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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE VALLADOLID
Tarde del viernes, 12 de septiembre del 2003
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Valdefresno,
buenos y nobles en general.
Diestros:
Entrada: casi lleno.
Crónicas de la prensa:
El País
El País.
TOMAS CANO. El toreo de Luguillano
Con la marcha de los idolatrados, la plaza regresó a la normalidad.
Media entrada, medio toro, media exposición. La mediocridad. En ésas estábamos
cuando a David Luguillano le dio por ponerse a torear. Al diestro
vallisoletano el santo que abrió la tarde se le fue entre desconfianzas,
iras, vueltas y paseos. En el otro volvió a ser el torero de la rota
figura, crispado, retorcido. A veces de frente y otras perfilado fue
dejando por ambos pitones el pellizco-duende de su personalísima concepción
del toreo, entregado y con fe hizo vibrar a los tendidos.
Manuel Caballero se presentó de incógnito en el último tercio de su
primero. Tras nueve minutos de trapazos ventajistas le concedieron premio.
En el otro, faena técnica. Tan técnica como fría. Nada que reprochar,
sencillamente, que no existió alma, espíritu, ganas de brillar a más
altura.
El Cordobés, con su actuación, demostró ser el cañí más simpático
del escalafón. Torear no toreó. Tampoco se lo exigieron. El desenfado,
la sonrisa y los trapazos a la carrera son su crédito. Tiene su público.
No se vaya a creer.
Con el regusto del arte de David Luguillano, los aficionados se fueron
para casa frotándose las manos ante la espera del plato fuerte que se
presenta mañana: los vitorinos. Que la fe del aficionado no se vea
maltratada.
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