en arrojar la toalla y dejar esta profesión. Pero no me podía ir de los toros de
esta manera».

La prueba de ayer resultó decisiva. Anteriormente se había probado ante cuatro toros –estoqueados– en los que se encontró presente el doctor Cugat, que certificó la excelente forma física del torero. Asegura, por encima de todo, que «estoy en plenitud de facultades, pero también es verdad que será el día a día el que me dicte como estoy, como voy evolucionando. Lo que está claro es que si hago el paseíllo es para hacerlo en plenitud de facultades».

Hablamos de su reaparición y de la plaza de Sevilla. «Sería un sueño poder hacer el paseíllo en la Maestranza. Pero también es verdad que no quiero comparecer en esta plaza así como así. Me gustaría rodarme antes. Todos los festejos son importantes, pero hacer el paseíllo en la Maestranza es distinto. Si salgo a torear es para hacerlo con todas sus consecuencias. No sé si el empresario me querrá contratar. Yo estoy dispuesto a dar la cara y a seguir adelante».

En cuanto a la temporada de 1999 explica que «será como venga. Yo no volveré la cara. Mi objetivo es torear donde me llamen, siempre y cuando me encuentre bien».


ANTONIO BURGOS De los tres nacimientos de Espartaco. El Mundo (Edición del lunes, 11 enero´99)

El Registro Civil de Espartinas dice que el día 3 de octubre de 1962 nació un niño, Juan Antonio Ruiz Román, hijo del novillero Antonio Ruiz Rodríguez, que como ha visto en el cine del pueblo la película de Stanley Kubrick y se siente tan poderoso como Kirk Douglas con el taparrabos de gladiador, quiere armar la revolución de los esclavos de la Casa Balañá y de la Casa Chopera. "Rompió las cadenas y cambió el mundo" anunciaban por Radio Sevilla en aquel año de su debú de luces en Granada. Y se puso de sobrenombre Espartaco. Espartaco de Espartinas. Ese Registro civil está completamente equivocado. El verdadero nacimiento de Juan Antonio Ruiz sería en Sevilla, 23 años más tarde, el 25 de abril de 1985, cuando sale por la Puerta del Príncipe, tras cuajar un toro de Manolo González y cortarle las orejas. Entonces es cuando nace el torero. Un muchacho que estaba en el toro desde que tenía pantalón corto. Como no tenía la edad legal en España, los Lozano se lo habían llevado de niño torero a América. De menos hizo Dios a tantos niños-prodigio que luego se quedan en simples ratoneros del toreo. Espartaco no iba a ser nada.

Pero cuajó aquel toro de Manolo González. Había cometido una terrible imprudencia. De las que Sevilla no perdona. Tres años antes, había tenido la osadía de abrir la Puerta del Príncipe con tres orejas de dos Jandillas. Nada hubiera ocurrido si el cabeza de cartel no hubiera sido Curro Romero. Las ciudades en forma de pirámides suelen vengarse de quienes se creen que han derrocado a sus faraones. Soltado por los Lozano, cogido por Marca, con su padre siempre en la boca del burladero, cuando aquel día de abril de 1985 hacía el paseo en Sevilla no tenía firmada más que una corrida en Córdoba, y
de Isaías y Tulio Vázquez. Aunque había abierto la Puerta del Príncipe, ¿cuántos de los ocasionales cerrajeros no acaban debanderilleros? Hasta que salió aquel toro de Manolo González. Entonces fue cuando por Radio Sevilla, ya en FM estéreo, Espartaco padre oyó de verdad el anuncio de la película de sus sueños: "Rompió las cadenas y cambió el mundo". Juan había roto las cadenas simbólicas de la Puerta del Príncipe. Había cambiado el mundo. Ya no tenía que torear corridas duras. Camará, empresario de Córdoba, que lo estaba viendo, se fue corriendo al Colón a ver a José Luis
Marca:

-- Vengo a que me digas que Juan Antonio no torea en Córdoba...
Y como José Luis Marca no se había enterado del nacimiento de Espartaco,
preguntó:
-- ¿Por qué?
-- ¿Cómo vas a llevar a tu torero con los Isaías a Córdoba, después de
cuajar este toro en Sevilla ¿Tú qué quieres, acabar con él?

Tan grande es el oficio y el pundonor de Juan Antonio que ni los Lozano ni José Luis Marca pudieron con él. Y tan grande su inteligencia, que se dejó llevar por Manolo González. El mejor toro de Manolo González que cuajó Espartaco fue el contrato de apoderamiento. Ojeda es como si no estuviera y la cabeza del escalafón estaba esperándolo, como la cartelera del cine de los sueños. Allí arriba, en su sitio, en cabeza del escalafón, se mantuvo hasta 1991. Léase César Rincón. Sin creerse nada. Haciéndose perdonar el éxito todos los días. Deberían dar un premio al que alguna vez le haya visto una mala cara a Juan. Su sonrisa es de sesión continua, como la película "Espartaco" en el cine Rialto... Humilde. Con la fuerza de la tierra y de lo verdadero. Cómo será, que cuando salió de Rey Mago tenía que lidiar el difícil toro de los discursos en la cena de gala en el Alfonso XIII. Y lo mismo que abrió la Puerta por vez primera frente a Curro, cuajó un discurso impresionante, dedicado a su madre, eterno niño de Espartinas, junto a un Jesús Aguirre que sólo estuvo aseado en su faena de aliño. Dicen que conoce como pocos los terrenos del toreo. Y los que no son del toreo. Más difíciles son los terrenos de Sevilla, y Juan los domina. Quizá no tenga partidarios, pero no tiene enemigos, que dice bastante más en esta ciudad de las envidias y de las soberbias. Donde ahora, curada la rodilla con lesión de futbolista, volverá a nacer por vez tercera.

Puntas del Diamante

PATRICIA.- "Si yo Espartaco, tú Jean Simons", dijo un día Juan, a lo Kirk Douglas. Y surgió en su vida Patricia Rato. Que si lo miran, es como Jean Simons, por lo agradable, lo discreta. Esto de que la mujer del torero tenga nombre de vicepresidente económico del Gobierno va contra todos los tópicos de la cinematografía taurina. Pero es tal la discreción de la mujer del torero, que Patricia es Patricia y Rodrigo es Rodrigo. Antoñete era el torero del PSOE, pero Juan, ni aun estando casado con Patricia, podrá ser nunca el torero del PP.

LAS JACHAS.- La Catedral tiene una puerta que se llama del Perdón. No sé por qué. Esta Sevilla no perdona nada. Y mucho menos el éxito. A Juan Antonio no se lo ha perdonado. Salir tres veces por la Puerta del Príncipe es mucho salir. Y encima, tener Los Guateles, y ser Espartaco Sociedad Anónima. Me lo contaron ayer las lenguas de doble filo, que lo querían dejar viudo en menos de horas veinticuatro. Menos mal que aquí basta con sentarse a la puerta. Los nombres de muchos de los que con su jacha querían matar a Patricia Rato ya los he visto en una esquela del modelo 5...

JULIO IGLESIAS.- Los triunfadores son una casta. Tenían que hacer un sindicato. Estaba Julio Iglesias por Marbella y se le acercó la última mujer de Espartaco Santoni, el del pañuelo del Real Cuerpo de Piratas de Marbella: "Hola, Julio, soy la mujer de Espartaco..." Y Julio dixit: "¿Está ya bien Juan de la rodilla?" Error de Julio Iglesias lamentable. No había confusión posible. Patricia, en la vida se acercará a figurar junto a Julio. Y mucho menos se dará a conocer como la mujer de Juan.

RAFAEL MORENO.- Espartaco es muchas cosas. Muchas cosas que otros no han podido ser. Espartaco es la figura del toreo que no pudo ser Antonio Ruiz Rodríguez. Tanto, que no fue Espartaco II, sino como una segunda salida de aquel Quijote . Durante muchos años, ha toreado todas las corridas que no ha podido torear Rafael Moreno. Porque con ese cuerpo...



El Mundo-Andalucía. CARLOS CRIVELL. Edición del 8 de agosto´99. Espartaco sufre un esguince en la misma rodilla que se lesionó
El diestro sevillano deberá realizar rehabilitación durante 10 días
ALMERIA.- El matador de toros Juan Antonio Ruiz Espartaco, que resultó lesionado el viernes en la corrida celebrada en Berja (Almería), visitó ayer al doctor Cugat en Barcelona, que le apreció un esguince del ligamento lateral interno de la rodilla derecha.

El torero sevillano sintió un fuerte dolor mientras toreaba en la citada plaza almeriense.

El hecho de que la rodilla lesionada sea la misma que ha tenido a Espartaco retirado durante cuatro años de los ruedos, motivó la preocupación del torero y de su entorno.

Según indicó el mismo diestro a EL MUNDO, «ese ligamento es el único que no se había afectado en la grave lesión que me tuvo apartado de los ruedos». El doctor Cugat practicó una resonancia magnética a la rodilla de Espartaco y comprobó el diagnóstico.

Le ha recomendado que, de momento, realice una intensa rehabilitación de siete a 10 días. Espartaco confirmó a este periódico que «no se trata de un corte de temporada, sino de una lesión de la que me quiero recuperar pronto para seguir toreando».

El torero viajó a últimas horas de anoche hasta la capital sevillana, donde realizará la rehabilitación que le ha indicado el facultativo catalán. Por este percance perderá Juan Antonio Ruiz varios festejos, entre ellos el que ayer tenía anunciado en El Puerto de Santa María.

Este accidente a mitad de temporada es el primero que sufre el diestro de Espartinas desde que reapareció el pasado mes de marzo en la localidad de Olivenza (Badajoz). Una grave lesión en el ligamento anterior de la rodilla derecha le hizo perder tres temporadas completas.

Espartaco, que lideró el escalafón durante ocho temporadas en la década de los 80, se planteó, a sus 36 años, retomar la profesión para hacer alrededor de 40 paseillos en esta temporada. Sin embargo, la buena marcha de sus actuaciones -con el empujón inicial de las dos orejas de Sevilla- le ha hecho rozar ya esa cifra.


Ficha técnica del torero

 

 
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