REGISTRO GRAL. DE PROFESIONALES TAURINOS

Los rejoneadores para actuar han de estar inscritos en la Sección IV del Registro. Pueden actuar por pareja, pero en tal caso solo uno de ellos podrá ir armado y clavar farpas, banderillas o rejones.

 

 

ÁNGEL PERALTA PINEDA

Puebla del Río (Sevilla), 18 de marzo de 1926

Debut en público: 19 de febrero de 1945, plaza de La Pañoleta (Sevilla)

Debut en Madrid: 19 de abril de 1948, un toro de Molero, con los matadores Morenito de Talavera Chico, Rafael Yagüe y Antonio Chaves Flores

Temporadas 60-70: suele encabezar el escalafón de caballeros en plaza.

Temporada 1972: comienza a formar equipo para espectáculo completo de rejoneo con su hermano Rafael Peralta y con Manuel Vidrié.

Temporada 1979: sobresaliente actuación en la Real Maestranza, durante la Feria de Sevilla.

Temporada 1983: 73 festejos

Temporada 1986: 47 festejos

Otros datos: Hermano y compañero de lidia en múltiples ocasiones del también rejoneador Rafael Peralta.

 

Ángel Peralta, renacentista del toreo a caballo por antonomasiaEl renacentista del rejoneo 
 
Por Luis Nieto
 
En el trasiego de tantos premios entregados en FIBES –merecidos todos ellos– dio la impresión que el homenaje a Ángel Peralta se diluía. Porque si existe alguien que merezca tributo hoy en día en el mundo del toreo es este Centauro de la Puebla o mejor dicho de las Marismas –así lo bautizó el ganadero salmantino Antonio Pérez-Tabernero–, quien a sus 80 años cabalga en el último espectáculo de Távora, en el ruedo del Palacio de Exposiciones y Congresos, con la misma firmeza e ilusión que lo hizo en su debut en la desparecida plaza de La Pañoleta cuando contaba 17 años o bien cuando se convirtió en el primer rejoneador en cortar un rabo en la Maestranza.

Si trazamos a grandes rasgos la legendaria figura de don Ángel como rejoneador escribiríamos un libro. Pero Ángel Peralta ha sido y es mucho más que un rejoneador. Es un renacentista del rejoneo; el renacentista del toreo a caballo por antonomasia. Y esto daría hasta para una enciclopedia. Dicho así parece pretencioso. Pero a vuelapluma quiero entresacar esas facetas en las que ha brillado más allá del círculo mágico del ruedo.
 
Como escritor, sus asertos filosóficos, a los que llama cabriolas, son reflexiones con ese calado profundo de hombre de campo. En sus poemas, la naturaleza estalla con sencillez, pero en todo su esplendor. En sus cantares aflora la comunión con el pueblo. Y hasta con un piafé alegre se ha marcado sevillanas que son cantadas y bailadas en el mundo entero. Quien quiera conocer al Peralta escritor se puede asomar a varios tendidos, a varios cosos: Cabriolas (Sevilla, 1960), Caballo torero (Colonia, Alemania, 1971), en collera con el pintor Capuletti, Cucharero, traducido al francés, Mi sueño con el Pájaro y el Toro (1995) y El Centauro de las Marismas.
 
Su alma, curtida como sus zahones, está impregnada de rocío campero. Su corazón todavía, a sus 80 años, tiene el brío de un potro salvaje. Y su cabeza es una de las más lúcidas de la tauromaquia. En sus pilares, junto al caballo... el toro. Y qué mejor para conocerlo que meterse a ganadero. Desde hace varias décadas ha jugado a buscar la alquimia de la bravura en la recuperación del encaste Contreras.
 
Rastreemos más sus huellas escritas. En sus escritos hay marisma, toro y caballo. Embestidas y galopes. Y espuelas y zahones. Luna y sol. En sus poemas, pájaros, brisas y miradas. Silencio y soledades. Noche y amaneceres. Bosque y mar. Y torrentes, ríos, manantiales...La naturaleza, en sus poemas, se vive más que como la descripción de su hábitat, como el oxígeno que respira. Y así, como un estallido, también resuenan sus versos de amor.
 
Pero este escritor y filósofo también saltó al celuloide como actor. Y cabalgó en el cine en La Novia de Juan Lucero (1959), junto a Juanita Reina, y en Cabriola (1965), con Marisol. Con ese caballo vivió uno de los tragos más amargos de su vida. Murió en el ruedo de Alicante el 5 de septiembre de 1965, después de recibir una cornada en el pecho, como los grandes toreros y el caballero escribió aquello de "'Adiós, Cabriola, adiós!/ A mí me toca esperar,/ lo que queda nada vale,/ que lo que vale se va...". Y en el apartado biográfico en el cine compartió vivencias, en su finca, desde con Ava Gadner hasta con Bo Derek.
 
En estos apuntes de este renacentista todavía sorprende más –cual si fuera un Leonardo Da Vinci– la faceta creadora de Ángel Peralta como inventor de artilugios destinados a mejorar la vida de sus caballos. Ya en sus comienzos, cuando todavía no existían los camiones repletos de comodidades para trasladar a los caballos, al incipiente rejoneador, para no separarse de sus amigos se le ocurrió instalar dos largas escaleras de pintor en la caja de la carga del camión y colgar entre ambas una hamaca, compartiendo espacio con sus fieles amigos. Más conocido y propagado fue el cajón de curas que destinó a sus cabalgaduras y más importante fue aquella mesa de operaciones que ideó tras sufrir el revés de una cornada a uno de sus caballos toreros. Aquel día fue ayudado por un cirujano en la cura. Pero con el tiempo, con esa inquietud y decisión que siempre ha tenido, aprendió a manejar con soltura el bisturí.
 
Así podríamos continuar añadiendo facetas y facetas diferentes de Ángel Peralta. Y todas sustentadas en el denominador común de dos pilares: el artístico y el humanista. Por eso, hasta la invención de la suerte de la rosa, como rejoneador, tiene lugar de una manera poética que me contó cierto día: "En una corrida en Sevilla, una mujer muy bella, que se asustó cuando el toro estuvo a punto de cogerme, arrojó una flor para hacerme el quite. Era una rosa que cayó en la arena, entre el toro y yo, una rosa que llevaba clavada en el pecho. Entonces yo me tiré del caballo, até la flor a una banderilla corta y le brindé la suerte: '–¡Para que no se asusten/ en la plaza las hermosas,/ a los toros las heridas/ se las cubriré de rosas!".

Diario de Sevilla, 3/02/2006

 

 

 
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