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PLAZA DE TOROS DE MORON DE
LA FRONTERA
Tarde del sábado, 10 de marzo de 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa

Entrada de una corrida histórica
FICHA TÉCNICA
Ganadería: toros de Joaquín
Núñez del Cuvillo, dignamente presentados. Nobles y justos de
fuerzas los tres primeros. El cuarto tuvo mayor movilidad. El quinto fue
el único complicado, ‘rebañando’ y ‘venciéndose’ para los
adentros. Noblón y manejable el último.
Diestros:
Entrada: inauguración del nuevo coso ‘Manuel
Morilla’, construido por el conocido apoderado en su propia localidad. Plaza
llena de ‘No hay billetes’.
Crónicas de la prensa: El
Pais, ABC, El Mundo, PortalTaurino.
PortalTaurino. FRANCISCO
MATEOS. Toda una fiesta para el toreo. Benítez, Ponce y
El Juli salieron a hombros en la primera corrida del nuevo coso ‘Manuel
Morilla’
Eran emociones nunca conocidas. Jamás había
tenido la oportunidad, bendita oportunidad, de asistir a la inauguración
de una nueva plaza de toros. Jamás nunca he tenido la oportunidad de ver
torear a Manuel Benítez ‘El Cordobés’, salvo varios tentaderos en el
campo; pero nunca vestido de luces... y jamás nunca vi a un taurino tan
emocionado como a Manuel Morilla. Era su día.
Hace más de un mes, en
una entrevista, ya se emocionaba al hablar de la plaza que estaba
construyendo. Ayer era la materialización de su sueño. ¡Ya quisiera yo
ver cumplido mi sueño, algo que sólo lo logran los elegidos, y Morilla
ha sido uno de ellos! Emoción en la misa de la mañana, concelebrada por
el popularísimo padre Leonardo, el cura de los toreros, en la misma plaza
de toros. Lágrimas al descubrir el nombre de la plaza –Manuel Morilla–
en la imponente puerta grande del coso, acompañado el promotor de la
plaza de toda su familia, las autoridades y... y sus amigos.
Morilla parecía un novio
en el almuerzo, con más de doscientos invitados, de mesa en mesa
disfrutando, saboreando, satisfecho,... sólo le faltaba ir entregando el
clásico puro. Y las emociones siguieron durante la corrida, cuando rompió
a andar ese primer paseíllo en la plaza de toros ‘Manuel Morilla’ de
su Morón. Palabras sinceras y emotivas en los brindis que le dedicaron
Benítez y Ponce. Y satisfacción plena en su, aunque algo accidentada,
salida por la puerta grande en compañía de los tres toreros.
Porque los tres toreros
salieron a hombros, al margen de las orejas, que en día tan especial eran
lo de menos. Una nueva plaza, por la gracia y obra de Manuel Morilla,
llegaba al toreo, una nueva plaza para Andalucía y para un pueblo, Morón.
Todos de fiesta, todos contentos.
Benítez, desahogado
El cartel, de auténtico
lujo. Morilla había engatusado a Manuel Benítez ‘El Cordobés’ para
que reapareciera para el histórico evento. El mítico torero de Palma del
Río estuvo fácil y desahogado en sus dos astados de Cuvillo, el primero
sin fuerzas pero noble y el cuarto, al que no le hubiera venido mal un
segundo picotacito, con mayor movilidad. Las dos faenas fueron similares,
alternando la derecha y la izquierda en tandas cortas de muletazos.
Dosificó bien sus astados y, en ciertos momentos, corrió la mano con
gusto, metió el pecho y alargó el brazo. Los finales de faena fueron
marca de la casa, con adornos variopintos y hasta un más relajado salto
de la rana. No pasó agobios en ningún momento y, aunque su tiempo ya pasó,
algunos, gracias al día de ayer, podremos decir que vimos al Benítez
torear en una plaza.
Enrique Ponce estuvo
resolutivo en los dos toros de su lote, como cabe esperar en el torero
referencia de la década de los noventa. Si su primero le dejó estar con
cierto gusto, sobre todo de mitad de faena hacia adelante, logrando temple
y armonía, aunque sólo por el pitón izquierdo, su segundo –el quinto
de la tarde– fue el único que no se dejó de la corrida de Cuvillo. Se
lo había brindado a Benítez, pero no pudo corresponder a la dedicatoria
con un animal que rebañaba para los adentros, se quedaba a mitad de faena
y buscaba constantemente al torero.
Y cerraba cartel El Juli.
Con un buen lote, el torero sumó una y una, que son dos, y a salir por la
puerta grande. Esto es, variado con el capote, vibrante con las
banderillas y fácil con la muleta. Pero falto de chispa, de frescura,...
de algo más. La faena del sexto tuvo, quizá, más mérito, porque ayudó
al toro a que embistiera y supo alargarle las arrancadas. Así, un toro
que era algo remiso a rematar los muletazos, acabó noblón en la franela
del madrileño.
Y así acabó esta primera
corrida de toros en Morón, con los tres toreros a hombros y un hombre
feliz acompañándoles, Manuel Morilla.
El País. ANTONIO
LORCA. El sueño de un taurino
Manuel Morilla es un taurino de trayectoria muy respetable. Es un
trabajador incansable y un luchador contra la adversidad de un grave
accidente de tráfico que, hace años, le dejó mermado de facultades.
Apoderado de toreros, fue el descubridor de Jesulín de Ubrique, quien le
debe una gran parte de su exitosa trayectoria.
Morilla nació en la localidad sevillana de Morón de la Frontera, y
siendo aún un niño, dice él, ya tenía el sueño de construir una plaza
de toros en su pueblo. Han pasado algunos años, ha ganado dinero y
asegura haber invertido alrededor de 250 millones de pesetas en una
flamante plaza de toros con capacidad para cinco mil personas que ayer
quedó inaugurada con un acto religioso por la mañana y una caricatura de
corrida por la tarde. ¡Hay que tener valor para costear una plaza de
toros con los tiempos que corren! Pero Morilla es un taurino romántico
que ayer vivió un día inolvidable y sus paisanos le reconocieron el
gesto con una ovación de gala.
Pero el dueño de la plaza es también un empresario moderno y
confeccionó un cartel moderno donde los haya: una de las ganaderías más
comerciales del momento, un torero antiguo con ganas de broma, y dos jóvenes
figuras del escalafón actual. Lo mejor, sin duda, los toros. Los tres
primeros, chicos, y mejor presentados lo demás. Todos flojos, pero
cumplieron en el caballo, y todos, a excepción del quinto, embistieron
mil veces con nobleza y dulzura. Pero no hubo espectáculo porque los
toreros no estuvieron a la altura de las circunstancias.
Si alguien tenía alguna duda sobre el mal momento que vive el toreo,
llega El Cordobés y lo inunda todo de vulgaridad. Es verdad que está a
punto de cumplir 65 años, pero no ha perdido ni un ápice de sus defectos
capitales. Su primero se cayó en la puerta de toriles (mal presagio), lo
pasó a la verónica con la figura forzadamente erguida y perdió el
capote al tiempo que el animal se tambaleaba. Hizo un quite por algo
parecido a la chicuelina y comenzó una faena en la que predominaron los
enganches, el toreo hacia fuera y el movimiento de piernas. El cuarto salió
con mucha codicia y lo puso en serios apuros en el primer tercio. La
verdad es que estuvo a merced de sus dos oponentes, dio muchos pases, pero
no emocionó nunca, ni siquiera cuando intentó el salto de la rana que se
ha quedado ya en renacuajo. Su carrera merece un respeto, pero el primero
que debe respetarla es él mismo.
Enrique Ponce consiguió dos buenos naturales, largos y con mando, y el
público reaccionó como una sola persona. ¡Porque la gente no es tonta!
La gente se cae de buena cuando se aburre con el toreo ventajista, fuera
de sitio, rápido y vulgar y calla en silencio por un respeto mal
entendido. Ponce no dijo nada en su noble primero y no arriesgó un alamar
en el complicado quinto.
Y El Juli puso banderillas con las facultades propias de su edad, dio
pases para dar y regalar y la emoción no se hizo presente. Su toreo no
pasó de anodino, y los de Morón se aburrían. Julián, que es listo, se
puso de rodillas y una manoletina y otra y otra, y cortó la oreja a su
primero. El sexto era encastado y embestía con codicia. El Juli lo toreó
a velocidad de vértigo y pasó fatigas hasta que se decidió a matarlo
con una falta de puntería que ya había demostrado en su primero.
ABC. MR.
El Cordobés, fiel a lo que fue, formó un alboroto junto a Ponce
y El Juli en la inauguración de la plaza de Morón
Está claro que los años pasan por el almanaque, pero las muñecas
siguen intactas. Aquellas que hicieron que el toreo se pusiese a sus pies
y le convirtieran en un mito. Aquellas muñecas siguen siendo las mismas
en Manuel Benítez. El Cordobés en los carteles desde que dejó aquel
apodo de El Renco, cuando le dio por tirarse de espontáneo en Las Ventas
e iba «aprendiendo a morir» por cada finca o plaza de pueblo.
Han pasado muchos años y el flequillo ya no es tampoco el mismo. Pero
sigue poseyendo ese carisma tan difícil hoy en día que le encumbró y
que, cuarenta años después, sigue conservando. Vino a Morón de la
Frontera porque se lo prometió a su amigo Manuel Morilla. Inauguró la
plaza y la puso bocabajo. Han pasado los años, pero Manuel Benítez sigue
siendo El Cordobés.
MISA
Acontecimiento grande en Morón. Plaza preciosa que echó a andar con
un cartelazo de lujo. Antes, por la mañana, misa para bendecir las
instalaciones del coso «Manuel Morilla», que así se llama porque ha
sido este hombre el que ha hecho posible el sueño.
El padre Leonardo del Castillo —¿quién si no?— concelebró con el
párroco de Morón, Justo Rodríguez, y José Leal, misionero peruano.
LA RANA CON TEMPLE
Se abrió de capa El Cordobés y fue un ciclón. Estuvo a su aire, esto
es, a gusto. Las mismas formas y esa muñeca prodigiosa. Comienzo de faena
a su primero con dos vueltas sobre sí mismo para, siempre ganando
terreno, irse hasta los medios con su enemigo y dejarle ese pase de
desprecio que lleva su firma. Toreo sobre ambas manos en sus dos toros y
luego, en cada uno de ellos, su sello personal: cabezazos al toro,
desplantes de rodillas y de espaldas e incluso el salto de la rana. El
mismo de siempre pero incluso más templado.
Los años no pasan en balde, pero El Cordobés sigue ofreciendo lo que
siempre ha querido ver la gente.
Enrique Ponce anduvo ante su primero pulcro y seguro, toreando con
limpieza y dejando su impronta de torero técnico. Mejoró en las dos
segundas tandas y cuajó muletazos de calidad.
Tuvo, en el quinto, el toro peor de la tarde por peligroso. Ponce
estuvo dominador e incluso llegó a meterlo en la canasta en algunos
momentos, sobre todo con la izquierda, pero había peligro en las
embestidas del «cuvillo».
Otro ciclón fue El Juli, que recibió a su primero con dos largas
cambiadas. Variado como siempre en los quites, estuvo animoso
banderilleando y calentó a los tendidos con una faena en la que puso todo
de su parte.
Mejor con los rehiletes en el último de la tarde, sobre todo un par
desde dentro y otro que inició sentado en el estribo, de poder a
poder.Faena basada en la mano diestra, ya que por el pitón izquierdo no
iba demasiado el toro. Pero también dejó su impronta el madrileño.
El Mundo.
CARLOS CRIVELL. El Cordobés vuelve a los ruedos
La fiesta de los toros cuenta con una nueva plaza en la localidad
sevillana de Morón de la Frontera. Es una gran obra que se ha hecho
realidad gracias al impulso de Manolo Morilla, que ha regalado a su pueblo
un edificio modélico.
Fue la buena noticia de una jornada llena de emociones. Desde muy
temprano, las calles de Morón vivieron un ambiente festivo, apropiado a
la solemnidad del acontecimiento. El padre Leonardo bendijo las
instalaciones por la mañana. A la hora del comienzo, cinco de la tarde,
las nubes se retiraron para dar más brillo a la corrida.
Los que pensaron que a coso nuevo, toreo nuevo, sufrieron una profunda
decepción. Ni toreo nuevo ni viejo, simplemente rancio. Una tauromaquia
caduca, porque eso fue lo que exhibieron los espadas sobre el ruedo.
Se salvó El Juli en el sexto, un toro encastado al que el joven
diestro entendió en una labor de mucha técnica no bien entendida por la
masa. El de Cuvillo tenía raza, en algún momento pareció violento. El
Juli pisó el sitio, adelantó la muleta y logró pases poco llamativos,
pero de alta intensidad torera. Antes, en sus dos toros, había cuajado
dos tercios de banderillas poderosos, en los que dio un curso de
inteligencia. El tercer par del toro tercero fue prodigioso.
A ese mismo toro, en contra, le hizo una faena apañadita sin más.
Muchos pases a un toro noble, algunos muy rápidos, como si estuviera
cumpliendo un trámite. Dado que no había vibración, El Juli se hincó
de rodillas para buscar los trofeos.
El resto de la corrida, marcada por el tiunfalismo de una tarde de
inauguración, tiene menos historia taurina. El Cordobés tapó su
incapacidad con algunos chispazos de su personalidad. Enrique Ponce fue la
máquina de dar pases sin alma.
El interés de ver al viejo Cordobés se agotó al recibir al primero
de capa. El desarme fue patético, porque ponía en evidencia a un torero
sin recursos. El cielo es generoso y le obsequió con los toros más
claros de la tarde.
Su personalidad sigue ahí, como se apreció en la forma de girar las
muñecas y en los gestos, pero poco más. Los saltos de la rana fueron un
vago recuerdo del pasado. El tiempo no perdona a nadie. Con dos toros tan
bondadosos, fue incapaz de matarlos como es debido. Su presencia ayer se
antoja puramente testimonial.
Ponce abusó del excelente segundo, burraco noble y justo de fuerzas,
al que aburrió en mil pases. El levantino, buen torero, intercaló entre
tanta cantidad alguno que otro de mucha calidad. El de Cuvillo, agotado
ante tan tozudo torero, acabó rajado. Ponce, sin embargo, lo mató de una
buena estocada.
El quinto fue el malo de la tarde. Por el derecho no se dejó dar ni un
pase; por el izquierdo parecía que Ponce lo metería en la muleta. No
ocurrió así, sino que cortó la faena y a matarlo pronto.
Al final de una corrida amable, marcada por la feliz noticia de una
inauguración, cuando los tres espadas se iban a hombros, un aficionado
cayó en recordar que la tarde merecía otro cartel. No le faltaba razón. |
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