GANADERÍAS DE ESPAÑA


 

SALTO DE LA GARROCHA

Una de las suertes más antiguas del toreo. Se ejecutó con cierta asiduidad hasta finales del siglo XIX y esporádicamente se realizó en el XX. Uno de los mejores intérpretes en el siglo pasado -al que vimos realizarlo con éxito en varias ocasiones- fue Aurelio Calatayud. En el XIX destacó el matador de toros José Lara Chicorro, como consumado especialista.

Precisamente, en el archivo municipal de Pamplona aparecen documentos en los que un torero de Sanlúcar,Postal antigua de la abuela Francisco Martínez, realizó el salto de la garrocha en esa ciudad las temporadas comprendidas entre los años 1723 y 1731.

Después de un tiempo en el que apenas se realizaba, lo resucitó Blas Méliz en la corrida extraordinaria efectuada el 26 de octubre de 1838, que luego practicó con mucha habilidad Matías Muñiz. Varios de sus arriesgados artífices cayeron heridos de consideración, con cornadas graves, como fueron los casos de Manuel Lagares y Hermenegildo Ruiz Chaval.

Pero, ¿cómo se ejecuta? Se realiza a poco de salir el cornúpeta de toriles, sin esperar a que haya tomado vara alguna; es decir, con toda su pujanza y sin que haya sido bregado por los peones.

El torero debe ir provisto de una vara -antaño era de fresno por su resistencia-. Un palo cuya medida no está estipulada, pues esta suerte no está reglamentada. Lo habitual es que mida el doble que el torero. Por tanto, la
medida de la vara estará en consonancia con la talla del torero.

El saltador escogerá el terreno atendiendo a las condiciones del toro. Saldrá en la rectitud del toro y lo alegrará con el movimiento del cuerpo o bien con la voz, para que parta hacia él. Al llegar al centro de la suerte, que el torero debe medir con precisión, clava la garrocha en el suelo, se apoya en ella y, elevándose como si fuese a vadear un arroyo, va a caer por los cuartos traseros del cornúpeta, llevándose el palo algunas veces y soltándolo en la mayoría. En los tratados antiguos se indica que "si la garrocha tiene puya, ésta debe ponerla en el suelo para que agarre bien a la tierra, y si no la tuviese, procurará poner en la arena la parte más delgada con el indicado objeto. Esta suerte debe ejecutarse con toros que tengan muchas dificultades, prontos en su acometida y que acudan por su terreno, y nunca intentarse con los revoltosos y faltos de facultades".



El salto de la garrocha, muy considerado en su tiempo, fue difundido gracias a uno de los aguafuertes de La Tauromaquia de Goya, donde aparece realizándolo Juan Apañani.
 

 

 

Texto de Luis Nieto

 

 

 

 
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