JUAN BELMONTE GARCÍA

Sevilla, 14 de abril de 1892

Primera vez de luces: Elvas (Portugal), el 20 de mayo de 1909 (el festejo estuvo anunciado para el día 16, pero fue suspendido por lluvia).

Primera vez que mató un novillo: inauguración de la plaza de El Arahal (Sevilla), el 24 de julio de 1910.

Primera vez en la Real Maestranza (sin caballos): agosto de 1910, con Bombita IV y Pilín.

Temporada 1911: toreó la novillada del Domingo de Resurrección en la Real Maestranza. Le dieron tres avisos, no pudo matar. Toreó una vez en Lorca, bajo el nombre de Pichoco, al que sustituía (salió a hombros)

Temporada 1911: Toreó tres novilladas en Valencia (en la primera fue cogido). Tuvo acogida en la prensa, que le llamó "diamante en bruto".

Debut con caballos: Real Maestranza de Sevilla, el 21 de julio de 1912, en corrida organizada por la Hermandad de San Bernardo para recaudar fondos, con Larita y Francisco Posadas, y novillos del duque de Tovar. Tras la corrida, "una muchedumbre lo llevó a hombros hasta su casa". Fue "mi consagración, mi triunfo definitivo como novillero". Esta temporada toreó más de 20 novilladas.

Debut en Madrid: el 26 de marzo de 1913. Con Curro Posadas, y novillos de Santa Coloma, "en la desaparecida Plaza de la carretera de Aragón, esto es, la Plaza de Madrid de Lagartijo y Frascuelo, de Guerrita y Fuentes, del Espartero..., sita donde actualmente está construído el Palacio de los Deportes de dicha ciudad". El 11 de abril siguien vuelve a obtener rotundo éxito en Madrid, y la afición se revolucionó.

Alternativa: 16 de septiembre de 1913 en Madrid, actuando de padrino Machaquito.

En el espléndido retrato de “Belmonte en plata”, sitúa al maestro en un alto con vestido plata y verde oscuro que contrasta con el verde más amable del capote de paseo. Su rostro, sereno, esboza una imperceptible sonrisa. Al fondo el pueblo segoviano de Ayllón donde se aprecia que la plaza ha sido cerrada con talanqueras para celebrar una corrida. Con el cielo oscuro, amenazando tormenta, emerge la figura luminosa de Belmonte.
Juan Belmonte era muy amigo del pintor Zuloaga

Temporada 1915: plena competencia con Joselito el Gallo. Triunfo en la de Miura de Sevilla, y 4 mano a mano con Joselito, 2 en Sevilla y 2 en Madrid (en la última fue cogido en dos ocasiones por un Parladé).

Temporada 1917: 97 corridas. La más brillante de su vida torera. Se presenta en Perú el 20 de diciembre, y en el coso limeño lidia 12 corridas

Temporada 1920: 30 corridas. Lidia en la Maestranza el 17 de abril. Ese año su competidor,  Joselito,  es cogido mortalmente) en Talavera.

Temporada 1922: anuncia su retirada en Lima (Perú)

Temporada 1924: tras una ausencia de dos temporadas en los ruedos españoles, vuelve de rejoneador en Sevilla, el 9 de junio, y el día 25 repite en Badajoz. El 26 de agosto torea en Zumaya y uno de Pérez Tabenero le corneó tardando dos meses en curar: ver fotografía de la cogida.

Temporada 1925: 19 corridas y un festival, el de Zumaya. Grandes éxitos

Temporada 1921: 60 corridas

Temporada 1934: 32 corridas. Director de lidia en la corrida oficial de inauguración de Las Ventas de Madrid (21 de octubre). El 28 de octubre vuelve a lidiar en Las Ventas, con gran triunfo.

Temporadas 35-36: lidia algunas corridas antes del estallido de la Guerra Civil (18 de julio del 36)

Primer apoderado: Calderón.

Otros datos: nació en la sevillana calle de la Feria, número 72. Bautizado al lado, en la iglesia parroquial de Omnium Sanctorum. Su abuelo, que procedía de Algodonales (Cádiz), poseía en la misma casa una tienda de quincalla, que después pasó al padre. Ensayó por vez primera sus actitudes taurinas en las cercana ventas del ex-matador Cara Ancha y de Camas (Sevilla). Luego comienza a frecuentar el campo de Tablada, en las afueras de la capital sevillana, en las noche en que había ganado. En su debut con caballos en la Real Maestranza obtiene un rotundo éxito, y fue llevado a hombros hasta su casa en Triana, sin que se dieran cuenta que iba herido en una pierna. Una vez que anuncia su retirada en Lima, vuelve a lidiar en España, con un contrato global que le hace Eduardo Pagés por 25 mil pesetas cada corrida (1925). Muere, por decisión propia, en su finca de Utrera (Sevilla), el 8 de abril de 1962. Su hermano Manuel también fue matador de toros.


 

Toreo de capa de Juan Belmonte. Real Maestranza de Sevilla (1919)El País. Edición del 7 de enero de 2004. S. BELAUSTEGUIGOITIA.

"El día que se torea crece más la barba. Es el miedo. Sencillamente, el miedo. Durante las horas anteriores a la corrida se pasa tanto miedo, que todo el organismo está conmovido por una vibración intensísima, capaz de activar las funciones fisiológicas, hasta el punto de provocar esta anomalía que no sé si los médicos aceptarán, pero que todos los toreros han podido comprobar de manera terminante: los días de toros la barba crece más aprisa". Este párrafo magnífico, donde no sobra ni falta una palabra, da inicio al 16º capítulo de una de las mejores biografías escritas en lengua española: Juan Belmonte, matador de toros.

Las obras de su autor, el periodista y escritor Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-Londres, 1943), viven un periodo de reivindicación en los últimos años. Buena prueba de ello es la reciente reedición de Juan Belmonte, matador de toros (1935) en la prestigiosa Alianza Editorial.  La colección El Libro de Bolsillo de la editorial madrileña ha vuelto a sacar a la calle esta obra mítica, a la que el vivificante boca a boca de los lectores ha salvado del olvido.

Cuatro historias de la República. (Destino). Este libro reúne artículos escogidos de cuatro periodistas de la II República. Julio Camba, Gaziel, Josep Pla y Manuel Chaves Nogales escriben sobre el clima político y social de la época. El libro recoge tres artículos de Chaves Nogales. El primero analiza la situación política en Cataluña; el segundo es una entrevista con Joseph Goebbels, que, años más tarde, se convertiría en uno de los carniceros del III Reich, y el tercero trata sobre la celebración de la Semana Santa en la República.

La Diputación de Sevilla también ha jugado un importante papel con la edición de la Obra periodística de Chaves Nogales en dos gruesos tomos. Los relatos reunidos en el libro A sangre y fuego (Espasa) han sido publicados asimismo en este periodo de recuperación de Chaves Nogales. "De todos los cientos de relatos o novelas que se han escrito de la guerra civil acaso ninguno puede compararse a A sangre y fuego, de Manuel Chaves Nogales. A su lado muchas de las páginas de tantos otros -Foxá, Max Aub, Neville, Baroja, Borrás, Petere, Barea- parecen oscurecerse faltas de nervio o sobradas de retórica guerrera. Ni han contado lo que él contó ni lo contaron de la misma manera", escribió Andrés Trapiello sobre este libro.

"Su prólogo, por ejemplo, debería figurar, íntegro, en todos los manuales de historia, de periodismo y de literatura, como modelo de probidad y de tino, tanto más cuanto que fue concebido en medio del desastre, sin tiempo para componer la figura, corregir el tiro o enmendarlo, como luego se hizo a menudo", añadió Trapiello.

Chaves Nogales no comulgó con las ruedas de molino de fascistas y comunistas. Y quizás esto lo pagó caro porque muchos simpatizantes de ambas corrientes políticas le negaron el pan y la sal a su obra. Sin embargo, contra la buena literatura nada puede el sectarismo. Chaves Nogales es un ejemplo de ello cuando se cumplen 60 años de su muerte en el exilio londinense, lejos de güelfos y gibelinos, de tirios y troyanos.

"Mi única y humilde verdad era un odio insuperable a la estupidez y la crueldad... Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España... Los caldos de cultivo de esta nueva peste nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas de comunismo, fascismo o nacionalsocialismo", señaló Chaves Nogales. "De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos suficientes para haber sido fusilado por los unos y por los otros", agregó el escritor sevillano.

Ha pasado el tiempo y las páginas de Chaves Nogales siguen estando tan vivas como siempre. Leer Juan Belmonte, matador de toros es una excelente ocasión para comprobarlo.

 

 
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