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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Mañana del domingo, 29 de abril de 2007
Corrida de rejones
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Murube
(bien presentados, con juego).
Caballeros:
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LO
MEJOR Y LO PEOR
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Por Carlos
Javier Trejo
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Lo mejor de la matinal de rejones, a mi juicio, ha sido el palco. Intentando mantener la categoría de la plaza y en día complejo, de público con ganas de divertirse y de conceder orejas hasta a los alguaciles. Empezaron pidiendo la oreja para Antonio Domecq, al que le correspondió el mejor toro del encierro de Murube, colaborador y galopando hasta el final, pero al que dio una lidia pésima, pasando en falso, fallando al clavar, etc. Después de ver la maestro Hermoso de Mendoza lo que hemos presenciado esta mañana no merece más comentarios. El más entonado ha sido el joven Leonardo Hernández, muy templado, con arrojo y demostrando que tiene cualidades para ser alguien en esto. |
Lo que más me ha molestado de los caballeros rejoneadores es la manera de descararse con el público, de llamar la atención de los tendidos a base de descaros y ademanes de cara la galería. Hay que cortar las orejas haciendo las cosas bien, toreando, sin que lo toros toquen las cabalgaduras. Toda la mañana los astados han llegado a las grupas repetidamente, por suerte, no hay que lamentar ninguna cornada, pero no creo ortodoxo a haya que someter a los caballos a tanto riesgo. Algo que no me gustó fue la música, está bien que pare de tocar en los cambios de cabalgaduras, pero que siga tocando durante el tercio completo de banderillas…creo que siempre fue así, o dice algo de esto el nuevo reglamento…
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Crónicas de la Prensa
El
País. ANTONIO
LORCA. Bronceado natural
Fue una mañana de sol agobiante, como todos los años; aunque sin moscas, eso sí. El público, que llenó la Maestranza hasta la bandera, se divirtió porque no es nada exigente, y está más pendiente de las cabriolas de los caballos, el sombrero, el agua fresca y del de los helados que de la actuación de los caballeros.
No fue una mañana de buen toreo a caballo. El número de orejas -sólo dos- es un dato suficientemente ilustrativo. ¡Cuánto de poco bueno habría para que sólo dos rejoneadores pasearan un trofeo...! Pero así está, también, el rejoneo, donde brilla un caballero navarro y los demás intentan seguirle a una distancia abismal. Total, que la mañana sirvió, sobre todo, para coger un buen bronceado antes de rematar la comida en el real de la feria.
Lo mejor corrió a cargo de Andy Cartagena y el joven Leonardo Hernández. El primero brilló a gran altura con las banderillas, que clavó con temple y armonía a lomos de un caballo torero, y entusiasmó con la moderna suerte del violín. Mató de un rejón en el costado -práctica habitual en el escalafón- y el triunfo se diluyó. Hernández demostró una positiva evolución, y destacó al realizar de manera ortodoxa el tercio de banderillas, en corto y de frente, antes de fallar con el rejón de muerte.
Los otros cuatro alternaron momentos brillantes con bisutería impropia de caballeros rejoneadores. Antonio Domecq, por ejemplo, demostró veteranía y temple, pasó en falso y erró en varias ocasiones, lo que no le impidió darse una vuelta al ruedo que nadie solicitó. ¡A estas alturas, señor Domecq, semejante indignidad...! Un inválido le tocó en suerte a Martín Burgos, y se ganó al respetable con las banderillas largas y cortas y la rosa clavadas a la suerte del violín.
El portugués Rui Fernández protagonizó una vistosa actuación ante un toro rajado. Su problema fue que siempre clavó a la grupa, y su labor careció de emoción. Y Sergio Galán es un rejoneador espectacular, pero unas veces pasó en falso, y en otras se dejó tropezar los caballos en exceso.
Total, que la mañana no dio para mucho más que un buen bronceado, y para constatar que el rejoneo, hoy por hoy, es patrimonio de un caballero, uno solo, seguido a gran distancia por todos los demás.
EFE. JUAN MIGUEL NÚÑEZ.
Calidad en los seis
Entretenido festejo. Por fin han desaparecido de la clásica de la especialidad los "enchufados" que han estado tantos años toreando prácticamente sólo esta corrida, haciéndola insufrible.
Seis toros para seis rejoneadores quizás no sea una buena proporción teniendo en cuenta la calidad de los actuantes. Los seis merecían la doble oportunidad que significa actuar en terna.
Antonio Domecq cumplió una brillante actuación, entre los dos estilos, de arrebato y clasicismo. Muy auténtico su galope en corto y templado para parar y fijar al toro de salida. Sus quiebros, limpios y ajustados, y los dos pares de banderillas a dos manos, también de clamor. Merecía de sobra el trofeo, pero el presidente se dejó llevar quizás por la impresión del vómito tras el rejón final.
Rui Fernandes estropeó al matar una entonada actuación, quizás algo rápido y demasiado abierto en los quiebros. Pero lo hizo todo con suma limpieza.
Martín Burgos cuajó una faena de menos a más, que alcanzó su cenit en las banderillas, largas y cortas, al violín.
Cartagena, el más completo en todo, apoyándose en el valor y la torería de una muy equilibrada cuadra. La elasticidad de sus caballos, su maestría montándolos, una perfecta sincronización reflejada en los encuentros con el toro, en los medios y de frente, y certero al clavar siempre al estribo. Le pidieron con fuerza la segunda oreja, aunque el presidente le dio sólo una.
Galán, el más sobrio y clásico, el más puro en definitiva, con el toro menos propicio del conjunto -tardo y remiso en las embestidas-, firmó una actuación de gran valor, obligándose a si mismo y a sus cabalgaduras a "meterse" materialmente encima del astado. Apasionante torería a caballo. Le faltó sólo contundencia al matar.
Y el jovencísimo Leonardo Hernández, perdió también el trofeo en la suerte suprema tras una faena alegre y sincera, atacando de frente y saliendo con espectaculares piruetas. Quiebros y violines fueron también su fuerte.
Una mañana, en fin, divertida, de rejoneo bueno. Aunque faltaron más orejas de reconocimiento.
Otros
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