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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 4 de mayo de 2003
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Miura,
de diferente presentación y juego. Aplaudidos el 2º, 5º y 6º.
Diestros:
- Padilla,
media tendida, descabello (silencio). Un municipal, media estocada,
estocada (silencio).
- Manolo
Sánchez, pinchazo, estocada entera, aviso, descabello (saludos).
PInchazo, aviso, dos pinchazos, aviso, descabello (silencio y pitos).
- Jesús
Millán, estocada en su sitio (dos orejas). Estocada atravesada,
descabello (vuelta).
Entrada: lleno con huecos.
Presidente: Juan Murillo.
Banderilleros que saludaron: Roberto Bermejo y Jesús Arruga
en el sexto.
  
Padilla hizo el quite providencial de la
Feria salvándole la vida al que se iba a convertir en triunfador del
ciclo, el aragonés Jesús Millán
 
Jesús Millán sufrió otro peligroso
percance con el tercer miura...
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, ABC, Diario de Sevilla,
El Mundo
| LOS
PROTAGONISTAS |
Padilla
“No era de repetir
embestidas”
“El quinto no lo he visto como
la gente creía que era. El toro no era para repetir las
embestidas, había que sacarlos de uno en uno y con distancia.
Cuando lo hacía, quería cortar el viaje y meterse para
adentro. El toro ha aparentado más de lo que era. Me he
impuesto a él siempre”.
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Manolo
Sánchez
“Me he llevado el peor
lote”
“Mis dos toros han sido
totalmente a contraestilo. Me he llevado el peor lote con
diferencia, con respecto a los de mis compañeros. Mis toros han
salido complicados y tenían bastante peligro. Creo que he
estado muy dignamente con ellos. La verdad no he estado fino con
la espada”.
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Jesús Millán.
“Quiero ser figura del
toreo”
“Esto es entrar en Sevilla.
Estaba mentalizado para la Puerta de Principe o la enfermería y
he rozado ambas cosas.Las dos faenas, han sido muy emotivas y me
siento muy impresionado, con la afición. Nunca he vivido una
cosa así. Me he jugado la vida, quiero ser figura del toreo”.
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PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Jesús Millán, todo
un gesto para una consagración.
Lo que se ha hecho cuando parecía que nada había
que hacer. Y es que hoy se ha hecho lo último posible cuando parecía
imposible hacer nada. Nadie, ni el más optimista creía que los toros de
Zahariche iban a ser los protagonistas de la feria. La corrida de la
feria. El toro de la feria. Nunca es tarde si el toro llega y el toreo se
hace con la emoción de la entrega y la verdad.
En cualquier caso, hay mucho de esta feria para analizar, cambiar y
mejorar en las que han de venir. Recuperar la casta se hace necesario y
urgente. Para ello, habrá que repensar el futuro sin ceder a la tentación
del todo vale porque todo se vende. Nada ni nadie justifica tanto fracaso
continuado. Aunque hoy, cuando caía el telón, menos mal, resultara
estimulante comprobar que los miuras no eran tan miuras como lo pintan y
acudían a los engaños con la casta y el noble embestir del toro bravo.
No ha sido sólo uno, ni dos... Han sido cuatro los toros que han brindado
el triunfo a los que con firmeza y entrega sean capaces de solucionar las
complicaciones propias de la casta.
Sin duda, lo ocurrido esta tarde ha sido lo mejor, porque si se valoran
adecuadamente ambos comportamientos -toro y torero- muchos se han tenido
que dar cuenta que lo sucedido en La Maestranza tiene su importancia.
Todo un alarde de entrega, ambición, valor, raza, toreo... ha dado en
Sevilla un aragonés deseoso de abrir de par en par la ansiada Puerta del
Príncipe. A Jesús Millán sólo le ha faltado una pequeña dosis de
suerte para que por tan soñada bóveda en volandas saliera. Por una
simple cuestión de legalidad no abrió sus puertas. De todas formas, su
impresionante esfuerzo para conseguirlo se ha de destacar y admirar.
Millán no dudó ni un instante irse de nuevo a portagayola cuando en su
poder ya tenía las dos orejas del tercer miura. Se fue. Aguantó impávido
la salida del animalito -seiscientos cuarenta y cuatro kilos- salió
maltrecho y tuvo agallas para componer y trazar unas verónicas que
provocaron la pasión en los tendidos. Todo iba bien, hasta el tercio de
banderillas tuvo los honores de la música. Y Millán que se va a los
medios, cita en larga distancia y dibuja con la diestra muletazos ligados
que provocan el delirio en los que lo ven. Toreo, que sin ser brillante,
sorprende y emociona por la verdad, por la enorme vitalidad expresiva de
este torero que con su arrojo y valor consigue unos resultados excelentes.
Su fallo con la espada le privó del justo premio. Antes, con el bravo
tercero, dio toda una lección de auténtico valor. Cogido, destrozada la
taleguilla, con vaqueros blancos, trazó el recorrido vital del natural,
largo, muy largo... Mucho tino, después, en el enlace de cada pase, en
hacer y deshacer para estirar la embestida en los de pecho. La estocada a
ley certificó el justo triunfo
Pese a algunos aciertos parciales, Juan José Padilla dejó escapar esta
tarde un triunfo vital y necesario. No olvidará Padilla el lujoso pitón
izquierdo de un miura en La Maestranza. El de Jerez, pese a los buenos
naturales, citando de frente, nunca se confió con el noble quinto. Le
pesaba dejarle el engaño para enlazar los bien dibujados pases. Una
lastima. La falta de confianza le jugó una mala pasada. Mientras al buen
toro lo despedían con una ovación atronadora, a él le pitaban. Bien con
el segundo, otro toro válido ovacionado en el arrastre, le faltó entrega
y le faltó acople.
Manolo Sánchez, con los dos toros peores, poco demostró. Sus clásicas
formas no son, ni mucho menos, para lucirlas con estos toros. Técnico y
con algunas precauciones concluyó entre silencios.
Llegó el final. Y lo más importante: Hubo toros en el ruedo, y un aragonés
que vació esta tarde en La Maestranza toda su carga de toreo, valor y
raza. Todo un gesto para una consagración.
El País. ANTONIO
LORCA. Una gran miurada
Al final saltó la sorpresa. ¡Y de qué manera...! En contra de la
tradición de los últimos años, Miura ha alcanzado un triunfo legítimo
con una corrida de las que hacen afición. Toros muy bien presentados,
bravos en los caballos, que ofrecieron un juego variado y, en muchos
momentos, emocionantísimo. Tal es el caso del tercero, encastado y de
larga embestida, que permitió un triunfo muy emotivo de Jesús Millán.
Pero hubo tres toros más, segundo, quinto y sexto, especialmente los dos
últimos, muy nobles y codiciosos.
En suma, una gran miurada, que si no redime una feria hundida en la
miseria del toro bravo, permite albergar la esperanza ante el toro de
casta que ofrece peligro y emoción. La plaza así lo reconoció con
encendidas ovaciones en el arrastre y la petición de vuelta al ruedo para
el lote de Millán y el segundo de Padilla que el usía no concedió.
Por desgracia, sólo Jesús Millán estuvo a la altura de su encastado
primero, con una actuación valerosa y emocionante, propia de un torero de
arrojo y pundonor, que entusiasmó a los tendidos. Lo esperó de rodillas
en chiqueros y quedó a merced del toro, Después, en la muleta, lo volteó
al tercer muletazo y casi lo desnudó. No se asustó el torero, y aguantó
con valor estoico en tandas sin ajuste, pero muy espectaculares, por la
temperamental embestida de su oponente. Derechazos sentidos, una tanda de
naturales, un molinete, un primoroso cambio de manos, una estocada sin
puntillas, y la apoteosis. Recibió un pisotón del sexto cuando lo
esperaba también a porta gayola y quedó mermado de facultades.
Tenía abierta la Puerta del Príncipe, pero su faena al nobilísimo toro
no tuvo contenido ni ligazón. Una auténtica pena. Al menos, sonó la música
para su banderillero Roberto Bermejo.
Padilla tuvo toros de triunfo a los que banderilleó bien al violín y
toreó con todos los pecados de la modernidad. Algunos naturales largos en
el extraordinario quinto, pero sin ligazón. Sánchez, inédito y
precavido con el lote más soso.
Por la mañana, se celebró la tradicional corrida de rejones con toros
de Murube, mansos. Joao Moura, vuelta; Luis Valdenebro, palmas; Leonardo
Hernández, dos orejas; Hermoso de Mendoza, oreja; Andy Cartagena, oreja,
y José Luis Cañaveral, gran ovación.
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. Millán, a
golpe de corazón
Qué pasión! Por fin, rugía la Maestranza. Los
corazones, a tope. Un pequeño y menudo torero de Zaragoza, afincado y
criado taurinamente en la serranía madrileña, un diestro casi
desconocido para el gran público, se alzaba como triunfador de la tarde y
de la feria. Un diestro al que el año pasado no le salieron bien las
cosas en su presentación en Sevilla, ante cuadris. Jesús Millán rozó
la Puerta del Príncipe. Cortaba dos orejas a su primer miura y se le
esfumaba otro trofeo en el otro por el manejo de los aceros.
La plaza se convirtió en un manicomio en el tercer toro. Un miura cárdeno
y agresivo. Millán, muy decidido, se marchó frente a la puerta de
toriles. En la larga cambiada de rodillas perdió el capote. Tumbado, como
un soldado bombardeado, se quedó quieto a la espera de que el peligro
-unos pitones gigantescos- no le segara la vida. Como un milagro, Padilla
metió su capote y se llevó al toro. La ovación del público fue de órdago
y creció cuando Padilla y Millán se fundieron en un abrazo. El torero maño
no se anduvo con rodeos. Dibujó dos apretadas verónicas. El pavo de
Miura arreó en varas y en banderillas. Luego, sin probaturas, en las
afueras, Millán citó de largo con la derecha. En el tercer pase lo
prendió el astado de manera aparatosa. El diestro se levantó con la
taleguilla rota. En su lugar, le prestaron un vaquero de color blanco de
Padilla. Millán no se arredró. Todo lo contrario. Su menuda figura creció
en el mismo sitio donde había sido cogido. De nuevo, en el mismo terreno,
con la misma distancia, volvió a la carga. La música acompañó a una
faena vibrante e inteligente, de tandas cortas y muy emotivas. Una faena
en la que no faltaron pinceladas de pinturería, como una bella
trincherilla o un deslumbrante cambio de mano. Agarró una estocada por
arriba, certera y definitiva, con la misma contundencia con las que agarró
las dos orejas, que no soltó hasta el final de la clamorosa vuelta al
ruedo. Una vuelta al ruedo en la que se le saltaron las lágrimas.
En el que cerró plaza apostó de nuevo a lo grande. Portagayola. El toro
le pisó el tobillo izquierdo. A partir de ese instante, acusó la merma física,
una rotura de ligamentos. Con coraje se fue a los medios. Con la diestra
esbozó una tanda emocionante. Otra entonada. Y otra bella que rubricó
con una pase de pecho y un inspirado molinete. Tal como estaba el público,
tenía la Puerta del Príncipe al alcance. Pero el toro no cayó tras una
media estocada. Y al marrar con el verduguillo, no hubo nuevo trofeo. Pero
el público, henchido después de una feria mediocre, acompañó con el
corazón al torero en una salida triunfal a hombros por la puerta de
cuadrillas.
La miurada conjugó seriedad y nobleza, con cuatro toros por encima de los
seiscientos kilos, cuajados, de diferentes hechuras y juego.
Manolo Sánchez trasteó en las rayas al flojo primero que, mirón, se
defendió. Al paradote cuarto lo finiquitó sin apurarle, marrando con los
aceros.
Juan José Padilla cosechó las mayores ovaciones con las banderillas,
especialmente en los pares al violín. Con el tercero, labor pundonorosa
en las afueras, a la que le faltó un hervor. Y apuros. Tras una estocada,
el toro, andarín, dio una vuelta completa al ruedo, barbeando tablas, sin
que pudieran pararlo. En medio de la desesperación, Padilla acertó en el
primer golpe de descabello cuando ya había sonado un aviso.
En el quinto fue muy protestado por el público, cuando en las afueras
rectificó su colocación una y otra vez en una faena de unipases, en la
que le faltó la ligazón. Desacertado con los aceros, escuchó dos
avisos.
Pasión. Ardor. Bemoles. Triunfo de Millán, con cabeza, pero muy a golpe
de corazón. Dos cogidas, dos milagros. Millán-miuras, de infarto.

El Mundo. JAVIER
VILLÁN. Gloria y
pasión de un héroe: Jesús Millán
Qué inalcanzable y lejanísima es la Puerta del Príncipe; qué herméticamente
cerrada con siete llaves. Ayer Jesús Millán estaba ya en esos míticos
umbrales cuando una terrenal cojera, producto de un pisotón del toro, le
arrojó de ese cielo; cojera y un desordenado espadazo.
Así pues, el triunfador de la miurada, levantó los ánimos de unos
aficionados deprimidos por una feria infame. Juan José Padilla fue el
director ideal de lidia que necesitaba una corrida tan conflictiva. Pudo
haber sido también triunfador de no matar tan mal y, sobre todo, de haber
aprovechado las virtudes y la casta del quinto miura que tenía un
excelente pitón izquierdo. Padilla dio los naturales de uno en uno,
mientras los aficionados le exigían ligarlos. Puede que viera en ese pitón
izquierdo problemas que la gente no vio.
Para Jesús Millán, por otra parte, el jerezano fue un santo
protector, san Juan José Padilla, en un quite milagroso que el maño
radicado en los campos colmenareños le agradeció con un abrazo
conmovido.A Padilla las machadas ante los miuras le han dado vida y
fortuna y alguna vez amenaza de muerte. Por eso los entiende mejor y está
ante ellos con una determinación de la que siempre sale algo: la
reprobación o la complacencia del público, nunca la indiferencia. Ayer
salió la complacencia en el segundo, al torear por naturales. El miura
empezó un largo viaje hacia la muerte al hilo de las tablas y Padilla
tuvo que cazarlo al paso con el descabello. Su gran oportunidad de tocar
pelo, de alcanzar la gloria de los trofeos, se le fue definitivamente en
el quinto, tan toreable que no parecía miura.
La tarde, pues, se convirtió en la exaltación, pasión, gloria e
infortunio de Jesús Millán que dejó en La Maestranza una estela de
torero heroico. Mientras daba la vuelta al ruedo con dos orejas en la mano
Jesús Millán, por la indumentaria, parecía una extraña mezcla de
picador y de albañil: chaquetilla de oro y pantalón blanco del andamio.
La taleguilla se la había quedado un miura enrazado que se pasó la tarde
pegándole palizas sin consideración ni respeto a Jesús Millán, hasta
que éste impuso la autoridad de su muleta.
Ese disfraz, obligado y de ocasión, era todo lo contrario de los
ornamentos rituales del arte sacro de torear; mas la cara y todo el cuerpo
del torero maño despedía tal sensación de felicidad y torería, que ese
pantalón de pintor de brocha gorda parecía la más hermosa y torera
taleguilla del mundo entero. La taleguilla destrozada y sin remiendo
posible se la quedó el miura; mas Jesús Millán se quedó con dos orejas
de oro que ya nadie podrá arrebatarle.
La clave del triunfo
Millán se fue a portagayola y ésa fue la primera temeridad: portón
de toriles de La Maestranza por el que caben dos aves, miura y torero de
rodillas en la raya, revolcón seguro. Repuesto del atropello, Millán dio
tres verónicas excelentes. Vino después criminal arreón y el milagro,
ya citado, de Juan José Padilla, metiendo un capote salvador, lance que
le obligó a tirarse de cabeza al callejón. Ahí estuvo la clave del
triunfo de Millán, basado sobre todo en su firmeza de ánimos y en la
seguridad de su muleta. Era glorioso verlo, dentro de su calvario, tomar
de lejos al miura y apropiárselo con redondos mandones y ligados.A la
segunda serie, el miura le cazó y Millán se quedó con las vergüenzas
al aire. No perdió el ánimo y siguió mandando, por la derecha y en una
tanda de naturales.
El verdadero calvario lo sufrió Millán en el sexto. Volvió a irse a
portagayola y volvió a salir revolcado, esta vez con un tobillo
destrozado. Apenas podía andar; y, pese a todo, con sitio y temple, dictó
series de naturales y de redondos que abrochaba con airosos molinetes.
Cojeando y, con las peores profecías en la mente de todos, entró a
matar. Mal: no podía ser de otra manera.Minutos antes la gloria había
sonreído a Bermejo (¿o fue Arruga?), cumbre en banderillas. A Manolo Sánchez,
un estilista obligado a tragos duros, le tocó bailar con la más fea;
mejor eso que nada. Triunfo lejísimo de Millán. Pero que nadie se engañe:
una tarde heroica no redime una Feria infame, cuya vulgaridad tardará años,
es de esperar, en repetirse.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Los
miuras y Millán desatan la emotividad contenida
Si todas las tardes saliesen toros tan
encastados como los miuras de ayer y toreros tan dispuestos como Jesús
Millán no navegaríamos por las aguas del pesimismo ni andaríamos en
ridículas batallitas ni en chuminadas de patio de corrala.
Los hijos de don Eduardo trajeron una corrida hermosa, sólo salpicada
por las mermas físicas del primero. Y además se movió mucho y bien, por
raro que suene. Una locomotora a revientacalderas fue el imponente
tercero, que embestía con todo y con una fijeza y una importancia
extraordinarias; más descolgado y pacífico, el quinto, con un pitón
izquierdo de almíbar; y bueno también el sexto, sin olvidar, aunque en
menor medida, el segundo. Total: la corrida de la Feria.
En este domingo de adiós a Sevilla estalló toda la emotividad
contenida y frustrada durante días y días. Desde que Millán se postró
a portagayola y el miura se le frenó delante. Cuerpo a tierra y Juan
José Padilla al quite, al quite de la Feria. Muchas cosas se resolvieron
ayer: el tercio de banderillas de Roberto Bermejo y Jesús Arruga al sexto
fue también el de la Feria. El toro se arrancaba como un obús, pero con
objetivos nobles. Se dobló Millán, muleta en mano, y marchó a los
medios. De lejos citó. Uno, dos y en el tercero se descubrió. La brutal
voltereta le dejó en pelota picada, rasgada la taleguilla en cien
pedazos. El hombre se preocupó más de taparse las vergüenzas que de
registrarse la anatomía en busca de la cornada. Un pantalón vaquero, que
antiguamente se hacía con uno de monosabio o arenero, le prestó Padilla,
que estuvo a todas, menos luego a lo suyo. Siguió sobre la diestra (una
serie), el toro como un tren, el torero valeroso; la izquierda ligera y
otra vez la derecha y el de pecho. Faena concentrada y condensada, con la
duda de saber cómo hubiese reventado si le baja más la mano y le traga
un pelín más. La transmisión del miura, el volteretón y la
disposición del torero y las jornadas de ayuno y desgracias desataron la
emoción y una pañolada desbocada que acarreó las dos orejas.
La Puerta del Príncipe entreabierta, y el sexto que embestía. En la
portagayola un pisotón casi le manda a la enfermería. Millán cojeaba
(rotura de ligamentos, decía el parte), pero la miel estaba ahí, en los
pitones obedientes. Los lances volaron con buen aire y la primera tanda de
derechazos presagiaba la gloria. La faena perdió tono desde entonces al
vaciar los viajes por arriba. Aun así, toda la voluntad del maño se
sumaba a todas las ganas de la parroquia para que no se fuese otra Feria
con el cerrojo sin correr. Si no se demora en el descabello, hubiese
contemplado el Guadalquivir desde las alturas.
Miurada enorme, para hablar y repasar durante tiempo. Pocas líneas
conlleva el análisis de Manolo Sánchez con el peor lote -aunque a estas
corridas o se viene a por todas o mejor quedarse en casa-; Padilla
naufragó con un quinto de nota y se hundió en picado en una actuación
insuficiente.
La tarde no borra, sin embargo, una mala Feria. En el plano ganadero y,
ojo, en el de los toreros. Que si a ese puñado de toros de dos orejas que
han saltado al albero maestrante se las hubiesen cortado, otro gallo
cantaría. Si, como pretenden algunos, dinamitando la vía del AVE se
solucionasen todas las lacras taurinas de la Maestranza, yo firmaba. No
parece el caso. En Sevilla existen aficionados cabales que saben
perfectamente que el mal no viene de fuera, aunque ese mal se extienda por
las entrañas de la Fiesta.
Otras
corridas de la feria
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